Especial Decimocuarto Aniversario
Juventud y ciencia ficción ¿Relevo?
Especial Decimocuarto Aniversario
por Antonio Santos

En justicia, considero que la cuestión debe contestarse desde una perspectiva personal, hurgando en el baúl de los recuerdos propios, los cuales darán matiz a la respuesta que aporte cada autor, variaciones basadas en lo que él/ella considere ciencia-ficción. Sucintamente, ciencia-ficción es para mí LAS GRAVES PLANICIES, un compendio de aventuras, prodigios, fantasía y máquinas asombrosas. Evasión fabulosa. Otro/a autor/a probablemente apueste por conceptos más serenos, intimistas, que obliguen al lector a especular sobre lo que ha leído, esperando que, como la proverbial semilla, arraigue y le deje pasmado la revelación.

¿Hay un relevo generacional en la ciencia-ficción? Sí y no. Veréis: en nuestros tiempos teníamos la prodigiosa herramienta de la imaginación para especular visualmente sobre los mundos que una plétora de autores, de nuestras filias o fobias, recreaban en sus textos. Podía haberlos exhaustivos en la descripción o someros en el escenario, cosa que podemos comprender como que su propia capacidad de visión estaba limitada, más que pretendía dejarnos a nosotros el amueblar la especulación. Unas vagas señas servían para describir a los morlocks, o las fastuosas ruinas del año 802.701; o, por ejemplo, el claustrofóbico Nueva York de BÓVEDAS DE ACERO. Tú pones el resto.

Nosotros, pues, añadíamos colores, esencias, impresiones, basándonos en ese bosquejo. A veces, podíamos contar con que, en un cómic, aparecieran alguna de esas imágenes, fuese en directa adaptación o inspiración. Los mundos de Metal Hurlant lograban corresponder con, no sé, DUNE, o algo de Heinlein o Farmer, pero seguía siendo la visión del dibujante, en todo caso, y aunque encajara en gran medida con la nuestra, igual no era tan similar con lo que teníamos imaginada. (De ahí el impulso de escribir, o dibujar, o filmar, y dar el parecer al respecto.).

STAR WARS, sin embargo, ofrecía la IMAGEN de todos los planetas que, alguna vez, pudimos soñar. La ciencia-ficción, repentinamente, se hizo visual, y si teníamos que pensar en destructores, de inmediato aparecía uno del IMPERIO. La ciencia-ficción actual, la que nuestros herederos van a acuñar en sus especulaciones, beberá en gran medida de los fotogramas (o píxeles, aun viñetas) que consuman ahora. O sea, será aún más visual. Creo que pocas firmas que contribuyan con artículos como éste podrán negar que, en cierto momento, también ellos pensaron en fotogramas comparándolo con algo leído en alguna obra. TROPAS DEL ESPACIO, por mucho que Heinlein tratara de describírnosla al detalle, es ahora lo que Verhoeven, merced a ILM, plasmó en la pantalla de plata.

Vuelvo a darme (impropio) bombo: no hubo palmo (o casi) de Marsoon que antes no hubiera visto en alguna parte. Y no lo considero una copia, sino elegante simbiosis, porque el lector reconocería el paisaje, la ciudad, la persona, y acudiría, estimulado ese apetito, a visionar una enésima vez la película, o el tebeo, de donde extraje la comparación. También empleé esa herramienta con la esperanza de que le hiciera al lector aún más amplia, nítida, la escena descrita.

¿Con qué crecí? Leyendo los clásicos, con las imágenes, en borroso B/N, de EL ENIGMA DE OTRO MUNDO, los estallidos de color de LA GUERRA DE LOS MUNDOS de George Pal, los páramos desconcertantes de EL PLANETA DE LOS SIMIOS (¡donde el Hombre no era el gobernante!), conjuntándolo todo con las viñetas de Marvel, ¡un descubrimiento salvaje! Todo eso intentaba dar una epatante imagen, pero comparadas con las de hoy día, o eran pobres o claramente impropias (PLANETA PROHIBIDO). En todo caso, iba construyendo en referencia a estos elementos, hasta que, ya digo, Star Wars hizo el Universo en verdad ilimitado. Star Trek y Espacio 1999 lo intentaron, pero... no con la grandeza de Star Wars.

[ Y se me plantea ahora: un lector que lo más «fuerte» que hubiera visto (o sea, podido incorporar a su bagaje para que, al leer un símil, encontrase el color, el ángulo, el rostro) fuera EL ENIGMA DE OTRO MUNDO, ¿aceptaría este raudal de poderosas fantasías que la era digital está pariendo? Volvemos a lo de que, en realidad, vemos la concepción particular de George Lucas, pero conviene considerar que esos planetas y razas, las máquinas, las diseñan gentes cuyas mentes tienen un alto porcentaje de «sincronía», pues se alimentaron con parejas fantasías. Ese lector, ¿consideraría un exceso dionisíaco AVATAR, enrocándose en la defensa numantina de los, supongamos, DIARIOS DE LAS ESTRELLAS? ¿Jamás la Imagen (para él) superará la Palabra? ].

Los jóvenes que deben seguirnos cuentan con una paleta de tonalidades y situaciones inédita en la Historia. Mientras nosotros dependíamos de la imaginación (que a veces daría imágenes imperfectas), ellos ya lo están viendo. Sólo deben incorporarlo a su concepción y rediseñarlo un poco para evitar una acusación de plagio. Esto ahora lleva a considerar: si todo está ya hecho, ¿querrán innovar, harán aún más espectacular el género? La imaginación, tan bien nutrida, ¿se esforzará en concebir nuevas y más epatantes fantasías? ¿O hará todo lo contrario? ¿Apostará por un minimalista hard?

Un vistazo al mundo del cómic nos muestra que, cuanto más acabado está el lápiz del dibujante, más adornado de efectos de photoshop, más pobre es el aspecto literario. Stan Lee sembraba de comentarios (muchos, estúpidos) cada viñeta; hoy día se leen telegramas, cuyo laconismo aun induce confusión. Esos tebeos desprenden la sensación de que ya todo está visto, no hay necesidad de innovar (como no sea una salvajada sádica). Y luego pende sobre el autor la amenaza de que una plancha abarrotada de texto no la lee el moderno lector. Esta es una regresión intelectual que internet ha propiciado.

Nunca faltarán fabuladores, por supuesto, que además ya han visto, con gran rigor, los Mundos Exteriores, los cyborgs asesinos, los escenarios del futuro, y podrán ajustar sus fantasías a lo que conocen como si fuera el camino a su casa. Pero dudo de que, por esto, la ciencia-ficción, hasta la encumbrada fantasía, haga un solo lector más de los que tenga ahora. Porque el problema radica en una cuestión educativa, no de géneros, de generaciones; ¿no hablan los medios con retintín desdeñoso de la ciencia-ficción, pese a que, ahora mismo, es la que inyecta capital a la industria? Todo ese gran despliegue que James Cameron ha hecho en AVATAR nos nutre a nosotros, pero no al espectador medio, al que seguirá disparando el pulso un chut que acabe en gol desde el centro del campo. El resto, las seductoras princesas de piel azul, son sólo... chiquilladas.

© Antonio Santos
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Antonio Santos es escritor, articulista y mantiene el blog Una historia de la frontera