La ciencia-ficción y la predicción del futuro
por David Quintero

Mucho se ha hablado de la capacidad de la ciencia-ficción de predecir el futuro, tanto el próximo como el más lejano. Desde que el género comienza como tal (difuso instante que suele situarse en la publicación del FRANKENSTEIN de Mary Shelley, lo cual comparto), autores de las más diversas tendencias han intentado aportar su humilde contribución para tratar de entrever qué será del mañana del ser humano o incluso del cosmos en su conjunto (dos aspectos que si las peregrinas ideas del físico Frank J. Tipler son ciertas deben ir ligados). La pregunta que surge de manera casi automática es: ¿lo han conseguido? ¿Se ha acertado en la mayor parte de predicciones?

Puede parecer que es aún demasiado pronto para responder a esta pregunta; al fin y al cabo, la mayoría de historias del futuro están ambientadas en siglos muy distantes: ¿cómo decir ahora si ha acertado una predicción sobre el siglo XXIV? Vayamos paso a paso. Intentemos comprender qué es lo que cada género —en una división siempre aproximada— de la ciencia-ficción ha aportado en cada caso al futuro.

La space opera

Las aventuras espaciales en su versión más desapegada a las leyes naturales, los alienígenas con los que enseguida es posible entenderse, las comunicaciones más veloces que la luz... es fácil sentirse tentado a afirmar que la space opera es la clase de ciencia-ficción más alejada de una futura realidad. Y sin embargo, personalmente, me resisto a aceptar este punto de vista. Es verdad que nada físico puede viajar más rápido que la luz, pero se han postulado partículas (taquiones) que de existir tendrían que ir siempre más rápido que la luz; ¿es acaso imposible que estas partículas sean generadas y controladas por una civilización avanzada? Y por ejemplo, si la Teoría de la Relatividad es subsumida en una descripción más amplia y profunda de la naturaleza (sea la teoría de cuerdas, la gravedad cuántica de bucles o la que sea), ¿no será posible redefinir sus límites y dejar como posibles aquellos que en su momento nos eran prohibidos? El avance de la Ciencia, en su faceta más teórica, suele consistir en introducir las nuevas teorías dentro de sistemas que las contienen y las expanden. Por supuesto todas estas cuestiones no van más allá de la mera especulación, hoy por hoy al menos, no quiero aquí dar pábulo a las teorías pseudocientíficas.

Más complicado, en mi opinión, sería el hallar un traductor de lenguajes alienígenas universal, lenguajes que no todos podrían emplear el sonido como vehículo comunicativo, y que si bien en el aspecto de la lógica y la matemática deberían ser muy similares a los nuestros, no tienen por qué parecerse a los idiomas terrestres en cuanto a la descripción de sensaciones, sentimientos o incluso de la forma de ver el mundo (ya sabemos que el lenguaje configura nuestra forma de ver el mundo). Y sin embargo, si me paro a pensarlo, no creo que el lenguaje sea un obstáculo. El traductor universal puede ser casi imposible (nunca utilizaré términos de certeza absoluta en este artículo, no es posible hacerlo), pero entender a una cultura, por muy alienígena que sea, no lo veo una imposibilidad necesaria, por mucho que Stanislaw Lem haya insistido en ello. En realidad, y tras darle unas cuentas vueltas, no veo ninguna imposibilidad absoluta que diga que el próximo milenio no vaya a ser como la Fundación de Asimov o la saga de la Cultura de Iain Banks. Otra cosa es que el hecho de que aún sigamos pegados a la Tierra, sin que ninguno de aquellos sueños espaciales de la primitiva ciencia-ficción que nos situaba en los albores del siglo XXI conquistando las estrellas se haya cumplido, nos lleve a recelar de un futuro con una humanidad (o post-humanidad) extendida por la galaxia. Pero no debemos confundir prejuicios con posibilidades.

