El futuro pasado
por Enric Quílez Castro

Una de las cosas curiosas que tiene la ciencia-ficción y que no tienen otros géneros literarios es que frecuentemente desarrollan la acción en el futuro. Pero el futuro es muy traicionero y tiende a convertirse en pasado con una rapidez asombrosa. Con ello quiero decir que una novela escrita en los años 50 del siglo XX y que explorase cómo iba a ser el final del siglo XX, está actualmente desfasada.

Aunque para ser justos, no está bien desfasada, pues difícilmente los sucesos que describía se habrán cumplido. Es como si estuviese en otra línea temporal. Así, los sucesos descritos en 1948 en la novela de Orwell, 1984, no han pasado nunca, pero ya han caducado. Es decir, si la ciencia-ficción fuese una ciencia más o menos exacta y sus predicciones se hubiesen cumplido, ahora sería historia.

Esta situación peculiar de futuro-pasado es propia de la ciencia-ficción «anticuada». Cuando se quiere hablar del futuro a corto o medio plazo, es inevitable que este estado acabe apareciendo. Naturalmente, para el escritor es más cómodo situar la acción «en una galaxia muy muy lejana» o en el futuro remoto, en el año 10081, por poner un ejemplo.

Hay más opciones, claro, que para eso la ciencia-ficción tiene bastante de literatura de ideas. Tenemos líneas temporales paralelas o podemos hablar de mundos alternativos o incluso de universos alternativos.

También tenemos la opción de llevarnos la acción al pasado remoto, con o sin viaje en el tiempo. Así seguro que los hechos nunca caducan. Pero debo reconocer mi admiración por los escritores de ciencia-ficción futurista que tienen las narices de hacer prospectiva a medio plazo, que es lo más difícil.

Así, aparecen mundos poblados de rascacielos sin ascensores, imperios galácticos sin ordenadores o futuros cercanos con muro de Berlín y sin teléfono móvil. Pero todo es arriesgarse.

© Enric Quílez Castro
(309 palabras)
Publicado originalmente en El mundo de Yarhel el 03 de agosto de 2011