Especial Decimocuarto Aniversario
Debate sobre la generación de ciencia-ficción
Especial Decimocuarto Aniversario
por Dixon Acosta

Podría elaborarse una premisa arriesgada y es que las nuevas generaciones no leen, ni escriben ciencia-ficción, siendo como son, resultado de la ciencia-ficción, hipótesis que es extensiva al mismo ejercicio de la lectura y escritura tanto en el plano académico como informativo.

Algunos concluyen que las nuevas generaciones no leen ni escriben, pues por cuenta de las nuevas tecnologías no hay comprensión de lectura, ni esfuerzo de análisis, ni el deseo creativo de escribir, apenas convertirse en autómatas digitadores de breves textos. Desde otra perspectiva, podría estar ocurriendo un fenómeno sociológico que aquellos que vamos envejeciendo todavía no captamos ni entendemos suficientemente bien, sobre nuevas lecturas y escrituras que comparte una generación que ha nacido mecida por las nuevas tecnologías (nativos digitales). Por eso quiero presentar las dos interpretaciones, alertando al final sobre los riesgos de las novedosas formas de comunicación, frente a la tradicional manera de leer y escribir.

Hace algún tiempo un texto de un profesor universitario de Bogotá, encendió la polémica académica al referirse a la mediocridad de un grupo de estudiantes que no era capaz de redactar un par de párrafos de manera aceptable. En el texto, el profesor presentaba su carta de renuncia de su cátedra en una facultad de comunicación social, con el sentimiento de frustración por el desempeño de sus pupilos, que en parte se explicaba por su dependencia a las nuevas tecnologías. En medio de la discusión, encontré una respuesta de otro profesor colombiano con una interpretación totalmente opuesta y que destaco porque apunta a las posibilidades pedagógicas y creativas de las nuevas tecnologías, la cual puede leerse en el siguiente enlace.

Considero que es difícil una conclusión pues desde las dos orillas hay argumentos aceptables. Cuando uno se encuentra en medio de un movimiento social silencioso es muy difícil predecir si las tendencias se convierten en puntos de inflexión definitivos o escalas temporales, pero sin querer desconocer toda la potencialidad de las nuevas formas de comunicación, creo que los más viejos estamos en el deber moral de señalar algunos de los riesgos a los que se exponen las nuevas generaciones, si no se aprovechan adecuadamente los adelantos tecnológicos.

Los llamados nativos digitales son jóvenes quinceañeros que están rodeados —casi sitiados— por la cantidad de dispositivos de comunicación y conectividad, enfrentándose a varios dilemas existenciales. Estos aparatos diseñados para facilitar las comunicaciones, están promoviendo una serie de hábitos solitarios que pueden llegar a niveles enfermizos. Por ejemplo, los hikikimoris, como se conoce en Japón a los muchachos que se retiran de la vida social y familiar, para recluirse en su cuarto y formar allí su propio mundo, del cual apenas se despegan para probar algunos alimentos. Es cierto que se trata de una muestra extrema, pero últimamente me he visto en medio de multitudes que no hablan entre sí, sólo chatean a toda velocidad con sus congéneres en otros lugares. Como ha ocurrido con todas las tribus que históricamente han poblado el mundo, las minorías extremas suelen mostrar los riesgos para el resto del grupo, marcando esa delicada frontera de lo que se llama lo normal.

Los niños y jóvenes actualmente están sometidos al desarrollo tecnológico y mercadotécnico de numerosos dispositivos cuyo lema es la globalización y simplificación de la vida, lo cual se traduce en que la lectura y escritura se reducen a la capacidad de mover los pulgares para enviar los mensajes y de los ojos para entender los pequeños correos, por ello, cada vez más las siglas, abreviaturas, dibujos y otras ayudas son tan importantes a la hora de la comunicación, volveremos a los jeroglíficos, acaso? Si lo corto es la premisa, la única literatura con futuro serían los microcuentos, los haikus, pero difícilmente las novelas o ensayos.

Sin embargo, durante los últimos años han surgido notables excepciones y de vez en cuando, sobre todo en la literatura fantástica, prima hermana de la ciencia-ficción, han aparecido títulos de cientos de páginas que son consumidas por los más jóvenes. Eso deja espacio para la esperanza, en el sentido que las grandes obras (no sólo en número de páginas, sino por su calidad), tengan lectores. En cuanto a la escritura, uno podría decir, que los escritores durante toda la historia del mundo han sido una minoría (al menos los destacados), no podría pretenderse exigir una sociedad ilustrada y plena de autores, cuando nunca ha existido.

Otra pregunta que suele hacerse es si por cuenta de los desarrollos tecnológicos, la lectura y la escritura estén cambiando en sí mismas, como algunos pueden interpretar. Los apegados al papel como el suscrito, tienden a negarlo de plano, ya que el fenómeno literario en sus diversas manifestaciones como la poesía, el teatro o la ficción narrativa se han mantenido con unas estructuras tradicionales a pesar de los cambios tecnológicos. Sin embargo, el mundo de las letras, nunca se había enfrentado al mundo de la imagen de manera tan directa.

Es probable que al final haya una convivencia pacífica entre lo tradicional y lo novedoso. Aunque uno quisiera que paralelamente a las múltiples posibilidades de comunicación breve, rápida e instantánea, los jóvenes no se perdieran la emoción profunda de leer un clásico de la literatura o de la historia o escribir una obra, un artículo, una crónica, al menos una carta que no sea un simple mensaje de pocos caracteres.

La generación de ciencia-ficción, la primera que puede autodefinirse como tal, porque es protagonista y no simple testigo de los grandes cambios socio-tecnológicos (como la de los años sesenta con la carrera espacial), se encuentra en el centro del debate y aunque suene algo extraño (no debería serlo, si esto se considera un artículo especulativo de ciencia-ficción), quiero destacar las palabras de Benedicto XVI en su mensaje para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2012).

El guía de la Iglesia Católica en el mundo dice: «La educación es la aventura más fascinante y difícil de la vida. Educar —que viene de educere en latín— significa conducir fuera de sí mismos para introducirlos en la realidad, hacia una plenitud que hace crecer a la persona. Ese proceso se nutre del encuentro de dos libertades, la del adulto y la del joven. Requiere la responsabilidad del discípulo, que ha de estar abierto a dejarse guiar al conocimiento de la realidad, y la del educador, que debe de estar dispuesto a darse a sí mismo. Por eso, los testigos auténticos, y no simples dispensadores de reglas o informaciones, son más necesarios que nunca; testigos que sepan ver más lejos que los demás, porque su vida abraza espacios más amplios. El testigo es el primero en vivir el camino que propone».

Que sucederá con la generación de ciencia-ficción? Reitero que para el especulador es complicado dar una respuesta final, es mejor dejarles la tarea a los escritores de ciencia-ficción para que se regodeen en sus extrañas e incomprensibles historias, que resultan tan entretenidas, puede resultar ejemplo de un buen testigo. Un anciano vicario nos ha dejado pistas. Mientras tanto brindemos por los quince años de un joven maduro.

Bogotá, Colombia (aún en la lejana distancia).


Notas

Periódico El Tiempo: Profesor renuncia a su cátedra porque sus alumnos no escriben bien.
http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/educacion/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-10906583.html

http://pensandoentic.net/ptic/?p=559

© Dixon Acosta
(1.363 palabras) Créditos
Dixon Acosta es colaborador habitual del Sitio de ciencia-ficción