Filtro para Sopa de Higgs
por Jesús Poza Peña

Últimamente está en boca de todos. La partícula de Dios, el cemento del Universo. No obstante muy pocos entienden qué es y qué significado tiene su descubrimiento para nuestro futuro. Hablo, claro está, del Bosón de Higgs.

Para comprenderlo debemos pensar en esta partícula no como un elemento aislado, una especie de mota de polvo flotante en el vacío, sino como un caldo de partículas que se conoce (qué sorpresa) con el nombre de Campo de Higgs. Efectivamente, el Bosón de Higgs sólo tiene sentido en grupo. El error al que la sociedad ha sido inducida, se debe a la forma en que se ha buscado la prueba de esta partícula. El Higgs, según dicen los físicos, aparece y desaparece constantemente en su estado natural. Supuestamente podían producirse en las reacciones posteriores al choque de protones en un acelerador de partículas. Pero resultaban demasiado fugaces como para ser vistos. Por ello los científicos buscaban pistas de su existencia en las partículas producidas tras su desintegración, que sí podían ser captadas por sus sensores. Por lo tanto, aunque en el célebre Colisionador de Hadrones han visto la sombra del Higgs, como un escalofrío que recorre la espalda, y se ha anunciado su descubrimiento como si de algo individual se tratase, lo cierto es que esta partícula apenas se ha sentido y que fuera del laboratorio, se presenta y funciona en equipo.

¿Y qué hace el dichoso Higgs? Bien puede valer el símil anterior de un caldo. Imaginemos que el Campo de Higgs es un caldo que llena el Universo entero, y que las demás partículas son la sopa, la pasta que se agrega al caldo. Cada grano de pasta se mueve en ese caldo. Dependiendo de su forma encontrará mayor o menor resistencia. Imaginemos que, por ejemplo, una bolita de sopa de lluvia es un fotón. Se mueve muy fácilmente por el caldo, apenas hay fricción entre él y el medio en el que se desenvuelve. La Sopa de Higgs no opone resistencia al paso del fotón, en consecuencia carecerá de masa, se moverá muy rápido (a la constante para ser exactos) y será todo energía. En el extremo opuesto estaría el quark cima, partícula «extinguida» poco después del Big Bang y resucitada ad hoc para estas explicaciones, al que se puede imaginar como un pistón (un tipo de pasta para sopa con forma de pequeño cilindro), que produce mucha fricción a su paso por la Sopa de Higgs, mucha resistencia. Así el quark cima perderá velocidad y energía, que se convertirá en masa.

A mayor resistencia contra el Campo de Higgs, mayor masa.

Es esta interacción del resto de partículas con el Campo de Higgs lo que hace fundamental este descubrimiento. Puede decirse que el Campo de Higgs es lo que otorga masa al resto de partículas y en consecuencia, al Universo.

Ahora ya puede entenderse con mayor facilidad la importancia del hallazgo. Como digo, hasta ahora sólo hemos sentido la sombra del Bosón de Higgs sobrevolando nuestras cabezas. Falta verlo, aislarlo, manipularlo. No obstante, se acaba de abrir una puerta a un recorrido sin límites. En mi profana opinión, más que confirmar la Teoría Estándar de la Física, sobre la que todavía arrojan sombras de duda los expertos, y donde esperan agazapadas la materia y energía oscuras, lo que podemos esperar son enormes progresos en la Unificación de Fuerzas, especialmente en todo lo relacionado con la gravedad, el auténtico caballo de batalla de la Física.

Hasta aquí la divulgación, que éste no es el Sitio de Ciencia, sino de ciencia-ficción. Así que vamos a usar el Bosón de Higgs para crear una máquina, algo para lo que todavía me temo que queden unas cuantas décadas. Llamaremos a nuestra máquina Filtro para Sopa de Higgs y tendrá la propiedad de anular o incrementar el efecto del Campo de Higgs, modificando así la masa de los objetos, pero, suponemos, dejando intacta la materia que los compone.

Una máquina como ésta tendría miles de aplicaciones, pero centrándonos en la ya mencionada gravedad su uso sería fundamental. Einstein decía que la gravedad es un efecto de la geometría del continuo espacio tiempo, antes que lo que convencionalmente entendemos por una fuerza, por poner el ejemplo más claro, el electromagnetismo. Los cuerpos muy masivos deforman el continuo a su alrededor, lo que produciría que el espacio nos empujara hacía, en nuestro caso, el centro de la Tierra. Esto viene a significar, simplificando al extremo, que estamos en una cuesta arriba, y que el peso es sólo una sensación que nos produce el esfuerzo de caminar por la ladera que forma la distorsión del espacio.

Si esta teoría es correcta, y aplicando el Filtro para Sopa de Higgs, se podría anular esta distorsión, reduciendo la gravedad en un área concreta, por ejemplo, una plataforma de lanzamiento de viajes espaciales. De poder hacerse tal cosa, escapar del pozo gravitatorio de la Tierra pasaría a ser relativamente poco costoso, con el consiguiente abaratamiento de la exploración espacial.

Lo que es más, cojamos nuestro Filtro y salgamos al espacio. Allí podríamos causar el efecto contrario, aumentar la masa de, pongamos, una nave espacial hasta provocar una deformación extrema del espacio tiempo, un plegamiento por el que poder trasladarnos de un punto a otro del Universo.

En efecto, el descubrimiento del Bosón de Higgs abre la puerta no sólo a los viajes espaciales, sino a un conocimiento mucho más profundo de la materia y el espacio. Sin saberlo, estamos a las puertas de una nueva era, al igual que el primer hombre que comprendió lo que es el fuego, incluso aunque todavía no pudiera ni provocarlo ni controlarlo. A partir de aquí y, tanto si la Teoría Estándar se demuestra hasta sus extremos como si no, el límite es el cielo. Bien es posible que dentro de un tiempo, como si del alienígena Kevin Spacey en la película K-PAX se tratara, vayamos al trabajo montados en un rayo de luz.

© Jesús Poza Peña
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