Especial Decimocuarto Aniversario
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Especial Decimocuarto Aniversario
por Jesús Poza Peña

Usted va en el autobús. Cuando éste, de pronto, toma una brusca curva. Una misteriosa fuerza tira de usted hacia fuera. Un alumno de la ESO pensará: coño, que me caigo. Una persona algo mejor formada dirá: es la fuerza centrífuga. Y un lector de ciencia-ficción recordará: No existe esa llamada fuerza centrífuga. Es un fantasma de la ingeniería. Sólo existe la inercia.

He aquí sólo un pequeño e insignificante detalle de cómo la ciencia-ficción es una fuerza educativa. Pero aquellas digresiones o explicaciones que sobre las Ciencias se puedan hallar en los libros del género son poca cosa comparado con todo aquello que les rodea. El lector de ciencia-ficción acostumbra también a leer Ciencia, y busca entre los distintos blogs dedicados tanto a este tema como al de la Tecnología por toda la red. Física, Biotecnología, Astronomía, Ingeniería Todas ellas son presas fáciles para los aficionados. A la ciencia-ficción se llega no sólo por el afán de aventura, sino también por la búsqueda del saber. Y no sólo no es raro que haya científicos que lean libros del espacio, sino que estos han tenido una influencia extraordinaria en la consecución de metas científicas y tecnológicas durante el siglo XX y también ahora, en el XXI. Como muestra, un botón: el año pasado la NASA anunció que pretende alcanzar las estrellas por medio de catapultas magnéticas. Heinlein que estás en los Cielos, que la Luna sea tu amante cruel.

Ampliemos un poco nuestro mundo y miremos ahora hacia un producto bastante relacionado con la ciencia-ficción y otros géneros de los desconsideradamente llamados menores. Me refiero a los juegos de rol. No los de cartas, ni los videojuegos de espada y brujería, sino aquellos otros, originales y ya clásicos que se practican con lápiz, papel y una desbordante imaginación. Y ahora plantéese usted el nivel cultural y de lectura que poseen los escolares españoles. En las escuelas no se educa para leer libros, y es ésta una situación que se agrava con el paso del tiempo. Sin embargo hay un grupo de jóvenes inmunizados contra este problema: los jugadores de rol. Repito: los juegos de rol de fantasía, los demás no sirven.

Cualquiera que tenga experiencia en este campo sabrá de las horas de lectura necesarias para jugar. Bien es cierto que las temáticas de estos juegos están más relacionadas con la fantasía que con la ciencia-ficción, pero al fin y al cabo, leer es leer, y cualquier conocimiento que se aporte ha de ser bienvenido. Del rol a la novela no hay más que un paso. ¿Cuántos jugadores de rol no habrán llegado a conocer a H. P. Lovecraft gracias a un juego de rol?

Pero hay un aspecto educativo de la ciencia-ficción que parece denostado incluso por ésta misma: el subgénero llamado soft o ciencia-ficción social. Está olvidado, marchito. Y sería bueno recuperarlo. La ciencia-ficción social educa en la Política y las Ciencias Sociales. ¿Acaso no vio el horror socialista Zamiatin en su NOSOTROS y lo expuso en su obra? Cuánto ganarían las generaciones más jóvenes, esas a las que se les llena la boca gritando facha a todo aquel que les lleva la contraria, si conocieran que George Orwell escribió 1984 tras regresar de aprender lo que era el infierno en el bando rojo de nuestra Guerra Civil, y que el Gran Hermano no es programa de televisión que los convierte en imbéciles con su solo visionado, sino un personaje invisible y acechante de aquella inmortal novela. Lo mismo puede decirse del socialismo de derechas que se muestra en UN MUNDO FELIZ o los alegatos pacifistas de Ray Bradbury. Cómo no mencionar en este punto FAHRENHEIT 451, obra en la que la cultura sólo persiste por medio de aquellos que han memorizado libros para su transmisión oral.

La visión crítica de las cosas que rodeaba a aquellos autores se ha perdido, gracias a la vergonzosa barrera de entrada que es hoy en día el mundo editorial, totalmente doblado ante los amos políticos. Tanto unos como otros, porque tanto valen.

Convendría retomar esa visión, y confrontar ideas surgidas realmente de la sociedad y no de los medios afines a la casta política. No se trata de condicionar al lector, la Literatura de postguerra, ejemplo LA MINA de Armando López Salinas, dejó bien claro que la lectura de ficción no lleva a la movilización social. Pero sí ha de mover a la reflexión personal. Al pensamiento íntimo. Es ahí donde la ciencia-ficción se hace mejor que otros géneros satélite, como el terror o la fantasía pura.

Sea usted mejor que el estudiante de ESO. Lea Libros. Y si le apetece, libros de ciencia-ficción.

© Jesús Poza Peña
(784 palabras)
Jesús Poza es colaborador habitual del Sitio de ciencia-ficción