Llegó Amazon
por Jacinto Muñoz

Amazon, la compañía de comercio electrónico más grande del mundo, ha llegado a España. Es un acontecimiento empresarial y circulan por ahí bastantes artículos que especulan sobre las implicaciones que para el comercio tradicional traerá la llegada de este monstruo que supera en valor bursátil a Telefónica, nuestro buque insignia en el mundo de las grandes corporaciones, yo aprovecharé la noticia como excusa para hacerlo sobre el mundo de los libros, el negocio con que esta tienda virtual empezó, aunque ahora vendan hasta relojes.

Mi vaticinio es que las grandes cadenas de libros tienen el futuro muy negro, no sólo porque una plataforma con prestigio, precio y rapidez en las entregas pueda competir con éxito frente a tiendas a pie de calle (demostrado está con sitios como Cyberdark) sino por lo que ya he defendido en más de una y de dos discusiones: en cinco o diez años, el libro electrónico, los de Amazon y los de otros, terminará imponiéndose.

Dejando a un lado si es o no triste la desaparición de pequeños negocios incluso si estos podrán competir contra el nuevo gigante en mejores condiciones que las grandes superficies estas últimas no podrán decir que no se veía venir, han tenido años para posicionarse con ventaja en su propio terreno y si pierden esta guerra será porque los muy inútiles ante la amenaza no han hecho otra cosa que quejarse de la piratería y crear un engendro como Libranda.

Sí, es un debate recurrente en los últimos tiempos y no son pocos los que defiende la permanencia del libro tradicional, no seré yo quien pronostique su completa desaparición, sí su repliegue a nichos como el de los vinilos. Lo siento, a mi me gustan, pero si descartamos un factor propio de nuestra generación: el amor por el papel impreso y encuadernado, un componente que tiene más que ver con la experiencia adquirida que con la única ventaja indiscutible: no consume batería; los demás, los que importan, están a favor de las tabletas y los lectores: disponibilidad inmediata, a un clic o pulsación del dedo —olvidaos de teclear la Visa cada vez que compráis y pasar por cincuenta pantallas para descargar un libro con DRM que después hay que importar a Adobe Digital Editions para de poder transferirlo al lector. El Kindle funciona al estilo de Appsotore o AndroidMarket, una vez dado de alta sólo debes preocuparte del recibo de la tarjeta a fin de mes—; precio: los libros digitales ya son un 40% más baratos que en papel y seguirán bajando y por su puesto capacidad de almacenamiento, ideal para los tochos tan de moda que pocas veces bajan de las seiscientas páginas.

En otros aspectos como la belleza, el ser manejable, poder llevárselo a la cama, que no se rompa por una caída o que adorne en las estanterías, la cosa está muy igualada, solo hay que ver como mi hijo de trece años (otra generación) contemplaba la tableta que le regalaron por su cumpleaños y lo que hace con ella sin que hasta ahora, después de varías caídas, haya sufrido más que un leve arañazo lateral.

Se mire como se mire la tecnológica de las comunicaciones, una revolución que comienza a ser antigua, ha llegado al mundo de los libros y está afectando a todo el modelo de negocio, desde el autor hasta el punto de venta, como ya ha hecho con la música y el cine.

Me atrevo a afirmar que si sólo fuera por las posibilidades que ofrece la técnica, hoy por hoy podríamos prescindir del ochenta o el noventa por ciento de la estructura de la industria editorial. La realidad es distinta, la inercia al cambio, el que no todos los lectores, personas en este caso, dispongan de un dispositivo y una conexión de datos adecuados y la lógica resistencia de los hasta ahora dueños del cotarro a perder su posición de privilegio y derechos adquiridos, harán que el proceso lleve tiempo, cinco a diez años decía antes, pero está en marcha y el que se duerma quedará fuera del juego.

Las imprentas y distribuidoras lo tienen muy crudo, también los maquetadores, aunque se seguirá necesitando una buena presentación en el mundo electrónico, los de la publicidad suelen adaptarse bien y las librerías tendrán que buscar su hueco en el trato personal y el cliente de toda la vida. ¿Y que pasará con los autores? Piedras angulares de todo el tinglado, esto está más difícil de prever, los que venden están encantados con el sistema actual, que no se confíen, también tendrán que espabilar, puede que incluso mejorar porque los nuevos mecanismos (Kindle direct Publishing o smashwords) permiten a cualquier juntaletras vender sino en las mismas condiciones, si en las misma tiendas. ¿Y el editor? Ese poder omnímodo que hasta ahora viene decidiendo quien es y quien no es digno de publicarse, tal vez deba recuperar su papel de filtro, guía y consejero si no quiere que blog, sitios Web, paginas de facebook medio decentes o el moderno boca a boca que gorjea por la red le dejen fuera de juego como selector de calidad.

Quien sabe, tal vez otro Steve Jobs nos sorprenda con un nuevo y extraordinario artilugio, que la próxima tormenta solar arrase con satélites, cables de datos y redes eléctricas o que la crisis económica nos lleve a todos de vuelta a cultivar los campos de nuestros bisabuelos, en caso contrario, tiempo al tiempo, puede que me equivoque en lo concreto o en algunos años, pero cuando me jubile, si me dejan, el panorama editorial, el de distribución de contenidos de ocio y cultura en general, no será el que ha dominado durante los últimos cincuenta años o más.

© Jacinto Muñoz
(949 palabras)