A otro arriero con este cuento (o alegoría mefistofélica)
por Rafael Ontivero

En la Tierra Media todos eran felices y comían perdices.

Y entonces llegó la música y la literatura como regalo de los Dioses.

Y entonces llegó el teatro, y luego el cine, también como regalo de los Dioses.

Y Mordor vio que podía sacar tajada de ello, así que inventó el libro, el casete, el tocadiscos, y los reproductores de cintas de vídeo.

Y Mordor pudo vender muchos volúmenes, muchas cintas, muchos vinilos y muchos VHS.

Y Mordor vio eso era bueno para él, se regodeó y se frotó las manos con el dinero que estaba ganando con ello.

Entonces la Ciencia inventó el CD y el DVD.

Y Mordor pudo volver a vender lo que antes ya había vendido con la excusa de que lo nuevo era de mejor calidad. Y también vendió nuevas creaciones.

Y Mordor vio eso era bueno para él, se regodeó y se frotó las manos con el dinero que estaba ganando con ello.

Entonces la Ciencia intentó inventar el libro-e, pero mientras lo hacía, concibió el BlueRay.

Y Mordor pudo volver a vender lo que antes ya había vendido con la excusa de que lo nuevo era de mejor calidad. Y también vendió nuevas creaciones.

Y Mordor vio eso era bueno para él, se regodeó y se frotó las manos con el dinero que estaba ganando con ello.

Al final de todo, la Ciencia pudo inventar el libro-e. Y también inventó Internet.

Pero Mordor vio que ya no podía vender como antes, ni ganar como antes. Y como Mordor era un dinosaurio incapaz de renovarse, antes de morir, ideó una estratagema.

Mordor exigió la devolución de favores prestados y pidió ayuda a Takhisis, la Reina de la Oscuridad (o Ministra de Cupo, como prefiráis) que era una abyecta sirviente de una Dictadura Bananera Pseudodemocrática, a su vez títere del Gran País Maligno que todo lo quiere para él mismo.

Y en la Tierra Media reinó el Caos.

Pero llegaron los Paladines de la Luz, habitantes anónimos de la Tierra Media, que quisieron contrarrestar las fuerzas malignas de Mordor y Takhisis, y lucharon a brazo partido por ello….

[Y de momento esta alegoría termina aquí. Dos finales son posibles, uno blanco y otro negro. Si se produce éste último, lo más seguro es que no podáis leer dicho final en ningún lado. En tu mano, querido lector, está luchar para conseguir el de color blanco]

© Rafael Ontivero
(402 palabras)