Catástrofes económicas
por Francisco José Súñer Iglesias

Estamos acostumbrados a que la ciencia-ficción nos muestre civilizaciones colapsadas a causa de guerras devastadoras, catástrofes naturales más o menos provocadas, invasiones extraterrestres o simple decadencia social y moral, pero lo que no es tan frecuente (y bienvenidos serán los ejemplos) es la descripción de una sociedad que se ha fagocitado a si misma a base de deuda, paro y pura parálisis política.

Las guerras y catástrofes naturales son fantásticas para el autor de ciencia-ficción porque le ofrecen todo lo que necesita para construir una historia de corte espectacular: acción, explosiones y movimientos de masas y de tierras, además, las invasiones extraterrestres ofrecen más de lo mismo con el añadido de seres convenientemente odiables, las decadencias también son muy golosas porque se pueden describir escenas picantes sin tener que justificarlas demasiado.

¿Pero una crisis económica?

«¡Cielos! ¡Que tema tan aburrido! Además, la economía no hay quien la entienda» Puede que nadie la entienda (no, los economistas tampoco parecen tenerlo claro) pero no hay más que comprobar como las crisis cíclicas del sistema capitalista han conseguido una y otra vez llevar a naciones y continente al borde del colapso.

Desde el Crack del 29 hasta la crisis de los 90, pasando por varios altibajos de los que las diversas guerras calientes o frías desviaron la atención, la historia del siglo XX es la de una formidable montaña rusa en la que valores y economías nacionales suben como la espuma para derrumbarse a continuación en abismos sin nombre. Aunque ahora algunos países estén ahora a salvo de la conmoción que recorre Europa, no hay más que recordar el estallido de la burbuja inmobiliaria a principios de los 90 en Japón los dragones asiáticos quemándose a si mismos en 1997, el corralito Argentino en el 2001, las actuales dificultades de la zona Euro son consecuencia directa del derrumbe, también inmobiliario, de 2007 en Estados Unidos (que pese a la distracción europea, no se ha recuperado aún)

¿Por qué entonces apenas hay obras dentro del género que profundicen en ello? Como ya he comentado, mi sospecha fundamental es que ningún autor es experto economista, de modo que ninguno se ha atrevido a empantanarse en unos temas que a los expertos ya de por si les resulta complicado augurar, por que esa es otra, la economía es, fundamentalmente, una disciplina predictiva, que intenta interrelacionar una cantidad, a ser posible controlable, de variables para pronosticar por donde y de que forma se moverá el dinero pasado mañana. Extraño sería, por tanto, que un economista se metiera a escribir ciencia-ficción cuando su trabajo precisamente consiste en (aparte del manido chiste de predecir el pasado), establecer que va a pasar en el futuro, además, serían no novelas demasiado buenas. ¿Cuántos economistas millonarios conoce? Y no hablo de especuladores que a base de fuerza bruta (compran y vender en cantidades desorbitadas) y un tan astuto como poco ético manejo de la información no hacen más que enriquecerse. Hablo de todos aquellos que le dicen a usted que va a pasar pero se cuidan muy mucho de meter todos los huevos en el mismo cesto.

Para acabar, el único ejemplo claro que se me ocurre ahora mismo es LA REBELIÓN DE ATLAS, de Ayn Rand. Un radical alegato liberal (objetivista, al decir de la señora Rand) en el que las políticas proteccionistas e intervensionistas de un estado ciego y torpe acaba con el tejido productivo. Lo malo es que la novela, de puro maniquea no aporta nada interesante al análisis económico e industrial.

© Francisco José Súñer Iglesias
(586 palabras)