La crisis de la ciencia-ficción
4. – Recapitulación
por Antonio Santos

La salud del género es excelente. Longevo como las cien vidas de Lazarus Long. Da ejemplos que lo demuestran. Abundan las opciones donde escoger. Pasa que algunas carecerán del interés de otras. Y, antes que yo, firmas y opinantes de mayor peso y conocimientos han demostrado esta aseveración, con idéntico resultado: nos han ignorado. Y lo que digamos, avalado con cifras y nombres irrefutables, no va a cambiar en absoluto la situación porque, al parecer, interesa a ciertas personas alarmarse porque Flashforward fracase (por otra parte, lógico: si la trama da, como mucho, para noventa minutos, ¿la vas a estirar doscientos capítulos?) Justifican su criterio. Pero ¿cuántas sitcoms, o teleseries policíacas, fracasan en su primera temporada? Y nadie dice nada al respecto; ahí no hay crisis. (También, la vida de la adaptación de una novela como la citada depende del nervio que sus responsables posean; si son unos papa fritas, pues ¡fracaso al canto!)

La crisis atañe sólo a la venta de libros; y esto no depende de los libreros, o autores, o la oferta, sino que estamos padeciendo la gestión incompetente de una crisis económica global con acusados matices locales. No sólo no se venden libros: es de todo. La gente mira más sus gastos.

¿Cómo pueden, pues, los editores (y libreros) compensar las pérdidas? Ahí es donde debemos centrar el debate, una vez aislado el mal, en vez de aprovechar determinada coyuntura para no afrontar el problema, alzando las manos y rindiéndose al fantástico (que NO es sólo la espada y brujería, YA-LO-SÉ por amarga y reciente experiencia) Se sugiere volver a las fórmulas serias, a menos sudar la camiseta brincando entre las estrellas aventureramente y más ceñirse a historias donde los personajes discuten con su lavadora sobre el antical escogido. Desaprueban el aspecto lúdico del género, cuando es éste el que lo populariza y mantiene vivo. Conforme que tampoco todo debe ser como el cine de Hong Kong de John Woo: tiroteos por los tiroteos en los tiroteos de los tiroteos y muertes sádicas por continuar el tiroteo. Hay un elemento sensible en la narración (el deber, la culpa, la necesidad de redención) que, en realidad, tiene apenas peso: es la excusa para empezar a o seguir disparando.

Es evidente que se necesitan INICIATIVAS SERIAS para cuidar el género. Discutir la situación en un foro adecuado y extender la participación a los presentes, donde puedan ofrecer opiniones y/o soluciones reales. MOVILIZARSE entre las instituciones para hacer jornadas sobre el género que tengan EMPAQUE, y no parezcan un torneo de rol pensado para pasar un domingo por la mañana en un aula universitaria. PRESENTAR ACTIVIDADES que conciten interés, y atraigan público, sean aficionados o no. Porque ahora mismo, todo evento dedicado a la ciencia-ficción parece cosa de amateurs que se muestran muy contentos porque en los stands (y proporcionar, además, unos stands dignos) está la obra de su escritor favorito, venerable firma de la Edad de Oro, y con eso le basta. Hacer CANTERA. Hacerse RESPETAR.

Estas son algunas de las medidas que se proponen año tras año. En vano. Mirad cómo los del cómic se han puesto las pilas (¿sabéis cuántos años llevo oyendo que la industria del tebeo está en crisis? Los mismos que Stan Lee) y cada vez tienen una feria más sólida, prestigiosa: el Salón del cómic de Barcelona es una institución prácticamente ya porque SE LO HAN TOMADO EN SERIO. Tiene una sede fija, un programa, una categoría. SE HA HECHO RESPETAR.

¿Qué ofrece nuestro principal representante al público? ¿Cómo se hace respetar? ¿Qué alicientes tiene su programa para atraer asistencia? Cristo Nazareno: ¡que han estrenado en UN AÑO hitos de la ciencia-ficción que se pueden emplear para cautivar al público (eso que los cursis progres llaman los ciudadanos y ciudadanas)! ¿NADIE en ese comité lo entiende? ¿O acaso la Hispacón considera frívolo tratar de explotar AVATAR, DISTRITO 9, UP, LOS SUSTITUTOS, EL LIBRO DE ELI, en su beneficio? ¿Por qué sus responsables no se ponen en contacto con las productoras, o las editoriales potentes, y traman una estrategia decente? ¿No ven el mutuo beneficio? (Sí lo ven. Muchas opiniones lo demuestran, ¡aún ofrecen soluciones! Pero parece ser que hacer esto sería equivalente a la prostitución y mejor death before dishonor.)

