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Y el PADD se hizo realidad
por Antonio Quintana Carrandi

La palabra plausibilidad fue la más pronunciada por Gene Roddenberry durante la preproducción de Star Trek, la serie original. Todo, desde la Enterprise hasta el último adminículo que manejaran los personajes debía parecer real, y como consecuencia de ello, los encargados del diseño y construcción de los objetos de atrezzo tuvieron que estrujarse las meninges para dar forma a los complementos que Roddenberry había imaginado para Kirk y su tripulación. Uno de los más originales fue el PADD, fabuloso artilugio que unas décadas más tarde se haría realidad.

Roddenberry había insistido en lo absurdo que sería que en el siglo XXIII se utilizaran vulgares cuadernos de notas, de modo que presionó al departamento de atrezzo de la Desilu para que produjera un artefacto futurista que no sólo sirviese como agenda de los oficiales, si no también para muchas otras cosas. Siguiendo las especificaciones del tozudo Gene, que quería algo espectacular, plausible y funcional a un tiempo, los artistas de la productora presentaron en un tiempo récord lo que pasaría a conocerse como PADD, acrónimo de Personal Access Display Device (Dispositivo Personal de Adquisición de Datos); o, lo que viene a ser lo mismo, el instrumento del que se sirven los miembros de la Flota Estelar para realizar anotaciones, intercambiar datos entre ellos y gestionar el papeleo —por así decirlo— que genera la actividad diaria en una nave, base o estación espacial de la Flota.

Aunque hace tiempo definí el PADD para el glosario del Sitio, no estará de más que me extienda un poco sobre el tema, pues éste fue sin duda uno de los cachivaches más logrados de Star Trek. El PADD venía a ser como una especie de híbrido entre una agenda electrónica y un procesador de texto. Su tamaño era similar al de un gran bloc de dibujo y estaba equipado con una pantalla especial, de tamaño folio (A4 que diríamos ahora) sobre la que se podía escribir como en un cuaderno normal empleando una especie de lápiz o puntero electrónico. Las prestaciones del PADD clásico eran notables, ya que podía archivar y guardar documentos y, por si fuera esto poco, transmitir los datos contenidos en su chip de memoria a otros PADDs u ordenadores. Este aparato causó honda impresión entre los primeros trekkies. En 1966, cuando se estrenó la serie, el artefacto más avanzado que existía para escribir era la máquina eléctrica, por la que suspiraban todas las mecanógrafas y muchos escritores. En cuanto a los ordenadores, todos sabemos cómo eran en aquel tiempo: grandes y aparatosos como armarios roperos, con discos de cinta magnética mayores que un viejo LP y ruidosos como ellos solos. A pesar de su configuración, que hoy se nos antoja algo tosca, el PADD de TOS fue, a ojos de los aficionados a la ciencia-ficción de la época, una auténtica virguería. ¡Ahí era nada, un trasto no mayor que un álbum de dibujo y que servía para tantas cosas! Todo el mundo quedó fascinado con el dichoso PADD.

Lo cierto es que, dada la precariedad económica que siempre padeció TOS, los encargados de los efectos especiales nunca pudieron mostrarnos un PADD en todo su esplendor, esto es, funcionando ante la cámara. Vemos a los protagonistas consultar algo en su pantalla, escribir en ella y tal, pero eso es todo. Los tricorders, de los que hablaremos en otro artículo, estaban mucho más logrados a todos los efectos, pues conseguían dar la impresión de que funcionaban realmente, sobre todo cuando aparecía alguna imagen en su pequeño monitor. Con todo, los PADDs cumplieron a las mil maravillas el cometido para el que fueron ideados, y no hacía falta demasiada imaginación para creer en su funcionamiento real.

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En 1987, cuando Rodenberry estrenó su nueva serie Star Trek TNG, se diseñó un nuevo tipo de PADD, más compacto y con muchas prestaciones adicionales, tales como la de poder almacenar y reproducir archivos audiovisuales. El puntero electrónico desapareció, ya que se suponía que el nuevo aparato estaba equipado con una interfaz que se activaba mediante el tacto. De hecho, y como veríamos en algunos episodios, incluso era posible programar el aparatejo para que aceptase comandos vocales; esto es, para que respondiese a la voz de su propietario. TNG duró siete años. Para cuando fue cancelada, en 1994, la informática estaba ya muy avanzada, los PCs iban camino de convertirse en un electrodoméstico más y la red de redes comenzaba a expandirse exponencialmente. Hubo que esperar todavía algunos años, pero por fin salieron al mercado los primeros portátiles, que darían paso a versiones más estilizadas cuya configuración y prestaciones no sólo los asemejaban a los primitivos PADDs vistos en TOS, si no que dejaban a éstos en mantillas, como suele decirse. La eclosión de los tablet, también llamados ordenadores-pizarra, se produjo durante la pasada década, y hoy son tan corrientes como los PCs de sobremesa hace diez o doce años. Algunos modelos incorporan un puntero, como el clásico diseño de TOS; pero cada vez abundan más los dotados con una pantalla táctil. El artefacto imaginado por los encargados del atrezzo de Star Trek a mediados de los sesenta, un artilugio visionario que muy pocos creyeron que llegara a ser una realidad, ha terminado por convertirse en una máquina de uso común hoy día. A la vista de esto, y comparando el PADD que casi siempre tenía Spock en las manos con los que usan hoy comerciales y ejecutivos, no queda más remedio que reconocer que los miembros del equipo de TOS se tomaron muy en serio aquello de la plausibilidad.

Incluso hay un detalle, en apariencia nimio, pero que dice mucho y bueno de la imaginación de aquellos pioneros. El PADD que manejaban Uhura o Janice Rand tenía la capacidad de transmitir sus datos a otra unidad o una computadora, empleando para ello una rejilla de emisión subespacial, o sea, de forma inalámbrica; esa característica es onmipresente en los actuales tablet, que ya sea mediante Bluetooth o Wi-Fi están permanentemente conectados con el mundo.

Las imágenes muestran a la bella Uhura con un PADD y uno de los actuales tablet.

© Antonio Quintana Carrandi
(1.015 palabras)