Reflexiones en torno al «hard» y la «space-opera»
por David Quintero

Me he reconciliado con el hard últimamente. Si hace unos meses alguien me preguntase como veía yo este subgénero de la ciencia-ficción, probablemente le hubiera respondido con cierta condescendencia, diciendo que creía que había buenas ideas pero que la falta de calidad literaria era evidente, y que, por lo general, intentaba evitar los libros de esta tendencia. Y sin embargo, cosas de la vida, en los últimos tiempos el hard me cae mucho mejor que antes. Por supuesto, aún hay distancia entre nosotros, y creo que siempre pensaré que si un libro carece de calidad literaria (al menos la calidad más básica y elemental), por muchas ideas interesantes que tenga, éstas se verán lastradas, haciendo que una obra mucho menos original pero considerablemente mejor escrita la supere con creces.

La distinción entre ciencia-ficción hard y space-opera viene de lejos. El hard, una tendencia que trata de ser muy fiel a la ciencia y la tecnología, es mencionado por primera vez por el escritor y crítico Peter Schuyler Miller en 1957, refiriéndose al libro de John W. Campbell Jr., ISLANDS OF SPACE. Anterior aún es el término space-opera, de 1941, acuñado por el primero aficionado y luego escritor Wilson Tucker. Probablemente un término relacionado con el soap opera, los culebrones, y puede que con ciertas connotaciones negativas. El space-opera no considera demasiado importante la plausibilidad científica y prefiere dejar libre la imaginación. Para mi gusto, y aunque por supuesto la clasificación no es más que orientativa y hay muchas obras que se mueven en terreno ambiguo, el space-opera ha logrado acumular obras con mayor calidad literaria. Por supuesto, en este artículo soy de la corriente que considera al space-opera lo mismo que el soft, lo digo para aclararlo, pues sé que hay gente más rigurosa con las divisiones y subdivisiones del género de lo que yo lo soy. El space-opera comenzó como novelas pulp de aventuras, algunos relatos eran muy interesantes, divertidos y entretenidos, y su recuperación es muy de agradecer por parte de los chicos de la Biblioteca del Laberinto, que realizan una labor encomiable, ya alabada por gente como Fernando Savater o Luis Alberto de Cuenca. En los años sesenta y sobre todo en los setenta, con la Nueva Ola, el space-opera cobró un protagonismo especial. Considérese por ejemplo a gente como Ursula K. Le Guin, Brian Aldiss o Robert Silverberg por citar tan solo algunos. Tal vez no sean tan conocidos por el gran público como algunos autores hard, pero quienes han leído a uno y otro grupo saben quién escribía mejor. Eso sí, insisto nuevamente en que las clasificaciones son volubles y que yo he disfrutado —mucho— con unos y con otros.

Volviendo al tema que nos ocupaba: ¿por qué considero ahora con mejores ojos el hard? Bien, porque creo que aunque algunos autores de esta tendencia ciertamente escriben bastante mal (prefiero no decir nombres), considero que hay otros que se han conseguido librar de ese lastre, y sus libros se pueden leer con interés: la calidad literaria es correcta, los personajes no son de cartón piedra, aunque el placer estético sea más bien poco. Por otro lado, el autor hard merece una consideración especial que tal vez muchos de los autores space-opera no tienen: su caudal de conocimientos. Como alguien que valora mucho el conocimiento, no puedo sino elogiar el gran esfuerzo por comprender, la continua lectura y profundización de textos científicos que han realizado muchos de los que escriben hard. No creo que sea ninguna exageración decir incluso que algunos llegan a ser auténticos eruditos en el campo de la ciencia. Y por último, las ideas, el gran talismán de este subgénero: sin duda, algunas de las últimas teorías vertidas en libros hard son más que interesantes, aunque uno pueda no estar de acuerdo con todas las visiones del futuro (no hablo ya de gustar); en cualquier caso muchas de ellas son originales (que no es decir poco a estas alturas de la película), innovadoras y hacen pensar; valores todos ellos que considero dignos de alabanza.

Así pues, bienvenido sea el hard, aunque sea aún con ciertas reservas.

© David Quintero
(693 palabras)