Especial Decimocuarto Aniversario
Los nuevos aficionados a la ciencia-ficción
Especial Decimocuarto Aniversario
por Alejandro Caveda

Se dice que uno se hace viejo cuando empieza cada frase con las palabras En mi epoca y se compara frecuentemente con quienes vienen detras, algo a lo que no somos ajenos ni siquiera los aficionados al género de la ciencia-ficción. Quizás por ello el tema de los nuevos aficionados a la ciencia-ficción resulte más interesante que nunca, en especial para aquellos miembros del selecto club de los cuarentaytantos en adelante que además, gracias a nuestra labor como educadores, tenemos un cierto contacto con la siguiente generación de lectores y podemos pues buscar diferencias entre unos y otros.

Quienes tuvimos la suerte y el placer de descubrir el género entre las décadas de los setenta y de los ochenta llegarmos mayormente al mismo a través de la letra impresa. O sea, leyendo, ya fuese libros, antologías, o cualquiera de las numerosas revistas y fanzines que proliferaban por aquel entonces, sin olvidarnos de comics como Barbarella, Valerian, Los náufragos del tiempo o Luc Orient, entre otros, amén de películas como LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, STAR TREK o DUNE, sólo por citar algunos títulos significativos, pero que las más de las veces remitian también a alguna clase de texto escrito, ya fuese la obra original (en el caso de DUNE) o la adaptación escrita y sus sucesivas continuaciones, tal y como ocurre con el universo expandido del Sr. George Lucas.

Por aquel entonces muchas colecciones clásicas como Cenit, Nebulae o Galaxia de Vértice ya habían concluido su andadura, pero otras no menos interesantes ocupaban su lugar, como fue el caso de Acervo, Súper Ficción de Martínez Roca, Nova o Nebulae Segunda Época. Además, editoriales como Bruguera y Alianza Editorial incluían en su catálogo numerosos títulos de ciencia-ficción, terror y fantasía a precios relativamente asequibles. Así y todo, los aficionados de la época recorríamos rastrillos y librerías de ocasión en busca de aquel ejemplar esquivo que no podía faltar en nuestra biblioteca, para desesperación de nuestras progenitoras y/o novias, que contemplaban furiosas aquella acumulación interminable de volúmenes en las estanterías del hogar familiar. Hoy día bastaría con recurrir a Iberlibro o cualquier otra de las páginas web dedicadas a la compra-venta de libros pero que quieren, eran otros tiempos.

En muchos aspectos, todo eso comenzó a cambiar a partir de los noventa con la llegada de Internet y la irrupción de las nuevas tecnologías. Y no, no voy a adoptar el típico discurso retrógrado acerca de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Al contrario, me apasionan el futuro y sus inmensas posibilidades, quizás porque a diferencia de mis alumnos (que no conocen otra cosa, y tienden a pensar que todo lo que conocen siempre ha estado ahí) he visto cambiar el mundo y con él mundillo de los aficionados al género.

Tampoco quiero caer en el lugar común de que los jóvenes no leen. Sí, pero no lo mismo que nosotros a su edad. Casi ninguno de mis pupilos sabe quienes fueron Isaac Asimov, Robert A. Heinlein o Arthur C. Clarke, por poner tres ejemplos, pero si se conocen al dedillo la obra de autores extranjeros como J. K. Rowling, Stephanie Meyer, J. R. R. Tolkien (en buena medida gracias al tirón de sus respectivas sagas cinematográficas) o más cercanos como José Antonio Cotrina (Ciclo de la Luna Roja), Bárbara G. Rivero (Laila Winters y las arenas de Solaïre), David Lozano (con su Trilogía de La puerta oscura) o Laura Gallego y sus Memorias de Idhún (Impresionante la cola para firmar ejemplares de sus libros que tenía esta autora durante la pasada Semana Negra de Gijón, repleta de gente joven y de ambos sexos). Y es que los nuevos lectores del género son más multimedia, y muchos de ellos han descubierto la ciencia-ficción a través de otros canales (igualmente válidos) como son el cine, el comic, los videojuegos o los juegos de rol. Ven películas de superhéroes, son admiradores de Joss Whedon y tienen nicks a cual más friki en diversos foros y canales de internet. Retomando el punto inicial de partida: ¿hay diferencias? Sí, pero no tantas. Para empezar la proporción por sexos es más igualada; se dejan llevar un poco por el autor, el tema o el best-seller de moda; meten muchas cosas en el mismo saco y para ellos los elfos de Tolkien son primos lejanos de los vulcanos de Star Trek; leen libros y comics digitales desde la pantalla de su portátil, de su e-Reader o de su tablet de última generación; manejan un vocabulario repleto de palabras esotéricas dignas de Lovecraft como smartphone, otaku, nerd, gamer o cosplayer (y no, no me pregunten, yo tampoco sé lo que significan la mayoría de ellas); pasan las 24 horas on line; casi todos ellos tienen perfil en alguna clase de red social (Tuenti, Facebook, Twitter, etc.) y compiten entre sí por ver quién tiene más followers; y en vez de colaborar en revistas y fanzines lo hacen en bitácoras y sitios web como este mismo. Sin embargo, al final las diferencias son menos importantes que el hecho de que la llama siga viva y el testigo pase de generación en generación. Quien sabe, tal vez dentro de otros veinticinco años la siguiente remesa de lectores se esté haciendo la misma pregunta: ¿Cómo son los nuevos aficionados a la ciencia-ficción? Y acaban llegando a la misma conclusión que nosotros: no tan diferentes, después de todo.

© Alejandro Caveda
(904 palabras)
Alejandro Caveda mantiene el blog El zoco de Lakkmanda