Especial Decimocuarto Aniversario
Una asignatura pendiente
Especial Decimocuarto Aniversario
por Antonio Quintana Carrandi

La ciencia-ficción ha sido considerada desde siempre más como un género de evasión y entretenimiento que como otra cosa. La despectiva expresión ¡Eso es de ciencia-ficción! que tantas veces hemos escuchado, ilustra perfectamente la imagen que de nuestro género tiene la mayoría de la gente: algo fantasioso, ideal para pasar el rato pero sin ningún valor educativo. Ningún buen aficionado estará de acuerdo con semejante apreciación, pues todos somos conscientes de que la ciencia-ficción literaria posee un alto potencial educativo. Mas, no obstante esto, hemos de reconocer que hasta la fecha tal potencial no ha sido aprovechado de forma adecuada.

El género arrastra esta carencia desde sus heroicos inicios en las revistas pulp de los años veinte y treinta del siglo pasado. Dirigidas a un público eminentemente juvenil, estas publicaciones adoptaron un estilo ligero e informal, en el que primaba, por encima de cualquier otra cosa, la aventura trepidante y entretenida. Los relatos de ciencia-ficción aparecidos en estas revistas tenían mucho de ficción y muy poco de ciencia, algo comprensible si se tiene en cuenta que muy pocos de aquellos escritores poseían una formación científica. Las revistas pulp desaparecieron, pero dejaron su impronta profundamente marcada en el género, provocando que durante largo tiempo la ciencia-ficción de corte aventurero, salpicada de cachivaches tecnológicos tan sorprendentes como imposibles, se impusiera sobre otra en la que la ciencia tenía un tratamiento más riguroso. A partir de los años cincuenta surgieron autores dotados de un bagaje científico notable, pero sus obras raras veces alcanzaban las cotas de aceptación de los clásicos de la ciencia-ficción aventurera. Sus textos, magníficamente documentados en lo científico y correctamente escritos, no lograban atraer la atención del grueso de los aficionados. ¿Por qué? Pues, sencillamente, porque salvo en contadas excepciones, la mayoría de estos autores eran buenos escritores y mejores científicos, pero pésimos novelistas. Sus obras, densas, farragosas en ocasiones, adolecían de falta de ritmo narrativo, de forma que muchas de ellas semejaban tediosos libros de texto torpemente disfrazados de novelas. Es preciso reconocer, en descargo de dichos autores, que hicieron lo que buenamente pudieron. Su relativo fracaso se debió a que no resulta nada fácil equilibrar, en una novela de ciencia-ficción, la amenidad narrativa con la seriedad científica. La ciencia-ficción hard actual intenta, en la medida de lo posible, aprovechar el potencial educativo del género para divulgar de forma amena los últimos avances científicos, pero hemos de admitir que no es suficiente. Las grandes posibilidades divulgativas del género siguen infrautilizadas, más que nada, porque apenas existen autores que sean, a un tiempo, buenos novelistas y excelentes científicos. Insisto en que se trata de una cuestión de equilibrio entre la ficción y la ciencia, que arrastramos desde hace casi un siglo, y cuya solución parece estar aún muy lejana en el tiempo.

Como buen aficionado, desearía que dicho problema se solucionara cuanto antes, que apareciese una nueva generación de autores de ciencia-ficción capaces de pergeñar obras que combinasen sabia y equilibradamente aventura y divulgación científica; que entretuviesen como la más trepidante space opera e instruyesen como el más completo tratado científico; que fuesen a la Ciencia lo que la buena Novela Histórica es a la Historia. Que surgiesen autores híbridos, por así decirlo, que escribiesen con la amenidad narrativa de un Pascual Enguídanos y la rigurosidad científica de un Arthur C. Clarke; en pocas palabras, escritores capaces de instruir deleitando. Esta es la verdadera asignatura pendiente de la ciencia-ficción literaria. Cuando hayamos superado esta carencia, nuestro género habrá alcanzado las más altas cotas de dignidad y perfección.

© Antonio Quintana Carrandi
(597 palabras)
Antonio Quintana es colaborador habitual del Sitio