Las lecturas de agosto
por Luis Del Barrio

Agosto es un mes ideal para leer. Todo está más tranquilo, en el trabajo las cosas se relajan (o mejor dicho, no está el jefe y, una vez cumplidas las obligaciones, no hay que hacer propias sus «brillantes» ideas), los transportes públicos, e incluso calles y carreteras, están descongestionados, hay quien consigue unos días de gracia en los que familia y amigos «emigran» dejándole de rodríguez a efectos familiares y sociales, en fin, se disfruta más del tiempo, del tiempo propio, ese que durante el resto del año no existe.

Yo siempre he aprovechado esta época para atacar lecturas algo más densas de lo habitual, quizá el calor no sea lo mejor en estos casos, pero la relativa tranquilidad de la que se disfruta se adecua bastante a una tarea tan reconcentrada.

Una las primeras novelas que recuerdo haber dejado para esta época fue A CABEZA DESCALZA, de Brian Aldiss. Intenté leerla cuando lo compré, en una Feria del Libro, pero no pude con ella. Los juegos de Aldiss con las palabras, los tiempos, y la misma realidad acaban por resultar farragosas, poco comprensibles y para nada indicadas en una lectura apresurada, o al menos en unas condiciones poco favorables. La relectura agosteña no aportó realmente nada a la abortada en plena primavera, No tengo muy claro que pretendía Aldiss, pero la época en la que fue escrita, en plena psicodelia, imbuida de múltiples experimentalismos, no ayuda para nada a la coherencia de la obra ni a un resultado claro, y menos aún satisfactorio.

Algo parecido me ocurrió con EXPRESO NOVA, de William Burroughs. Esta me la regalaron unas navidades y tampoco pude ir más allá de las primeras páginas. Ese mismo verano la ataque con energía y el resultado fue igualmente muy poco atractivo. Burroughs ha hecho mucho daño a toda una generación, sus delirios desde lo más profundo de la drogadicción solo pueden tomarse como lo que son, delirios de un drogadicto. No creo que ni en EL ALMUERZO DESNUDO, en YONKI o ninguna de sus obras, Burroughs aporte nada más que frases alucinadas y episodios extravagantes, su fama literaria está apoyada en su vida desquiciada y su eterna pose de malote. EXPRESO NOVA no se salva, y ni leyéndola con calma pude sacar nada bueno de ella.

El maestro Lem tampoco se escapa al intento de la relectura veraniega. REGRESO A ENTIA, otro regalo navideño, no superó el fin del invierno, y tampoco la correspondiente relectura veraniega. En esta novela Lem resulta cargante y aburrido, el relato en el que se basa, o mejor dicho, del que es continuación, uno de los muchos viajes de Ijon Tichy en DIARIOS DE LAS ESTRELLAS, es divertido y ocurrente, REGRESO A ENTIA es plomizo, y no solo por el estilo desarrollado por Lem, sino también por el peso y densidad del volumen.

Otra obra que dejé para agosto fue DUNE. Aunque es universalmente celebrada, tampoco son pocas las voces que la acusan de innecesariamente farragosa y demasiado pegada al detalle inútil. Una vez que la leí no puedo estar en total desacuerdo con esta segunda percepción, pero me adhiero a la celebración universal. Para que no haya duda, de lo que me pareció, solo decir que me la leí de una sentada, en una maratoniana sesión de sábado tarde-noche y domingo por la mañana-tarde. De acuerdo que los personajes son arquetípicos y los diálogos envarados, pero Herbert juega perfectamente con esos ladrillos para construir un edificio literario más que apasionante.

Este año estoy embarcado en la lectura pausada de LIMITE, de Frank Schätzing, no tanto por espesa, que en algunos pasajes lo es, y en grado máximo, sino por las más de 1300 páginas de novelón en las que se debe invertir un tiempo. Mucho tiempo. Hasta ahora bien, Schätzing es un narrador hábil, la historia es apasionante, amena, y, en mi opinión, muy visual. Lástima que también es lenta, morosa y con más detalle del que es deseable, pero eso es un defecto común a toda obra que desplace tal tonelaje.

© Luis Del Barrio
(674 palabras)