Revoluciones ciudadanas
por Francisco José Súñer Iglesias

La Spanish Revolution, o movimiento 15M, ha supuesto un revulsivo en el panorama político español más allá de las clásicas proclamas antisistema o el discurso, siempre anticapitalista, de la izquierda más purista. Lo más sorprendente del movimiento ha sido su génesis un tanto caótica y para nada estructurada. Nació el 15 de mayo, en un principio solo se trataría de una manifestación con más pretensiones de distribuida (se convocaba en todas las capitales de provincia españolas) que de multitudinaria, en ella varias plataformas como Jóvenes sin futuro o Democracia real ya querían denunciar por un lado la situación insostenible de una generación que ni tiene trabajo ni expectativas de conseguirlo, y por otro el hastío de buena parte de la sociedad con una clase política, que ha acabado por centrarse más en perpetuarse a si misma, que en gestionar racionalmente los recursos que se ponen a su disposición. Una semana después serían las elecciones locales (municipales y autonómicas) en las que el PP, el partido conservador, obtendría los réditos del desgaste del PSOE, el partido progresista, ante la crisis económica y sus consecuencias.

Lo que ningún partido, y ni siquiera los propios organizadores de la manifestación, esperaban fue que la marcha se convirtiera en algo más. El día 15 por la noche un nutrido grupo de manifestantes de Madrid organizó una improvisada ocupación de la Puerta del Sol (que aún siéndolo, ¡¡¡nunca!!! hay que llamar plaza del Sol) que fue desalojada por la policía en la madrugada del 17. Aquello supuso el detonante, la reacción no fue asumir que con la manifestación quedaban claras las reivindicaciones, sino que había que seguir insistiendo en ellas. Y así, el día de las elecciones un movimiento sin un liderazgo claro, con un ideario difuso en lo genérico pero claro en lo concreto, y nada que perder, ponía a los políticos ante la más extraña situación en la que podían estar: desde el foro público, un movimiento ciudadano, reivindicando la democracia, les señalaba, sin distinguir ideologías, como responsables directos de la situación.

Nuevamente la realidad supera a la ficción y nos encontramos ante una temática que el género, o mejor dicho, los autores que lo cultivan, no han explorado con la suficiente profundidad. Ejemplos hay, desde luego, de obras en las que la revolución es la protagonista indiscutible, incluso mundos enteros rebelándose contra los tiránicos emperadores han protagonizado decenas de libros y películas, pero han sido siempre revoluciones de corte clásico: ante una situación insostenible los valerosos oprimidos luchan a pecho descubierto contra el malvado opresor, ganando mayormente, y conquistando su libertad. O más sutilmente, conspiraciones palaciegas que minan el poder desde dentro pero no con la intención de reformar nada o derribar la tiranía, generalmete el objetivo es sustituir a un tirano por otro, más simpático o menos sádico, pero en general igualmente autoritario y personalista.

Llevo varios días dando vueltas al asunto y no recuerdo una obra concreta que trate sobre una rebelión ciudadana contra un sistema objetivamente justo, pero pervertido por fuerzas ajenas a la política y los ciudadanos. A lo sumo sería posible citar algún episodio aislado (mi memoria me la está jugando, y aunque algo la ronda no acabo de concretarlo) o el típico héroe solitario luchando contra los mecanismos del estado y venciéndolos sin discusión.

En realidad, la Spanish Revolution es una revolución de corte político, más centrada en reivindicar una refundación del modelo que cambiarlo por otro. Se ha perdido la esencia de la democracia participativa y parlamentaria, no gobiernan tanto los políticos como los «mercados», y los ciudadanos, impotentes ante fuerzas que no comprenden, tampoco entiende como sus representantes son incapaces de enderezar la situación, y lo que es peor, regirse por estrictos criterios éticos y de honradez.

Sería interesante recordar alguna obra del género que reprodujera en todo o en parte una situación similar, el mayo del 68 tendría que haber inspirado de sobra a toda una generación de escritores para que dieran forma a ficciones políticas al respecto.

Pero no hay que preocuparse, como ya he dicho muchas veces, los escritores de ciencia-ficción solo especulan, no pretenden ser adivinos ni bucear en el futuro en busca de ignotas claves.

© Francisco José Súñer Iglesias
(696 palabras)