Especial Decimocuarto Aniversario
El papel educativo de la ciencia-ficción
Especial Decimocuarto Aniversario
por Jacinto Muñoz

El potencial educativo del la ciencia-ficción... es evidente ¿no? como en cualquier otra ficción. Basta una breve búsqueda por Internet de lecturas recomendadas en los programas educativos en la enseñanza primaria, secundaria y bachiller, en las diferentes comunidades autónomas españolas y al menos a nivel de Bachillerato, están los clásicos: LA MÁQUINA DEL TIEMPO, UN MUNDO FELIZ, 1984, FARENHEIT 451, CRÓNICAS MARCIANAS, incluso en algún instituto se añaden EL JUEGO DE ENDER, YO, ROBOT y VIAJE ALUCINANTE, supongo que dependiendo de los gustos del profesorado. En niveles inferiores, ESO y primaria, abunda la fantasía con dragones y todo tipo de objetos mágicos —qué son los cuentos clásicos sino historias fantásticas—novelas de misterio y otras varias, a primera vista, el motivo no lo se. ¿Será que son temas demasiado enrevesados para la mente de los infantes, que no están de moda, que se arrastran todavía los mismos traumas de los que, casi siempre en tono victimista, tanto nos gusta hablar a los aficionados, que no se publican obras de ciencia-ficción para niños o que mi búsqueda ha sido en exceso somera? Tanto da, dejo al lector interesado el análisis y la investigación en profundidad para regresar a mi primera intuición, la ciencia-ficción tiene un potencial educativo indudable.

El divulgador está claro, la ciencia ficción, puede introducirnos en los abstrusos conceptos de física cuántica o biología molecular suavizando el áspero camino con la mano de una buena historia. Podrá presentarnos conceptos como la supersimetría o las formas de Calabi-Yau y sólo conocer su existencia es un propósito loable aunque nunca lleguemos a ser expertos ni a meter en nuestra cabeza que puedan existir once dimensiones. Esta posibilidad no se reduce a la física, química o biología, abarca también las ciencias sociales, de hecho en este ámbito donde ha alcanzado más reconocimiento —las antedichas y archiconocidas 1984, FARENHEIT 451 o UN MUNDO FELIZ —, quizá porque es donde más se ha manifestado otra de sus posibilidades, la de establecer modelos teóricos, experimentos sociológicos con los que analizar causas y consecuencias, modelos que nunca podrán llevarse a un laboratorio y que probablemente nunca se darán en la realidad pero que harán pensar y esto de hacer pensar y extraer conclusiones es para cualquier sistema educativo un objetivo elemental.

El problema es el de siempre, encontrar el justo medio entre una buena historia y una fidelidad a la ciencia, tan dura que se haga infumable y es aquí donde algunos destacan sus carencias, estableciendo la línea divisoria y arrojando una buena parte del género al vertedero de la literatura de evasión, por poco edificante y nada educativa. Es una idiotez, claro esta, pretender marca una frontera precisa a partir de la cual algo vale o no vale no deja de ser absurdo, sólo un análisis particular de cada relato nos daría una idea de su valor y ni siquiera así, pues al final lo que a cada uno le diga un poema, una melodía, un cuadro o un relato de ciencia-ficción es algo muy personal. Con esta idea y volviendo al mundo de la ciencia experimental y la tecnología, por ser el más cercano al género, son muchos los casos de científicos que en su infancia fueron lectores de aventuras espaciales de todos tipo. Puede que con la madurez renegasen de una parte, esa donde la suspensión de la incredulidad se hace difícil, pero la mayoría mantendrá en el fondo el alma friki que les llevo a intentar descubrir, con más o menos éxito pero siempre con pasión, los secretos del universo.

Para concluir y como opinión muy personal, a fin de cuentas todo los dicho es lo de menos, la ciencia-ficción nos hace soñar, viajar a las estrellas, creer e un futuro mejor o simplemente distinto y para mi eso es más que suficiente para demostrar su fuerza educativa. Citaré a un maestro del cuento que lo explica mejor, aunque lo aplique a cualquier tipo de fantasía:

La mente es una sola. La creatividad, en cambio, puede cultivarse en muchas direcciones. Las fábulas (escuchadas o inventadas) no son el «único» instrumento útil al niño. El libre uso de todas las posibilidades de la lengua no es más que una de tantas direcciones en que la inteligencia del niño puede expandirse. Todo sirve. La imaginación del niño, si se la estimula para que invente palabras, se aplicará sobre todos los aspectos de la experiencia que desafíen su capacidad creadora. Las fábulas sirven a la matemática, como la matemática sirve a las fábulas. Sirven a la poesía, a la música, a la utopía, al compromiso político..., en una palabra: al hombre.

Gianni Rodari (Gramática de la fantasía, Editorial Argos Vergara, S. A. 1983)

© Jacinto Muñoz
(783 palabras)
Jacinto Muñoz es colaborador habitual del Sitio