Remember, remember..., V de Vendetta
por Antonio Santos

Hoy, día de Guy Fawkes, mercenario de la corona española en sus tiempos, no quiero dejar escapar la fecha sin hacer una pequeña digresión sobre V de Vendetta, la monumental obra de Alan Moore. Salpicaré la desafortunada adaptación al cine que sufrió no hace tanto (aunque debido al vértigo de la sociedad en la que nos obligan a vivir parece que pasó ya un siglo) diciendo que me parece una birria decepcionante que apenas rascó la superficie. Pero era de esperar, debido a sus autores.

Como otros millones de lectores por supuesto que me siento fuertemente fascinado con esta obra que apareció, temporibus illis, publicada por entregas en la revista británica Warrior, y hasta permití que su ideología me calara. V de Vendetta me mostró que debemos (por pelotas) recelar de los líderes, sin discriminar en su ideología o color político, porque son unos tíos (pronto, tías) que nos colocan ahí para colmar unos intereses espurios y tenemos que hozar con ellos porque es la democracia. Cierto que responsabilizarse de algo, tomar decisiones y más de gravedad, es algo que no todos desean y muchos eluden como el salmón FINTAN se escurría por el río: con vivo impulso. Alguien tiene que sacar la basura y ¡ay del que decida hacerlo! Jamás lo hará a gusto de todos.

Pero eso es una cosa y otra que una organización de oscura gente con los bolsillos llenos (o que busca tenerlos así) y sobornables nos promuevan cierta figura que se supone reúne una serie de virtudes para guiarnos óptimamente por el futuro, alguien de quien no sabemos más que la falsa apariencia como pinta en un cartel. No hablamos con esa persona; no sabemos cómo trabaja. Cuál es su carácter. Su honradez, por mor de la política, oscila entre lo dudoso y nulo. Existe tras una pantalla confeccionada por estilistas, fotógrafos y escritores de ciencia-ficción (¡esos asesores sí que merecen los Nebula y Hugo! ¿Fantasía? ¡La suya!) que nos lo edulcoran hasta el empalago. Y, con esto, «¡ROBOTS DEL AMANECER! ¡VOTAD!» El voto es un pequeño orgasmo que se le permite a la colectividad cada cierto tiempo (seguido tras el gran orgasmo de las pancartas). El arma del pueblo ante el infame político. Sólo sirve para poner a sinvergüenzas sin escrúpulos o cretinos/as en el poder, pero nos tienen del todo/completamente engañados con que sí, que entienden el mensaje lanzado desde las urnas. (Tras confesar eso, con voz grave y serio semblante, se giran y nos hacen un corte de mangas).

Desconfía del líder: es el valioso mensaje que lanza V de Vendetta y que todos deberían aprender. Comprendamos que el líder es necesario: si todos hacemos lo que nos parece, íbamos a durar justo el tiempo que los que se organicen en una banda quieran. Pero hemos de ser exigentes con el líder. Y rigurosos con su conducta. Y su política. Y, como buen alumno de la obra de Moore, por supuesto, seguía sus preceptos.

Hasta que me mostraron la FALACIA que contiene V de Vendetta. (Aquí es donde sus detractores se frotan, ¡ajá, jajá, já! las manos) Tan obnubilado estaba con el dibujo de David Lloyd, los sombríos colores de ese Londres post nuclear, las perlas filosóficas de Moore, que no advertí la FALACIA hasta que un gran GRAN anarquista fan de la obra, en un entusiástico paroxismo por su dogma, me la mostró. Además, remacha todo lo que Moore consigna explayándose con comentarios enfáticos y demostrando que, SÍ, EN EFECTO, ese mundo ¡ES POSIBLE!

Yo no tuve en cuenta que V de Vendetta es una obra de ficción de un hombre que debía cumplir con unas fechas de entrega y tener vil metal en los bolsillos, para pagar deudas y comprar más papel para escribir. V de Vendetta no es ningún santo evangelio ni unas reglas de urbanidad que seguir a rajatabla. Es un sueño muy bien contado. Seguir V de Vendetta es como profesar religión Jedi. Extravagancia, a lo sumo. (Y más después de haber visto a los anarcos hacer propaganda: todos querían quitar a los mandamases actuales para ponerse ellos a gobernar. ¿Pues no que, los que reniegan de los líderes, los tienen? ¿Qué anarquistas son esos?) En cambio, de quien hablo, lo estima el Gobierno del Siglo XXI y más. Cree en el Sueño. Espera verlo pronto aplicado.

No ve la FALACIA. No se percata de que la obra se apoya en un pilar imposible, irreal: la absoluta garantía de que los ciudadanos anarquistas se comportarán íntegramente y con responsabilidad en todo momento. No tramarán malversaciones, atracos o estafas. No mentirán. Serán trabajadores y cumplirán. V de Vendetta ignora por completo el factor del género humano.

Desmoronado el mito, reduje V de Vendetta a su justa dimensión. Sigo creyendo en que debemos desconfiar de los líderes, y cada día más. Pero la FALACIA de que el Hombre actuará según se espera en esa novela gráfica, que será instruido y no habrá que castigarle por sus crímenes, sino educarle y guiarle con sabiduría, es absurda.

Puestos a elegir, pensé, prefiero en última instancia vivir en la democracia judicial de Judge Dredd porque, pese a todo, Dredd impediría que las cosas se desmandasen. En algún momento, su torvo sentido de lo correcto y lo legal se revolvería contra las leyes injustas o abusivas, los excesos, aunque estuviesen grabados en piedra, y el hierático Juez de Mega City devolvería la sensatez al mundo.

En la democracia anarquista de V de Vendetta no existe tal garantía. Nadie diría hasta aquí llegó, por mucho que los vendettistas quieran creer y hacernos creer. Eso significaría atacar sus propias entrañas. Dejarían de llamarse anarquistas.

© Antonio Santos
(943 palabras)
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 5 de noviembre de 2010