Aprendiendo
por Francisco José Súñer Iglesias

Hace relativamente poco tiempo escribí un artículo respecto a la progresiva «lostización» de las series de televisión. Por «lostización» entendía la acumulación indiscriminada de misterios, la resolución insatisfactoria de los mismos y el colapso final de la serie cuando los guionistas se declaraban incapaces de ofrecer un desenlace coherente con todo lo relatado hasta el momento, cerrando además de forma insatisfactoria las incógnitas planteadas. Como efecto secundario también está la progresiva trivialización del argumento, consecuencia inevitable de dar vueltas una y otra vez a cuestiones que no se piensan resolver, lo que lleva inherente el abuso de diálogos insustanciales entre los personajes.

El intento de los responsables de FlashForward por engancharse a la fórmula triunfante de Lost acabó en un estrepitoso fracaso porque no supieron comprender que las fórmulas inconsistentes, por muy exitosas que hayan sido, caducan en si mismas, y el público no estaba dispuesto a soportar las mismas frivolidades dos veces seguidas. El parón, reconstitución del equipo de guionistas y reconducción de la serie no sirvió para ganar el favor del telespectador, que no estaba dispuesto a otros seis años de promesas incumplidas.

Como de todo en la vida se aprende, la serie The Event, creada para la NBC por Nick Wauters, y estrenada en Estados Unidos a finales de 2010 (en España la emiten TNT, cadena de pago, y Antena 3, en abierto) ha evitado los problemas de Lost y los previsibles de FlashForward planteando y resolviendo misterios rápidamente. Las incógnitas que se presentan episodio a episodio no duran más de dos o tres, no todos son resueltos con tanta celeridad, hay algunos que supongo no se aclararán hasta muy avanzada la serie, o incluso quedarán en el aire, pero vistos unos cuantos episodios no se tiene la sensación de que aquello no va a ningún sitio ni tiene objetivo concreto. Todo parece bien ubicado, las piezas, incluso los innumerables huecos que todavía dejan entre si, encajan aceptablemente, y no hay dudas de que cuando estén todas visibles mostrarán un mosaico coherente y reconocible. Ya Fringe retomó la sana costumbre de cerrar adecuadamente las historias, de construir misterios con explicaciones alineadas con el argumento, puede que fantasiosas y desaforadas, pero no forzadas ni traídas por los pelos, y no esperar al último momento para sacar el primer conejo que asome por la chistera.

El argumento de El Evento trata, en esencia, de un extraño grupo de refugiados capturado en 1944 en Alaska, mientras se dirigían hacia un destino sin determinar. Los refugiados, aún pareciendo perfectamente humanos, presentan una serie de características desconcertantes. Son encerrados en una base militar construida rápidamente al efecto, y durante 66 años permanecen ocultos, como secreto de estado, hasta la llegada al poder del presidente Martínez, que decide liberarlos. Un enigmático grupo de influencia no parece muy entusiasmado con la idea, y hace todo lo posible por impedirlo. Los propios refugiados también tienen sus propias ideas al respecto, y maniobran en consecuencia. A partir de ahí se desencadena una trepidante sucesión de atentados, persecuciones, conspiraciones dentro de conspiraciones, con toda clase de infiltrados, agentes dobles y asesinos sin piedad. Lo interesante de El Evento, y que la hace muy distinta a Perdidos o FlashForward, es que a poco de empezar ya se sabe qué son los refugiados, en media docena de capítulos se descubren los responsables del enigmático grupo de influencia, infiltrados, agentes dobles y asesinos sin piedad no esconden sus identidades de cara al espectador, ni siquiera sus motivaciones ni orígenes. En resumen, la visión de lo que está ocurriendo es tan amplia que en ningún momento se tiene sensación de un posible desenlace absurdo y se asienta la certeza de que los guionistas se han marcado un camino y un final antes de empezar.

Puede que esto no resulte atractivo a los amantes de las tramas opacas y argumentos «inteligentes», entendiendo por tramas opacas aquellas que ocultan más de lo que explican y argumentos «inteligentes» los que están llenos de diálogos compuestos en gran proporción por sobreentendidos y frases sin acabar. Esas tramas suelen resolverse a base de deus ex machina tan evidentes que resultan vergonzosos, y los argumentos «inteligentes» acaban revelándose en toda su estupidez cuando algún malandrín desafecto desata el efecto «rey desnudo». Con El Evento esto no ocurre, es cierto que hay deus ex machina formidables y sobreentendidos evidentes, pero son parte del argumento, no resuelven el argumento.

Por supuesto no es perfecta, entre los actores hay de todo, bueno y malo, hay agujeros de continuidad evidentes (no hablo de enigmas a medio resolver o mal resueltos, hablo de claras pifias y absurdos, como heridos de bala corriendo ágilmente a las pocas horas del tiroteo) el abuso de la analepsis como recurso narrativo se hace molesto, ayuda a dar profundidad a los personajes y poner en antecedentes respecto a ciertos sucesos, pero al menos los primeros episodios, pueden llegar a hacerse incomprensibles si no se siguen con total atención.

Veremos como evoluciona (de momento solo se ha producido una temporada, y las audiencias vacilantes han puesto en peligro su continuidad por parte de la NBC, aunque SyFy parece interesada en el proyecto.) pero es un buen ejemplo de que el fantasma de la «lostización» está conjurado durante mucho tiempo de la televisión.

© Francisco José Súñer Iglesias
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