¡He escrito una novela!
por Francisco José Súñer Iglesias

Regularmente recibo notificaciones de autores más o menos impetuosos comentándome que han escrito una novela de ciencia-ficción y que ya está disponible para su descarga e, incluso, para su compra en variados formatos.

Así, tal cual, sin más. Incluso el enlace a la web donde se ¿amplia? la información sobre la obra parece una deferencia un tanto perezosa.

Esa actitud me resulta desconcertante. Se supone que si alguien pretende promocionar su recién estrenada novela, tendrá un especial cuidado a la hora de publicitarla. Se espera un breve resumen, algunas palabras del autor respecto al libro y a si mismo, una ficha técnica para ubicarla, una portadita o presentación chula. Pero no, nada. Solo una breve y escueta notificación que, como mucho, invita a borrar el mensaje directamente.

Como ahora ando ejerciendo de agente literario (por aquello del «Oye, tu que conoces gente, ¿por qué no les presentas mi novela?», no porque tenga intención de ampliar mis actividades en ese sentido) voy a enumerar una serie de puntos que considero más que interesantes a la hora de presentar a los lectores una novela, sobre todo si el autor es desconocido/novel.

Por lo pronto, el autor tiene que dejar de ser desconocido/novel. Para conseguir lo primero lo mejor es hacerse una autopromoción previa durante el periodo de escritura de la novela, por ejemplo, a base de frecuentar foros, listas, redes sociales y portales relacionados con el argumento del libro. Por supuesto, participando activamente, y con el nombre o el pseudónimo que haya elegido para pasar a la gloria. No sirven apodos, nicks o como se quieran llamar, tiene que ser el nombre de batalla, sería absurdo promocionar «otro» nombre, dejando el propio en el anonimato. Por cierto, hay que procurar ser sensato con lo que dice y/o escribe. No meterse en batallas inútiles ni hacerse enemigos. Se supone que hay que dar buena imagen, no crearse fama de cretino.

Con eso se consigue dejar de ser desconocido, al menos entre los círculos de potenciales lectores. Dejar de ser novel se consigue publicando aquí y allá. Existen decenas, centenares, de webs y revistas electrónicas (lo del papel, en general, es cosa del pasado) Seguro que algún que otro relato espera su momento en el fondo del cajón, se deben desempolvar, revisar y hacerlos circular entre publicaciones especializadas, o no, que nunca está de más tener una bibliografía de «amplio espectro». Poco a poco se construirá un nombre literario y un currículum que será de utilidad más adelante. Tampoco es necesario prodigarse exageradamente, la dactilorrea suele causar una cierta desconfianza. La labor de articulista también es recomendable; demuestra tener un bagaje cultural sólido, aunque no tanto lanzarse a reseñar obras de terceros; la figura del autor-crítico no es siempre bien comprendida. Ganar premios, o al menos aparecer en diversas listas de finalistas, también es interesante, pero es una empresa a largo plazo, no se debe descartar pero si tener en cuenta que solo será «rentable» cara al currículum si la actividad como escritor también se plantea, igualmente, a largo plazo.

Una vez terminada la novela, hay que plantearse que clase de vida se le quiere dar. Ante todo, por mucho cariño que le tenga, y muchas horas de arduo esfuerzo que haya invertido en ella, el autor debe ser su primer y más despiadado crítico caníbal, la autocomplacencia solo lleva a la frustración y el victimismo. No digo de quemarla si el resultado del examen no es satisfactorio, pero si ajustar las expectativas al valor real de la obra. Una vez que se tenga claro este punto, la primera opción siempre debe ser intentar la publicación tradicional, es decir, presentar la obra a un editor, que la evalúe y sea él quien apueste su dinero en la publicación (es una forma de ver al editor en la que poca gente repara), como se ha hecho toda la vida. Es hora, pues, de cambiar el sombrero de artista por el de negociante.

¿Cómo presentar entonces el libro? Lo último es enviar el manuscrito tal cual. Hay que ser eficiente, ahorrar trabajo al editor a la vez que se le pica la curiosidad. Lo propio es preparar un dossier con una breve biografía (de ahí la necesidad de un currículum presentable), el argumento completo (unas 500 palabras, un folio, basta), nada de resúmenes o sinopsis, hay que contar el final, quien muere y si el chico y la chica se casan, y añadirle de diez a veinte páginas de fragmentos escogidos, algo que se pueda leer en media hora y ofrezca una imagen lo más exacta posible de la novela. Puede que siga sin interesar al editor, pero la respuesta será mucho más rápida. Si por el contrario interesa, ya será el propio editor quien pida el manuscrito completo para leerlo... eso tampoco garantiza nada, pero es un enorme paso adelante. Por cierto, para presentar un relato a una publicación periódica tampoco está de mas un mínimo dossier (con el resumen) aunque en este caso no tiene sentido adjuntar fragmentos escogidos, sino directamente el relato completo. Por argumento o género puede no interesar a los responsables de la publicación, e igualmente, cuanto antes contesten, mejor.

