Especial Decimocuarto Aniversario
Los chicos nuevos no saben que es el fandom
Especial Decimocuarto Aniversario
por Enric Quílez Castro

Las nuevas generaciones que se incorporan a la ciencia-ficción, ya sea desde el cine y la televisión o, más raramente, desde la lectura no forman parte del fandom tradicional, combativo y algo recalcitrante que todos conocemos.

La verdad es que la gente que conozco de mi entorno más o menos inmediato no suele leer ciencia-ficción, pero muchos de ellos sí que suelen consumirla en formato televisivo o cinematográfico. Entre ellos, ya no se estilan series como Star Trek, que parecen quedar más relegadas a gente de mi generación, pero en cambio aparecen fans de otros productos como, por ejemplo, Star Wars o BattleStar Galactica. Y en lo que al cine se refiere, otro tanto de lo mismo.

Lo que sí que he podido observar es que los nuevos fans del género fantástico no hacen demasiados distingos entre la fantasía, la ciencia-ficción y el terror sobrenatural. Así, es frecuente que algunas novelas de Stephen King o algunos best sellers al uso sean directamente clasificados como ciencia-ficción o algo parecido, sin más distinciones.

Y es que la nueva generación, especialmente de lectores, si bien suele tener preferencia por la fantasía y prefieren los dragones a las naves espaciales, tampoco hacen ascos de la space opera más tradicional o a ciertas novelas de terror.

Eso sí, una de las cosas que sí que he notado es la evolución de los gustos. Para empezar, suelen desconocer a los clásicos, tanto aquellos más accesibles, por los que solíamos empezar casi todos, como Isaac Asimov o Arthur C. Clarke, como aquellos que hacían las delicias de paladares más finos, como Thomas Disch, J. G. Ballard o Robert Silverberg. Tampoco en el terror parece que las nuevas generaciones sean muy conocedoras del universo de Cthulhu.

Actualmente, y muy posiblemente a raíz de la explosión audiovisual, parecen abundar más productos del estilo EL SEÑOR DE LOS ANILLOS o bien LA CANCIÓN DE HIELO Y FUEGO. Eso sí, estos productos, generalmente respaldados por una versión cinematográfica o televisiva, son consumidos por un público muy dispar.

Del típico friqui que podríamos describir como hombre joven, aficionado a la informática, con poca vida social y adicto a los chats, hemos pasado a una nueva generación en la que abundan las mujeres y gente con bastante vida social y los friquis se han visto reducidos a un sector de edad tal vez más avanzado.

Otro aspecto interesante es que, tal vez debido a la moda de las redes sociales y de los blocs, muchos de estos lectores se atreven también a escribir. Algunos de los relatos pueden parecer infectos, pero otros, en cambio, dejan traslucir un cierto talento. Es natural: entre tanta materia, algo bueno debe haber (aplíquese aquí la Ley de Sturgeon, según la cual el 90% de todo es basura).

O sea, que las nuevas generaciones de ciencia-ficción tal vez conozcan poco de los orígenes y de la madurez del género, pero posiblemente también sean más numerosas que cuando éste se reducía a un sector muy pero que muy selecto. A ello, posiblemente, ha contribuido el hecho de que autores mainstream se hayan atrevido a escribir ciencia-ficción, aunque eso sí, rehuyendo como de la peste dicha etiqueta.

Otra de las características que es cada vez más propia de las nuevas generaciones es el formato de la ciencia-ficción que consumen: básicamente digital y casi siempre sin pagar. Hoy día, la mayor parte de las series de TV o de las películas consumidas proceden de descargas de internet. No me extraña que no paren de cerrar videoclubs y que cada vez sea más raro que alguien te regale un DVD de una película, por poner un ejemplo.

Ello también se aplica, aunque tal vez en menor medida, al libro electrónico. Este formato, que se veía inicialmente como la panacea en el mundillo de la ciencia-ficción, porque permitiría acceder a los tristemente célebres descatalogados, por los que mucha gente estaba dispuesta a pagar bastante dinero en el mercado de segunda mano, también se está convirtiendo en una pesadilla para muchas editoriales, que ven reproducirse el modelo del pirateo sistemático de los CD y de los DVD, ahora en el mundo del libro electrónico.

Asimismo, esta facilidad para copiar y difundir obras, también está permitiendo que muchos autores pongan sus obras en internet a un precio irrisorio. Ello les permite llegar a un público amplísimo sin intermediarios y obteniendo, igualmente, unos beneficios relativamente decentes, ya que aunque en proporción son mucho menores que en un libro tradicional, la tirada, aquí inexistente, ya no es un factor limitante.

De hecho, mucha gente que se lee un libro en formato digital, acaba comprándolo luego sobre papel, ya sea porque le gusta, ya sea porque quiere regalárselo a un amigo, ya sea por costumbre. De esta manera, el beneficio aún es mayor.

Pero no nos engañemos, la tendencia general en nuestro país, que ostenta los primeros índices en las listas internacionales de pirateo, es otra. Básicamente, se cumple aquello de: tonto el que no piratee.

Yo, por ejemplo, que soy de los tontos que aún compra libros en papel (o DVD originales), no dejo de tener la sensación de que estoy tirando el dinero y que los demás son más listos que yo. Y es que eso de tener principios rara vez se ve recompensado.

Ésta es, a mi modo de ver, la radiografía de los nuevos consumidores de ciencia-ficción. Utilizo el verbo consumir en su sentido pleno. Creo que la ciencia-ficción ha dejado de ser un producto intelectual para convertirse en un simple divertimento. Es cierto que la ciencia-ficción siempre tuvo mucho de componente escapista (tal vez la fantasía más), pero actualmente, la componente reflexiva parece haberse evaporado totalmente y brilla por su ausencia.

© Enric Quílez Castro
(959 palabras)
Enric Quilez Castro mantiene el blog El mundo de Yarhel.