Cyberpunk

Al contrario que en la sección anterior, el cyberpunk puede parecer a primera vista como la tendencia que más se ha acercado a la descripción más exacta del futuro. Efectivamente, el cyberpunk se caracteriza por: hablar sobre un mañana siempre próximo (diría que la mayoría de obras caen dentro de un horizonte dos o tres siglos por delante de la fecha actual); un futuro en el que la humanidad sigue sin haberse adueñado del espacio, aproximación de gran realismo: cuando la fanfarria propagandística de la carrera espacial quedó atrás, todos caímos en la cuenta de lo difícil y costoso que es colonizar el espacio; y también un futuro más... gris, por así decirlo, no necesariamente distópico al cien por cien, aunque sí compartiendo muchos rasgos de las distopías.

Por desgracia, en nuestro mundo actual sigue habiendo guerras, hambre, enfermedades, injusticias... a pesar de los muchos avances tecnológicos (que haciendo números vemos que disfrutan tan solo una muy pequeña fracción de la humanidad). ¿Tal vez el cyberpunk —o al menos cierto tipo de cyberpunk — sea el estilo que mejor describa el mundo actual? Puede que sí, ya digo que no me resulta posible ser categórico en un artículo de estas características. Sin embargo, el hecho de que las cosas sean así, ¿significa que siempre serán así? Me niego a aceptarlo (permitidme que aquí sea categórico, como excepción). La visión optimista de la Historia piensa que estamos mucho mejor que hace mil años, aun con nuestros muchas pegas, y quiero aferrarme a ella (lo de que se avanza dando tres pasos hacia delante y dos hacia atrás). Tiene que haber un futuro brillante ahí fuera, y es tarea de todos intentar alcanzarlo. Tal vez en este aspecto mis argumentos sean puramente emocionales: pues sí, así es, lo confieso, aunque también es justo decir que mi optimismo tiene lógica en sus cimientos.

El hard

El hard, quizá la ciencia-ficción en su estilo más puro (si no existiese, ¿qué diferenciaría a la ciencia-ficción de la fantasía o de la novela policíaca?), el que más polariza a la gente en seguidores irredentos y amargos críticos por la ausencia de calidad literaria de muchos de sus textos (que no de todos), el hard, digo, es quizá el género sobre el que es más difícil juzgar. Que las fantasías de algunos autores se han cumplido (véase el submarino o la llegada a la Luna) es indudable. Pero hay especulaciones que van tan lejos que hoy por hoy es casi imposible decir si nos aproximaremos siquiera a lo que estos autores han profetizado. Juzgando con estándares actuales podemos caer en la miopía de negar ricas y futuras posibilidades. Ya Greg Egan, posiblemente la actual punta de lanza de este género, comentó en una entrevista que por muy importantes que puedan ser nuestros problemas hoy día (que lo son, y mucho), no existe garantía alguna de que en el futuro, dentro de un millón de años, vayan a ser aspectos centrales de nuestras vidas (tal vez porque los hemos superado, quiero pensar). Que los autores tengan la capacidad de especular libremente es algo necesario. El arte no puede circunscribirse a horizontes estrechos.

Una sección aparte podría ser sobre las utopías y las distopías. Tanto una como otra pueden englobarse dentro de los géneros anteriores, con características más o menos marcadas, así que no diré nada más sobre ellas.

En realidad, y creo que esto responde a la pregunta inicial sobre el éxito de la ciencia-ficción, creo que las autores han estado siempre más interesados en especular sobre el futuro por puro placer, para alertarnos por el desviado rumbo que toma nuestra sociedad (LA MÁQUINA DEL TIEMPO, FAHRENHEIT 451...), o por cualquier otra razón que consideren oportuna. Acertar o no el futuro no es tan importante. Fantasear con miles de mundos posibles —por diversas razones, como digo— aunque solo uno de ellos se haga realidad (o ninguno), enriquece el género, que es, creo yo, lo que aficionados y críticos buscan.

© David Quintero
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