Estoy convencido de que los responsables del evento sinceramente se parten el pecho para presentar el mejor cartel y actividades posibles. Es de justicia reconocer que sacrifican tiempo de sus tareas, sus familias, lo que sea, para dedicárselo a algo que luego puede tener un resultado estéril, y aun ingrato. Que criticamos. (Y no ignoremos la falta de un presupuesto holgado.) ¿Necesitamos pues personal especializado que saque la Hispacón adelante como si fuese su trabajo? Sí. Pagarles como merecen para exigirles después un resultado competitivo y atractivo. Ahora, busquemos la pasta.

No obstante, admito que el cartel de la Hispacón no cae en la abulia. El año pasado, y motor de estas observaciones, contuvo una mesa redonda sobre la Crisis de la ciencia-ficción (añejísimo motivo de controversia. No estoy oreando nada nuevo); este año llevan la cosa un paso más allá. De la Hispacón 2010:

Programa de actos – Domingo 10 (del 10 del 10):

18:30 Mesa redonda: La decadencia de la ciencia-ficción y el ascenso de la fantasía.

En 2011 será LA MUERTE DE LA CIENCIA-FICCIÓN Y LA FANTASÍA TRIUNFAL, para, en 2012, celebrar el DE PROFUNDIS DE LA CIENCIA-FICCIÓN Y LOS CANTOS GREGORIANOS DE LA FANTASÍA. Paremos un momento aquí y recordemos mi artículo |Memento mori, fantasía, donde tracé un análisis desde la fantasía épica; es increíble que, pese a precisarlo e insistir varias veces en esto, no se apreciara así. Es como si no vieran el spot donde Panini o Planeta Deagostini sacan el coleccionable de fantasía de El príncipe burro encantado. Que el marketing ya ha acotado el género a un espectro, no yo. Que la gente asocia fantasía con espada y brujería, porque, en el fondo, sólo busca una porción de evasión, y le vale lo que le dan. No siente ningún interés especial en seguir barrenando. Lo que nosotros hemos hecho discutiendo esto es tan bizantino como dilucidar el sexo de los ángeles o cuántos bailan sobre la cabeza de un alfiler. Es un caso de vox populi, vox Dei.

Y, una cosa… la fantasía que no es la que yo digo, ¿cuánto va a durar? ¿Nunca decaerá?

Pretendiendo zanjar definitivamente la cuestión, atraeré la atención del lector sobre este punto. José María Guelbenzu, en entrevista al diario 20 Minutos, declaró:

20M: Ha dirigido Tauro y Alfaguara, conoce bien el mundo editorial. ¿cómo lo juzga actualmente?

JMG: He pasado de un mundo en el que los directores literarios de una editorial tenían voz y mando a un mundo en el que los han bajado a la sala de máquinas a echar carbón sin más. Ahora hay grandes grupos y pequeños. Los grandes están dimitiendo de la calidad en buena parte de lo que publican y eso se lo están quedando los pequeños y medianos.

Los grandes sellos están marcándonos la tonada: el coleccionable de El Príncipe Burro Encantado. Los tíos con las ideas potentes tenemos que acudir a las editoriales modestas (término que prefiero al de pequeñas; creo que las dignifica) para intentar tener la oportunidad de poder publicar. Los sellos modestos a duras penas compiten con los monstruos monopólicos, no pueden afrontar ciertos gastos, hacen equilibrios sobre el abismo. Pero, a tenor de las palabras de Guelbenzu, son las que ofrecen la calidad del género que nos ocupa. Habrá que respaldarlas. Y, a cambio, obtener un trato justo de su parte.

Para finalizar, haré esta consideración: creo que de lo más hermoso que tiene la ciencia-ficción, igual que el cómic, es cómo de benefactoramente acoge multitud de ideas, estilos, conceptos y preceptos. No está cerrado. Confío que ese espíritu impere a la hora de estimar estas líneas, y espero que en ellas haya algo que sirva para evitar ese funesto designio, el de la decadencia de la ciencia-ficción.

Vuestro Scriptor.

Documentación adjunta:

© Antonio Santos
(1.441 palabras)
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 29 de octubre de 2010