Azazel y la definición de «ciencia-ficción»
por Gustavo Piñeiro

AZAZEL es el título de una recopilación de cuentos de Isaac Asimov (Plaza & Janés, Barcelona, sexta edición de 1998, la primera edición en castellano fue en 1989; el título original en inglés es el mismo, fue publicado originalmente en 1988, en el libro no se indica quién hizo la traducción).

El libro reúne 18 relatos que tienen en común la presencia de Azazel. Este personaje es un demonio de dos centímetros de estatura que tiene poderes sobrenaturales, los cuales suele usar (no siempre de buena gana) a pedido de George. Este último es un humano que recurre a Azazel para resolver los problemas de sus amigos (aunque sin que estos se lo pidan y a veces sin que ni siquiera lleguen a enterarse de que alguien ha intervenido a su favor; agréguese que George no siempre actúa de modo desinteresado).

La estructura de todos los cuentos es más o menos así: un amigo o amiga de George le comenta que tiene un problema, George le pide a Azazel que lo resuelva, pero la solución de Azazel tiene un efecto secundario negativo y a la larga todo termina mal.

Los personajes, como suele pasar en los relatos de Asimov, son bastante estereotipados y se nota demasiado que son títeres al servicio del argumento, el cual (como también suele ser típico de Asimov) remata en un final, si no brillante, al menos siempre ingenioso.

Pero el punto que me interesa comentar en esta entrada está en realidad en el prólogo del libro. Allí (otra característica típica de Asimov) el autor explica el origen de la serie de cuentos, comenta quién le encargó el primero de ellos, quién le rechazó el segundo, quién finalmente lo publicó, etc.

En ese prólogo Asimov hace la siguiente reflexión: en el primer cuento de la serie, Azael aparecía (tal como en el libro aquí reseñado) en la forma de un demonio de dos centímetros de estatura. Pero el segundo cuento de la serie le fue rechazado (por el mismo editor que había publicado el primero). El cuento durmió un tiempo hasta que Asimov tuvo la idea de publicarlo en la revista que él mismo había fundado.

Pero esa revista era de ciencia-ficción «pura» y no podía, por lo tanto, publicar un cuento «de fantasía» en el que aparecía un demonio. Ante este problema Asimov recibió el siguiente consejo: «cambie el pequeño demonio por un pequeño ser extraterrestre provisto de una avanzada tecnología». Asimov así lo hizo y Azazel se transformó, en ese segundo relato y en todos los siguientes, en un alienígena. Los relatos pasaron así a ser de ciencia-ficción y pudieron ser publicados en una revista de ese género.

Más adelante, Asimov agrega que quien editó la antología «decidió que Azazel fuese definitivamente un demonio, y no un extraterrestre, así que de nuevo estamos en la fantasía».

La pregunta que me hago es ésta: ¿tan frágil es la ciencia-ficción que el mero hecho de que un personaje sea un demonio, o un alienígena, determina si un relato está dentro o fuera del género? ¿Y si Azazel es un ente cuya naturaleza nunca se explica? ¿El cuento quedaría entonces boyando en el limbo de la taxonomía literaria?

Me parece que una clasificación basada en criterios tan simplistas como «si hay un demonio, es fantasía; si es un extraterrestre, es ciencia-ficción» rebaja a la ciencia-ficción en sí. Que un relato sea, o no, de ciencia-ficción pasa por cuestiones más sutiles. Hay, por ejemplo, relatos de ciencia-ficción en los que la ciencia (directa o indirectamente) nunca es mencionada. Ya he hablado en esta otra entrada sobre definiciones posibles de lo que es la ciencia-ficción. En lo personal adhiero a la definición de Judith Merril, que dice que la ciencia-ficción es «la literatura de la imaginación disciplinada». Es más una cuestión de «actitud» y definitivamente es irrelevante si los personajes vienen de Júpiter o del mismísimo infierno.

© Gustavo Piñeiro
(656 palabras)
Publicado originalmente en Asimovia Guinea el 1 de marzo de 2012