A cien años de «EL DÍA TRÁGICO» de Clemente Palma
por Daniel Salvo

Hace 100 años tuvo lugar un acontecimiento astronómico muy importante: el paso del cometa Halley. ¿Y por qué fue importante? Por que, a diferencia de lo ocurrido en 1986 (recuerden que el cometa Halley nos visita cada 76 años) ocasión en la que pasó tan lejos que sólo fue avistado por muy pocas personas, en 1910 el cometa Halley ofreció un espectáculo más vistoso. Téngase en cuenta, además, la menor contaminación atmosférica y visual.

Sin embargo, cabe recordar el paso del cometa Halley en 1910 por otras razones. Entre ellas, ser la inspiración para que Clemente Palma escribiera uno de sus más conocidos cuentos: EL DÍA TRÁGICO, mediante el cual asistimos a un lúgubre fin del mundo a causa de los gases venenosos que contendría la cola del cometa Halley, en la cual nuestro planeta estaría por introducirse.

No hubo atmósfera envenenada, no hubo muertos por asfixia, aunque si muchos suicidios. El paso del cometa Halley fue inocuo.

Sin embargo, como lo evidencian las noticias de la época, así como EL DÍA TRÁGICO, la humanidad vivió, algunos en mayor medida que otros, en un mundo de ciencia-ficción. Por un momento, todos fuimos seres involucrados en una catástrofe cósmica, todos participamos en la historia.

¿A qué me refiero? Pues a que hasta entonces, las nociones humanas relativas al fin del mundo venían todas de las religiones o de la ignorancia respecto a la verdadera naturaleza de ciertos fenómenos. O bien el fin del mundo era algo profetizado por la Biblia, el Corán o el libro sagrado de su elección, o se produciría por causas desconocidas.

Pero tras el avance de las ciencias, se abandonan estas nociones. Los cometas dejan de ser mensajeros de desgracias para convertirse en meros cuerpos celestes, sujetos a leyes susceptibles de deducirse. Tanto así, que Edmund Halley pudo calcular la órbita de dicho cometa ¡en 1705! «Esperen mi cometa en 1758», dijo.

Sin embargo, la ciencia no es una señora gorda que emite afirmaciones dogmáticas. Se basa en la prueba y el error, y formula hipótesis que deben ser demostrables. Y a veces, no se cuenta con la tecnología necesaria para probar ciertas hipótesis. De manera que para 1910, y a pesar de las innumerables voces que intentaban tranquilizar a la población, existía una gran parte de la población mundial que creía que el paso del cometa Halley ocasionaría el fin del mundo. Y no por que chocaría con la Tierra (la órbita estaba calculada) si no por que la cola del cometa, compuesta por gases nocivos, envolvería a nuestro planeta, llevando a todos los seres vivientes a una muerte segura por envenenamiento atmosférico. De modo que por una parte, la humanidad contó con la capacidad de prever la órbita de un cometa, y de otra, no pudo enfrentar sus temores (o deseos) más intensos, como pudo serlo el temor a la extinción. Colectivamente, y a pesar del desmentido que muchos hombres de ciencia realizaron en su momento, volvimos a convertir a un cometa en un mensajero de la desgracia. O bien volvió a ser una manifestación de la sempiterna cólera divina, o una demostración de lo insignificantes que somos los seres humanos ante el cosmos, unos seres que podían extinguirse envenenados por el mero paso de un cometa, así, sin pena ni gloria.

Clemente Palma, hábilmente, convirtió estos temores (que el sabía infundados, dada su afición a la ciencia) en materia ficcional, publicando por entregas (imagínense la angustia del lector, sugestionándose con esas lecturas, viviéndolas como un efectivo anuncio del fin de su existencia) EL DÍA TRÁGICO. Es de quitarse el sombrero esta estrategia editorial, que incluyó el uso de un seudónimo (Klingsor): Clemente Palma era conocido por su gusto por los temas macabros, de manera que un cuento publicado con su nombre tal vez no habría tenido el mismo efecto.

De manera que, además de ser un excelente cuento, EL DÍA TRÁGICO es también la crónica de un momento en la historia en el cual toda la humanidad fue protagonista (con suicidas incluidos) de una historia de ciencia-ficción.

Y gracias a Clemente Palma (entre otros) los peruanos somos parte de esa historia.

© Daniel Salvo
(689 palabras)
Publicado originalmente en Ciencia-ficción Perú el 1 de septiembre de 2010