Gattaca en el Perú
por Daniel Salvo

GATTACA (1997) es una de las mejores películas de ciencia-ficción que haya visto jamás. En el no tan lejano futuro (nótese la alusión al clásico había una vez o hace mucho tiempo de los cuentos de hadas) la ciencia médica ha logrado lo que para muchos podría ser un sueño, y para otros, una pesadilla: la obtención de seres humanos genéticamente «mejorados». Es decir, adiós a la miopía, a los cánceres hereditarios, a las deformidades congénitas y a los IQ por debajo de 120. Los seres humanos que nazcan en adelante, dispondrán de una carga genética punto menos que envidiable. No serán perfectos, pero casi, casi.

¿Y los que no pudieron nacer bajo este sistema?

En la película, las políticas de mejoramiento genético obligatorio (vamos, qué sociedad no querría que sus integrantes fueran lo más sanos y perfectos posibles) han dado lugar a una nueva división, tanto social como laboral. En la cúspide, los VÁLIDOS (mejorados genéticamente) y en la base, los IN-VÁLIDOS (nacidos sin programación ni mejora genética alguna) Los trabajos y empleos mejor considerados y remunerados pasan a convertirse en una especie de patrimonio destinado a los VÁLIDOS, mientras que las labores más serviles y peor consideradas son reservadas, casi como un favor, a los IN-VÁLIDOS. El protagonista de GATTACA, un IN-VÁLIDO que desea realizar una labor reservada tan sólo a los VÁLIDOS, intentará conseguir su objetivo en una sociedad que trata de cerrarle todas las puertas.

Una de las primeras ideas que se nos vienen a la mente es que deberíamos sentir alivio por no vivir en una sociedad tan desigual, diferente, por cierto, a la nuestra, en la cual la Constitución garantiza que todos somos iguales ante la ley.

Pero, ¿es cierto esto?

La sociedad peruana es, qué duda cabe, una de las más racistas y clasistas del orbe. Lo podemos comprobar nada más viendo la televisión nacional, en concreto, la mayoría de los comerciales. Basta ver unos cuantos de esos productos de las agencias publicitarias para ver cómo estamos clasificados. Que nos convirtamos en una sociedad más igualitaria es un sueño todavía bastante lejano.

¿Y de donde parte nuestra división? Hay muchos factores, entre ellos, el racial (o étnico) De manera pública hacemos ascos al racismo, pero en nuestro fuero interno, vivimos obsesionados por el matiz del color de la piel de nuestros compatriotas, empleando una característica tan superficial como la concentración de melanina en la piel como un criterio para decidir quienes son nuestros amigos, empleadores, parejas.

Pero hay otro factor, vinculado acaso al primero, pero que no es tan evidente en su cuestionabilidad, aún cuando su presencia es parte de nuestra idiosincracia: es la procedencia escolar. Como que una cosa es haber estudiado en un colegio privado y otra, en uno del Estado. De ahí que la mayoría de peruanos vivan obsesionados con el «en qué colegio estudiaste», pues sabe que éste factor incidirá decisivamente en muchos aspectos (laboral, social, sentimental acaso) Ya se sabe: la escuela pública es para cholos y pobres, futuros pandilleros, o en el mejor de los casos, mano de obra barata para quienes tuvieron una «mejor» educación.

De modo que no hemos tenido que esperar una revolución en la medicina genética para generar nuestro propio sistema de VÁLIDOS e IN-VÁLIDOS. Ha bastado, además del clasismo peruano, el abandono por parte del Estado del magisterio nacional, con profesores que, si bien recién están siendo «mejorados» en ciertas condiciones, siguen siendo percibidos por la ciudadanía como los profesionales peor situados en la escala profesional. Es decir, si eres abogado, médico, ingeniero, comerciante o contador público, eres alguien que la sociedad considera un profesional, un orgullo para su familia. Pero si decidiste ser profesor, es por tu mediocridad, por que no dabas para más. En el Perú, un profesor es visto lisa y llanamente como un pobre diablo. Y si es de colegio estatal (o nacional, como decimos por acá) pues peor. Nuestros profesores han devenido en la casta más baja de los IN-VÁLIDOS.

Y en cuanto a mí... bueno, viví mi propio GATTACA. Soy egresado de colegio nacional (y de provincias, que para algunos oídos suena al peor estigma que se pueda imaginar) pero tuve que poner en mi Hoja de Vida que procedía de un colegio particular. Me hice pasar por VÁLIDO, pero en realidad soy un IN-VÁLIDO que trabaja en... (lo siento, es un secreto)

Ojalá no me descubran.

© Daniel Salvo
(738 palabras)
Publicado originalmente en Ciencia-ficción Perú el 1 de agosto de 2010