Eludiendo la distopía para echar a volar (otra vez) la mariposa de la utopía
por Luis Antonio Bolaños de la Cruz

Una conversación con un amigo mientras degustaba una ensalada de frutas y enseguida la lectura de un interesante texto de Perry Anderson EL RÍO DEL TIEMPO, donde recurre indistinto a la sociología y la ciencia-ficción para pensar sobre el devenir que tendrán las transfiguraciones de las categorías de la existencia, me motivo a pergeñar este par de páginas, donde insisto, como es usual durante los debates de Coyllur (Asociación de Ciencia-Ficción, Terror y Fantasía de Perú), cuando trato de explicar mis ideas acerca de las propuestas tecnológicas de mejoramiento dedicadas a los próximos modelos anatómicos humanos:

no es mutilación sino inserción,

no es destrucción de esencias sino potenciación y expansión de las mismas,

no es invasión de corpúsculos letales sino convivencia con microformas vitales que nos añaden valor y tiempo de vida,

no me colocan prótesis sino me habilitan extensiones,

en fin que soy de los que se ubican en la ruta de la revolución realizada en el único lugar donde no me pueden alcanzar los megapropietarios de los objetos y de las finanzas: en mi propio cuerpo.

Recuerden que no extraviaremos ninguna identidad porque esa en cierta forma, ya la posee la corporatocracia. Lo mejor es que podremos forjar una a la medida de nuestros sueños y apetencias, nutrida por sucesivos conflictos cognitivos que se plasmarán en intervenciones somáticas, por eso la propuesta fáctica respecto a lo intelectual de ese nuevo cuerpo potenciado apunta hacia una apropiación consciente de la ciencia e incorporación práctica de los frutos de la tecnología, la ciencia-ficción y las redes, a través de una entidad cuya colonización podemos eludir como Sam Lowry, el personaje de BRAZIL: nuestra mente, gracias a los consejos del fontanero misterioso.

Ni cyborgs ni biomáquinas: La próxima revolución tecnológica no sólo ocurrirá en nuestros cuerpos como señalan los transhumanistas, sino que traerá aparejada por primera vez la posibilidad de innovaciones a medida de cada cual, ya que muchas de las inclusiones y artilugiosa a incrustarse bajo la dermis o de los micocomponentes que circularán en sangre y linfa estarán basadas en el propio ADN, así mismo los nanoartilugios de sostenimiento y reconstrucción continua para mantener una situación saludable, gozarán de indeterminación cuántica —en el sentido que serán influidos por el entorno intelectual de la mente a la cual nutren—, las minimáquinas que nos sembrarán se someterán a las especificidades del cuerpo en el que se desplazarán, y los biochips a los que recurriremos incorporarán fractalidad sensible a la voluntad del individuo recipiente.

No obstante, nos mantendremos vinculados a la naturaleza, a la defensa de los ecosistemas y el ambientalismo militante, para salvaguardar el único entorno que garantiza la exploración inteligente y sensible de Gaia.

Las ontologías del presente exigen arqueologías del futuro, y no predicciones del pasado: Fortificados, aumentados, lanzados a un universo donde el secreto individual habrá desaparecido merced a las hiperredes interconectadas, requeriremos crear asociaciones para redistribuirnos y trascender en esa opacidad de la gestalt conformada por la multitud que soy pero en la cual no me disuelvo, porque conservo mi patrón organizativo para encontrar una opción de intimidad, que es en simultánea manifestación artística y enlace digital; claro que compartida, pero impenetrable porque la rapidez con que cambien sus algoritmos estará impulsada por la primera tecnología biológica de comunicación, más rauda que los mecanismos externos que intenten escanear sus procesos, ya que cuando los rompan —si es que lo consiguen— lo único que encontrarán serán los pecios sucesivos de las colisiones creativas, entonces preñados de contenidos pero virados hacia la periferia de la colectividad escaparemos por siempre de la policía mental, y en sus informes no dominarán los contextos creativos, aunque si de los derrelictos de su imaginación y sólo darán cuenta del momento real en que vibran nuestras aociaciones, quedándose con el ritmo temporal pero extraviando los espacios en que ocurren (Cory Doctorow nos entrega un estupendo manual en PEQUEÑO HERMANO que es auténtica guía para guerrilla electrónica).

Paisaje de pixeles y matices: Al navegar nos moveremos ondulando sobre vastas planicies de datos, y mediante acoples estructurales mixtos y multidimensionales exploraremos los quizás con tanta intensidad como las concreciones; sin estar constreñidos por imposiciones ideológicas diseñaremos ovisistemas, que permiten la creación mientras protegen lo ya avanzado y que sincrónicamente son trampas para impedir rastreos y procreadores de huellas de intelecto que serán reconocidas como la firma del grupo. La perspectiva es que cada cual tras un período de singladuras e indagaciones puede decidir mantenerse en la periferia dando lugar a nuevos procesos o migrar hacia otros colectivos semejantes o disímiles, según la volición y las clausuras operacionales ocurridas, sean preprogramadas para arranques y aceleraciones que establecen la profunda diferencia entre átomos y bits, o espontáneas que ayudan a trazan posibles rutas de salida del sistema de propietariado.

Crujientes y lubricados, una humanidad en epifanía: Despiertos, dinámicos, activos. los humanos nos desplazaremos tanto en físico como en gestalt, por los terrenos colectivizados de la ciencia y de la academia popularizadas, expresadas en tecnologías amables, avances de investigación, teorías explicativas multi-inter-trans disciplinarias, miríadas de informaciones en multidimensiones, artefactos blandos y adminículos tiernos, para que así nuestra deriva ontológica se encuentre teñida de una orientación discontinua pero rastreable con meditaciones y asanas, taichi y blogosfera, tecnolocura y programas biointeligentes, recursos que irán conformando una dilatada deriva filogenética sostenida con corrientes de reflexiones intensas y veloces, encuadradas en océanos lentos de pensamientos y a cuyos manantiales y flujos podremos acudir a cada instante desde la red o nuestros propios cerebros, quebrando tapices temporales y disolviendo a base de intuición epistemológica los bloqueos que puedan presentarse, debidos ya sea a las colisiones cognitivas que no logran interpenetrarse a la velocidad con que son requeridas por las asociaciones transitorias que juegan y se acarician en mente y músculo, o llegando en pulsos placenteros a la mente para propiciar una llovizna de orgasmos, demoliendo así los restos del trabajo alienado y transitando del reino de la necesidad al reino de la libertad, como en algún momento propuso el viejo Engels refiriéndose a ese ensueño ya naufragado del socialismo, pero con métodos actualizados en un contexto en ocasiones extraño pero en permanente equilibrio dinámico.

© Luis Antonio Bolaños de la Cruz
(1.025 palabras)
Publicado originalmente en La casa de Jarjacha el 2 de noviembre de 2011