También se puede optar por contratar los servicios de un agente literario que asesore y mueva la novela en el mundo editorial. Lo del asesoramiento, sobre todo el legal, es importante, y si el agente también se implica y orienta respecto a la bondad de la novela, y las posibles modificaciones y correcciones a realizar antes de intentar colocarla, mejor que mejor. Ojo: trabajan a porcentaje sobre los beneficios de la obra, pero bien vale la pena si el proyecto sale adelante.

Si este esfuerzo (que adelanto muy poco gratificante, hay que ser constante y mantener la moral) acaba siendo baldío, y sigue el interés en publicar la novela, la autoedición es la siguiente opción. En internet hay plataformas especialmente pensadas para autoeditarse, ofrecen una buena cantidad de facilidades tanto en la edición en papel como electrónica, pero ante todo son una inversión para sus promotores. El negocio de estas plataformas consiste en aportar al autor las herramientas suficientes para publicar y distribuir su obra, y el beneficio se obtiene a partir de una participación en las posibles ventas. Cualquier otra consideración debe ser vista con recelo: hay que desconfiar, cuando no descartar directamente, de todo aquel que pida dinero por adelantado. Jugar con la ilusión de la gente no es bonito. No hay que prestarse.

También se puede montar una plataforma propia, crear ediciones electrónicas, imprimir los libros, distribuirlos, etc.. Al respecto, las combinaciones son infinitas. Eso si, hay que procurar que alguien entendido construya la web, maquete el libro con elegancia en los distintos formatos elegidos, y hasta decida la imprenta más adecuada. El autor solo tiene la obligación de escribir bien sobre asuntos interesantes. El resto de las habilidades no suelen estar a su alcance, y es más que probable que en la singladura por foros, listas y redes sociales se haya conocido a quien pueda echar una mano con un mínimo de competencia en cualquiera de ellas. También se puede acudir a profesionales de cada ramo, todo depende de lo que se esté dispuesto a invertir, y aunque el resultado será impecable, hay que pensar bien si hay alguna perspectiva de recuperar el desembolso (vaya, ahora puestos en la piel del editor, éste no resulta ser tan perverso).

Una vez que el producto esté disponible, comienza la fase de promoción. Aquí es donde prácticamente todos los autores anónimos/noveles fallan estrepitosamente. Como he dicho al principio una simple nota indicado donde se puede conseguir la novela no sirve de nada. Hay que adornarla, escribir una «contraportada» con un resumen evocador, y una «solapa» con una biografía atrayente, pero sin ser triunfalista, las notas deben ser atractivas sin destilar autocomplaciencia. La ayuda de terceros al respecto también es recomendable. Esa nota de prensa se debe distribuir en los foros, listas y redes sociales de los que ya se habló. Retomemos el dossier, remítase, además de la nota de prensa, a los responsables de las publicaciones y webs especializadas (o no) en las que gustaría ver reseñada la novela. Al igual que ocurría con los editores, servirá a modo de gancho para que alguien se decida a leerla. Hay que tener descaro, enviar nota y dossier a las publicaciones generalistas, e incluso agencias de noticias, tiene el mismo coste y ningún perjuicio. Muchas webs están dispuestas a publicar avances (unas pocas páginas), no está de más preguntar por esa posibilidad. La propia web del libro también debe ofrecer contenidos consistentes. Las notas y la documentación utilizada durante la escritura suele ser objeto de curiosidad y acerca el autor al lector.

A partir de aquí ya todo dependerá de la bondad intrínseca del libro, aunque eso tampoco es una ciencia exacta; basura literaria se vende admirablemente bien, mientras que obras notables nunca levantan cabeza. Y en el mundo de la autoedición la cosa no es muy diferente, los «casos de éxito» son eso, casos de éxito, no garantía de que el modelo funcione mejor que la edición tradicional. Lo que se debe tener claro es que la novela, no tiene vida propia, no se vende sola. Si no se trabaja para que sea conocida, no se estimula la curiosidad ni el boca a boca, languidecerá tristemente, cogiendo capas y capas de polvo y electrones.

Aquí, algunos ejemplos de cómo se pueden hacer las cosas:

Y algunos ejemplos de lo que no conviene hacer:

© Francisco José Súñer Iglesias
(1.639 palabras)