Pero, ¿dónde están los extraterrestres?
por David Quintero

Pues eso, que dónde están, al menos en el campo de la ciencia-ficción, el terreno que se supone abonado para ellos. Por extraterrestres me refiero sobre todo a criaturas inteligentes, aunque también valdrían microorganismos. Encontrar tan solo estos últimos ya sería poco menos que el descubrimiento del milenio.

El caso es que desde hace algún tiempo me da en la nariz que los extraterrestres están de capa caída. Que se les ve muy poco por los mundillos «cienciaficcioneros». Solo hay que consultar la lista de novelas ganadoras del premio Hugo en los últimos veintidós años. Reconozco que no las he leído todas, bien porque no he podido o porque no todas me interesan, pero haciendo un poco de investigación de campo es fácil saber de qué va cada una de ellas. Podemos entonces preguntarnos: ¿cuántas tratan sobre la vida extraterrestre de manera explícita, es decir, en cuántas de ellas los extraterrestres juegan un papel fundamental en la trama? Para ello no basta con hacer que el libro tenga una ambientación extravagante, sino que los alienígenas como tales deben ser explorados, no valen meras versiones antropomorfas. La novela puede ser el típico «primer contacto» o puede asumir una larga coexistencia con los seres humanos. Puede incluso prescindir de nosotros y nuestro planeta, pero en cualquier caso hay que tratar de describir mundos, criaturas y sociedades verdaderamente extraterrestres: deben ser historias que al leerlas nos hagan pensar sobre los extraños —y por qué no— a veces comunes derroteros que la vida toma.

Creo que ha quedado más o menos claro. Esto dejaría fuera la saga sobre Miles Vorkosigan, de Lois McMaster Bujold (que reconozco que no he leído y me apetece hacerlo, pero que mi investigación de campo, esa de que hablaba antes, me lleva a concluir que no cumple estrictamente los criterios mencionados). Así pues, ¿cuáles valdrían?

Bueno, veamos, estamos en el año 2012... hay que retroceder hasta el 2006 para encontrarnos SPIN, de Robert C. Wilson, una novela más que interesante, muy bien escrita y que sin duda recomiendo; aunque es la primera de una trilogía se puede decir que en gran parte es autoconclusiva. Pues bien, en ella los extraterrestres aparecen... bueno, no quiero revelar demasiado, pero digamos que lo hacen de una forma más bien tangencial. Siendo estrictos casi podríamos decir que no aparecen siquiera. Pero vamos a ponernos en el mejor de los casos y a incluirla en la lista, aunque quizá, como a las de Lois McMaster Bujold, debería dejarla fuera... Además de SPIN, ¿qué otras encontramos? Corregidme si me equivoco, pero las otras únicas tres novelas ganadoras del premio Hugo hasta 1990 en las que los extraterrestres jueguen un papel principal serían HYPERION, de Dan Simmons y UN ABISMO EN EL CIELO y UN FUEGO SOBRE EL ABISMO, ambas de Vernor Vinge.

Recapitulando, que en veintidós años solo cuatro novelas que han ganado el que posiblemente sea el galardón más importante de la ciencia-ficción han incluido, con los criterios antes expuestos, a los extraterrestres. De esas cuatro, dos están escritas por el mismo autor y a otra de ellas la hemos incluido casi de favor.

Un magro porcentaje, sobre todo cuando se compara con los veinte años que mediaron entre 1970 y 1989 (ambos inclusive). Allí encontramos, que sigan mi criterio: PÓRTICO, MUNDO ANILLO, CITA CON RAMA, LOS PROPIOS DIOSES, A VUESTROS CUERPOS DISPERSOS (vale, esta es discutible, lo sé), LA REBELIÓN DE LOS PUPILOS, LA VOZ DE LOS MUERTOS, EL JUEGO DE ENDER, MAREA ESTELAR, LA REINA DE LA NIEVE, LOS LÍMITES DE LA FUNDACIÓN o LA MANO IZQUIERDA DE LA OSCURIDAD. Creo que no me dejo ninguna. Me parece que se entiende lo que quiero decir: los extraterrestres se desvanecen de la ciencia-ficción.

Por supuesto, soy consciente de que esto es solo una mera muestra, que habría que analizar más premios (aunque ya aviso que en el Nebula pasa algo parecido), que habría que luego tirar de las historias cortas (los cuentos y lo que en el mercado anglosajón se llaman novellas y novelettes), que no todas las he leído y que mi criterio puede discutirse... sí, sin duda, pero bueno, esto es un artículo de opinión, no una tesis doctoral, y creo que lo que quiero expresar se entiende con los datos que he aportado.

Y es especialmente un magro porcentaje si tenemos en cuenta que la existencia de vida extraterrestre no solo es un clásico de la ciencia-ficción desde sus orígenes (uno de los dos o tres paradigmas más importantes, en realidad) sino que además se está dejando de lado el explorar el que se convertiría en uno de los descubrimientos científicos más trascendentales de la historia de la humanidad. Seamos sinceros, la existencia de vida extraterrestre tendría mucho más impacto e importancia que el descubrimiento del bosón de Higgs, las supercuerdas o la demostración del último teorema de Fermat. Creo que nos ofrecería una nueva perspectiva de nosotros mismos y del universo en el que vivimos. No estoy de acuerdo con esas visiones de que el hallazgo de vida extraterrestre acabaría con el mundo tal cual lo conocemos, como si todos de repente nos volviésemos locos. Me considero en general optimista y tengo demasiado respeto por la gente como para aceptar una respuesta semejante. Al contrario, creo que esto nos haría crecer. Avanzar. Hacia mejor. Algo parecido decía un personaje de un libro —creo que de Arthur C. Clarke— cuando reflexionaba que si Dios es el Creador y todos los humanos somos hermanos, los extraterrestres serían algo así como nuestros primos. ¿Y quién no se alegra cuando la familia se amplía?

En fin, ahora me hubiera gustado continuar analizando el por qué los alienígenas están tan alejados de la ciencia-ficción actual y cuál es el estado de la búsqueda de vida extraterrestre (preferiblemente inteligente), pero me temo que este artículo sería inmenso, así que lo dejaremos para una futura ocasión. Permanezcan sintonizados.

(Espero que no se haya descubierto vida inteligente en el lapso de tiempo hasta el siguiente artículo. En realidad lo estoy deseando, pero justo ahora me chafaría los planes...).

© David Quintero
(1.017 palabras)