Moral natural y moral alienígena
por Enric Quílez Castro

Hace tiempo hablé sobre el derecho natural y de cómo de diferentes podrían ser los sistemas judiciales de diferentes especies. Imaginemos un caso extremo: supongamos una especie terriblemente fértil tal que cada pareja pudiese traer al mundo a centenares de individuos fértiles a lo largo de su ciclo vital.

Es evidente que los conceptos de aborto o asesinato que tenemos los seres humanos se valorarían de manera muy diferente. Si todos los individuos sobreviviesen, en pocas generaciones, el sistema vital de dicha civilización colapsaría inevitablemente.

Asimismo, conceptos como intimidad, espacio vital o propiedad probablemente también serían muy diferentes de los que nosotros tenemos, precisamente por esa tasa elevada de fertilidad que, de no mantenerse a raya de alguna manera, produciría superpoblaciones fatales en el sistema.

El derecho está en buena medida basado en la moral y en la filosofía. Pero ahora se ha descubierto que nuestra moral está en buena medida codificada de manera innata en el cerebro, como hasta cierto punto lo está la capacidad para el lenguaje. Se han podido identificar las regiones cerebrales que controlan la moral.

¡Vaya sorpresa! Parece ser que los códigos morales que aprendemos a lo largo de la vida influyen en nuestra moral, pero que la mayor parte de ella ya está determinada por nacimiento. Parece ser que uno de los aspectos centrales de la moral desde el punto de vista neurológico es el hecho de que una determinada acción cause daño o no.

Si nuestros centros de la moral están intactos, un acto con intención de causar daño que no ocasione dicho daño podría ser juzgado con la misma severidad que si se hubiese producido el daño. En cambio, cuando las regiones cerebrales de la moral están desactivadas temporalmente (cosa que puede producirse con un fuerte impulso electromagnético en dichas zonas) o directamente dañadas, nuestra conciencia actúa más severamente sólo cuando hay daños o no tiene en cuenta tanto la intención.

Los recientes descubrimientos en el mundo de la neurología se verían fuertemente respaldados si pudiésemos comparar el funcionamiento de nuestros cerebros con cerebros de posibles seres extraterrestres inteligentes. Por desgracia, a día de hoy —que se sepa— no ha habido tal posibilidad.

© Enric Quílez Castro
(361 palabras)
Publicado originalmente en El mundo de Yarhel el 08 de abril de 2010