Especial Decimoquinto Aniversario Francisco José Súñer Iglesias
Otra generación, otras formas
Especial Decimoquinto Aniversario
por Francisco José Súñer Iglesias

No recuerdo cuando empezó a fascinarme la ciencia-ficción. Tengamos en cuenta que mi infancia estuvo salpimentada por las noticias de las expediciones de soviéticos y yankis a la estratosfera y un poco más allá, hasta la culminación definitiva con aquel famoso saltito de Neil Armstrong el 20 de julio de 1969. Hacía justo un mes había cumplido yo seis años y para mi viajar al espacio ya era parte de mi cultura (que no de mis costumbres, no nos liemos) En años sucesivos la Luna se convirtió en un destino casi turístico y los envíos de artefactos a Marte y al resto del sistema solar en algo habitual pero no menos fascinante.

Todo aquello, en vez de convertir en cotidiano la exploración espacial estimuló mi imaginación, me llevó a pensar hasta donde podrían llegar aquellos locos cacharros, y como se comportarían sus chalados tripulantes en aquellos lugares todavía por comprender. Darle vueltas a eso y descubrir que había todo un género literario que llevaba décadas dando múltiples respuestas a esas cuestiones fue todo uno, y hasta hoy.

Ahora la ciencia-ficción está en horas bajas, la producción, sin ser despreciable, es errática y sufre de una crisis de identidad al verse enfrentada a generaciones de lectores que, viviendo como viven en el futuro (ese futuro que imaginaban los clásicos), son difíciles de sorprender. La ciencia-ficción ya no da respuestas a los retos científicos, la realidad se adelanta y cada tres meses pone encima de la mesa nuevos materiales, cacharros y tecnologías que si ya de por si se hace cansino asimilar, no son menos difíciles de integrar en una novela o película sin que corran el peligro de quedar desfasadas en muy pocos años, por no hablar de que las previsiones que se hagan en la novela tienen un periodo mucho más corto de vigencia que hace unas décadas.

A ese erratismo también se suma los excesos literaturistas en los que caen demasiados autores preocupados porque el género ha sido tradicionalmente tomado a chirigota «Vais a ver que la ciencia-ficción también puede ser Alta Literatura» y con esto en mente las pasadas de frenada en forma de redacciones plúmbeas y tomos elefantiásicos se convierten en el pan nuestro de cada día.

Con estos mimbres ¿qué interés puede tener un adolescente en la ciencia-ficción? Si yo me hubiera encontrado este panorama en su tiempo creo que ni habría prestado atención al género. Afortunadamente estaban fácilmente disponibles toda una serie de obras que todavía mantenían la promesa de nuevos mundos, y además en unos formatos muy manejables a buen precio. Historias fascinantes en lugares ignotos que iban directas al grano, sin pasarse de extensión, y muy cerca todavía del precio de las novelas de a duro (con las correspondientes correcciones inflacionistas) Por supuesto que esas novelas no han desaparecido del mapa, pero ya no son novedades, y algunas son francamente difíciles de encontrar... incluso si se sabe lo que busca. Lo que se ofrece ahora al lector adolescente le supera, a no ser, claro, que hablemos de toda esa ciencia-ficción militarista (con David Weber y John Scalzi a la cabeza) juegos novelados (Warhammer, que no dejan de ser más de lo mismo) y en general cosas que, en realidad no dejan de ser fantasía o batallas navales en un ambiente futurista.

No obstante, la ciencia-ficción sigue vigente de otras formas, esa ambientación de la que hablaba es atractiva e impregna una buena cantidad de cómics y películas, y aunque en la televisión también esté de capa caída, series como Doctor Who o Fringe hacen, cada una en su ámbito, por mantener alto el pabellón, aunque no dejan de ser excepciones.

Pero quien sabe, los hijos de muchos de los aficionados ya talluditos empiezan a entrar, cuando directamente no la han pasado ya, en la adolescencia. Quizá ahí tengamos el relevo generacional del que tanto se habla y tanto se espera.

© Francisco José Súñer Iglesias
(654 palabras)