La crisis de la ciencia-ficción
3. – Temática II
por Antonio Santos

Por la riqueza de la temática no puede ser tampoco que exista crisis en la ciencia-ficción. Sí puede haber desafección, o hartazgo, por alguno de sus subgéneros. Pero, francamente, también me hastía a mí ver los clónicos de ELRIC DE MELNIBONÉ en las portadas de algunos libros y cebando su contenido. Que yo sepa, nadie aún ha alzado la voz expresando la crisis de la fantasía (entendida como espada y brujería únicamente) donde los argumentos sí que son mínimos-nimios, hallándose saturada de dragones andantes-parlantes, enanos ariscos y elfos ambiguos, reyes-emperadores-brujos-dioses ocultos en decadentes islas remotas, etc. Al contrario: la fantasía saca pecho con tópicos más antiguos que el andar para adelante, ¡y todos tan TAN contentos! ¡Aclamad a la fantasía!

Cerrando el círculo, parece ser que la crisis de la ciencia-ficción va a estar en las ventas de libros, en que el cambio de formato y divulgación (internet y los e-books) ha dado un buen mordisco a la industria. Y está costando adaptarse. Sería, por otra parte, una triste noticia que el libro, tal cual, desapareciera, porque en su núcleo reside una magia que jamás los píxeles podrán poseer. Además, no necesita de pilas para funcionar.

Ea, tocamos fondo; hallamos la crisis. Todo lo escrito hasta ahora demuestra realmente que la crisis de la ciencia-ficción es un remilgo de los puristas de El Bastión (lo llamaré así en adelante) y sus señoritos/tas feudales que obstaculizan a otros llegar a sus muros. Por sus leales servicios serán introducidos en El Bastión. Ese grupo quiere más DIARIOS DE LAS ESTRELLAS y menos Buck Rogers apiolándose Hombres Tigre de Marte (que, cuidado, no cito la obra de Stanislaw Lem al demérito. Varias aventuras de Ijon Tichy merecen una película dignísima) De vez en cuando, considera EL BASTIÓN, una payasada patriarcal-machista de ésas no está mal, ¿vale? para aguzar el apetito por las Graves Obras Solemnes, pero ¡tranquilos! Que luego viene un niño grande como George Lucas y nos descompone El Culto.

Es cierto que todas estas conclusiones están dominadas por mi concepto de la ciencia-ficción, o sea, como un género destinado principalmente a la evasión y, por lo tanto, no pueden ser ni tan objetivas ni tan amplias de miras como yo desearía. No obstante, ya ha habido respuestas desde «el otro lado del espectro» completando el círculo. Deberíamos ahora encontrar un equilibrio entre posturas, un entendimiento cordial en el que se reconozcan méritos y defectos de ambas partes. Pero ha surgido un problema inesperado. O no tanto: lo tenía presente pero no quería referirme a él. El Bastión es intolerante con las posturas «opuestas» a su dogma. Ha establecido una serie de mandamientos (títulos y autores a los que aclamar por huevos) y todo aquél que haga referencia a distintos escritores o defienda posturas más «laxas», más comerciales, debe ser perseguido… y lapidado a comentarios.

¡Es la Inquisición rediviva! Benditos sean porque han descubierto la Gracia Divina que encierra el Misterio de la Santísima Trinidad. Se salvarán. Irán al Cielo. Del tirón.

La crisis de la ciencia-ficción es un punto clasista e intelectual del asunto, una cuestión de refinados gustos personales, que han visto cómo el género «degeneraba» porque cada vez admitía más Literatura Pulp que Grandes Obras Serias (que, según me han contado, pudieran ser como las de Ursula K. Leguin) He aquí un ejemplo con el que creo sustentar mi criterio (extraído de la peligrosa Wikipedia):

Lem fue miembro honorario de la SFWA (escritores norteamericanos de ciencia-ficción y fantasía) en 1973, pero fue expulsado en 1976 tras declarar que la ciencia-ficción estadounidense era de baja calidad literaria y estaba más interesada en aventuras que en desarrollar nuevas ideas o formas literarias.

Es una opinión legítima y un lamento, el que los grandes recursos deben producir enormes influencias culturales, no peleas de saloon. El gran Lem pudo consolarse pensando en una… hum… ciencia-ficción «a la europea», que sería más sesuda, y así compensábamos las cosas. Hay donde escoger. Todos contentos, pues, ¿no? Qué va. El Bastión considera el escapismo postura putesca y una amenaza, y tradujo su inquietud en una sospecha alarmista (e infundada) de crisis.

Por otra parte, Lem pareció ignorar que los orígenes de la «ciencia-ficción norteamericana» nos llevan a Edgar Rice Borroughs y la saga de Barsoom, y luego, a Lester Dent y Doc Savage (por atajar, ¿vale?) Y ellos escribían eso porque tenían un mercado: cobraban. Mejor o peor. Era un empleo. El problema también reside en que las personas como Lem desprecian el vil metal (aunque nunca lo rechazan); viven para la puridad del arte. Pero, sin un mecenas que te respalde, no sostienes tu selecto talento. Y, para más inri, ellos efectúan sus críticas o denuncias sin brindar salidas. Plañen: ¡Ay, mi ciencia-ficción del alma, en manos de quiosqueros, cuando debería estar entre nuestros estériles algodones GATTACA! Critica, tío, es tu derecho, pero ofrece una alternativa. Un: «Vale: el cotarro lo gobiernan cowboys como Philip Farmer o Robert Heinlein; así que yo me he montado mi revista (o fanzine, que entonces era una forma respetable de publicación, no como ahora, estigmatizado como ‘cosa barata’) y voy a editar según estos y aquellos criterios». Más puros. Más cultos. Da igual. Todas las semillas tienen el derecho a germinar. No: lanzo el dardo, pongo a liberales como Gore Vidal a chillar dándome la razón, y regreso a Europa hecho un redoblado enemigo del imperialismo yanqui, que en el Viejo Continente eso vende del carajo, además de fijar y dar esplendor.

Otra cosa me llama la atención de la opinión de Lem; es: «en desarrollar nuevas ideas o formas literarias». ¿Ideas? Sobre ¿qué? Toda trama, ciertamente, parte de una única premisa: el viaje, que permite descubrir, descubrirse, reflexionar y, a partir de ahí, diversificarse en ramales que conducen a otros lugares… iniciando el ciclo de nuevo: el viaje, el descubrimiento, otros hallazgos… y así en un ciclo sin fin-sin fin. «Formas literarias»: ¿debemos comprenderlo (digo yo) como otras formas de escribir? ¿Emplear un lenguaje distinto, un ritmo diferente, una batería novedosa de adjetivos y recursos, como variar según el capítulo de la primera a la tercera persona, algo así, no sé? Pues ahí vamos a chocar contra el duro muro del volátil criterio editorial: cualquier cosa que tenga pinta (pongamos) New Age, va de culo.

Documentación adjunta:

© Antonio Santos
(1.068 palabras)
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 22 de octubre de 2010