La crisis de la ciencia-ficción
2. – Temática I
por Antonio Santos

Circunscrita la crisis a los tres ejemplos citados, y estimando que su exitosa recaudación compensa, cuando no suple, los fracasos, lo siguiente que debemos valorar es si la crisis de la ciencia-ficción está, pues, en la temática de las historias del género.

Es un terreno resbaladizo, sembrado de las minas del gusto personal, la subjetividad y la intransigencia ante otras alternativas. Como en todo, también en este género hay puristas que han establecido un canon, y se han fortificado en él, y están dispuestos a practicar la endogamia antes de aprobar nuevas propuestas; según ellos (y no creo que anden en esto muy desacertados) aceptaron el cyberpunk, que se tornó hegemónico, y sus secuelas nos están minando. Me gustaría seguir por esta línea, pero la reservo para cuando establezca las bases del aparente auge de la fantasía.

Entonces, es eso: la crisis está en que se considera ya agotado el filón. Faltan nuevas propuestas. Todo está enredado en una madeja y algunos de sus hilos han aportado impureza a los demás, desvirtuando el género. Pero ¿cuándo fue puro? ¿ Hugo Gernsback no «usó» al Barón de Münchhausen como protagonista de una serie de relatos? ¿ H. G. Wells no incluía su ideario fabianista en sus tramas?

La ciencia-ficción nunca ha sido pura. No puede quejarse de haber perdido la virginidad porque jamás la tuvo. Siempre ha sido un género mestizo. Lo que le ocurre es que tiene tendencia a los excesos, y algunos de sus apetitos empalagan.

Pero ¿quién establece el canon, y por qué lo permitimos? ¿Quién decide qué es válido o no, y en qué se basan esas normas? ¿Dónde están las fuentes de ese libro de estilo? ¿De qué manantial surge? Y ¿por qué se sigue, si se sospecha que puede ser defectuoso? ¿Qué interés hay en preferir LA FUENTE DE LA VIDA a AVATAR, y que se deba seguir cultivando el género con ese sesgo añejo a los 1940?

Por supuesto, defiendo el que impere un cierto orden, porque caer en la anarquía es de inmediato volar al caos, y luego remontar a través de una dura dictadura. Pero lo que no comprendo es lo de las edades (oro, plata y bronce) y en qué se basan. Y quienes han establecido estos metales. Y volviendo al punto anterior: por qué el trabajo de algunos es más recomendable que el de otros. Ejemplo:

Al igual que Jack Vance, Farmer es un autor al que se debe apreciar más por el aire aventurero que es capaz de dar a sus obras, que por el de la pura especulación científica o extrapolación social que se suele aceptar como base generadora de la ciencia-ficción seria. La Saga del Mundo del Río es el ejemplo más claro.

El comentario, inofensivo y descriptivo, empero puede verse con esta carga negativa, que frisa lo despectivo: que Philip José Farmer prefiriera imprimir una tónica activa a sus tramas parece desvirtuar su trabajo. Es como si las historias que de veras valen fuesen aquellas donde NUNCA PASA NADA. Conozco un cuento de ese tipo y por más buena fe que le he puesto, tratando de verlo desde el ángulo purista, aplicándole toda la tolerancia posible, ¡nada! puede conmigo; es NINGUNA MUJER NACIDA, de Catherine L. Moore. (Otra cuestión interesante: ¿la ciencia-ficción escrita por mujeres es mejor que la masculina?) Está contenido en el SUPERFICCIÓN Nº 32, tomo recopilatorio dedicado a los cyborgs, de Thomas N. Scortia y George Zebrowski. Los relatos elegidos van de 1940 a 1973. Y la posibilidad, la idea, la sombra de la sospecha, de iconos como ROBOCOP o TERMINATOR no se intuyen en esas líneas ni por casualidad. Exceptuando MÁSCARAS, de Damon Knight, todos los demás cuentos despiden un aroma rancio, caduco, a inmovilismo reaccionario, que ofende el olfato. Empero, se les eligieron por ser «la cumbre» del subgénero.

¿Son un ejemplo de la «ciencia-ficción de oro», la guay, la que debemos seguir-y-replicar? En la cita elegida, hay un elemento «descriptivo» de la «norma»: «especulación científica o extrapolación social que se suele aceptar como base generadora de la ciencia-ficción seria». Pues esos cuentos, ya he dicho, fallan en esto. Y lo mejor: ¡ciencia-ficción SERIA! Pero ¿esto qué es? ¿Un doctorado en «ciencia-ficción» permite operar a corazón abierto? Porque eso es lo que considero SERIO. La ampulosidad que Isaac Asimov imponía en sus sagas puede ser elegante, amena, sugerente, poseer una garra que las hace inolvidables, pero ¿SERIA? Visto así, sí, se entiende que la obra de Farmer, tributaria al pulp, sea de «inferior calidad». No es «seria», es «aventurera». Pero ¿una especulación con un poco de ritmo no venderá (y VENTA es SUPERVIVENCIA) mucho más-y-mejor que otra fría, ramplona, «académica»? La ciencia-ficción, por mor de su continuidad, ¿no tendrá, como en un menú, que ofrecer distintos platos al cliente? Ahora depende de que si las diversas propuestas están bien o no cocinadas, trascendiendo su categoría.

Veamos: ¿es HYPERION inferior o superior a BÓVEDAS DE ACERO? Según mi gusto, es superior, porque, más allá de su estilo, tiene la ventaja de aparecer tras una larga cadena de éxitos y fracasos y apreciar unos eludiendo los otros. Pero intentar defender la novela de Asimov aduciendo que «es superior por ser de un preconizador», sólo por eso, es pobre defensa, porque entonces deberemos admitir que las pinturas rupestres de Altamira superan incuestionablemente a las de la Capilla Sixtina.

¿Es Philip K. Dick mejor que Asimov? Si lo vemos desde la perspectiva de cuántas historias el cine ha adaptado del uno sobre el otro, es un rotundo SÍ. O sea: los lobos de Hollywood han husmeado dólares en la obra de uno, pero nada productivo en la del otro. Y ¿qué les diferencia? Dick era un paranoico drogadicto, Asimov un cultivado académico respetado e influyente. Entonces, a calidad de la persona y currículum, ¿por qué uno es tan atractivo y el otro, pese a su eminencia, tan poco?

Forzados en la tesitura de describir con una sola obra el género de la ciencia-ficción, y debiendo escoger entre ¿SUEÑAN LOS ANDROIDES CON OVEJAS ELÉCTRICAS? y ROBOTS E IMPERIO, ¿cuál elegiríamos?

Pensemos: ¿dónde reside el éxito de STAR WARS? Obviamente, en la audacia de su mestizaje. Acumula tantas referencias en su urdimbre que hasta cuesta aislarlas. Vive de los rescates caballerosos y los viajes de las tres mil millas de DOC SAVAGE (o INDIANA JONES) que en su caso son «de los tres mil pársecs», los elementos exóticos indígenas y/o foráneos, los escenarios arrebatadores, el bueno, el malo, los lances a espadas y pistolas, una sutil estética de western, ¡la mítica artúrica incluso! En todo esto hay épica, que George Lucas aportó a su historia en dosis masivas, y es la que, finalmente, la ha troquelado en nuestro acervo cultural quizás in saecula saeculorum.

¿Cuál es el gran defecto de Star Trek? Carece de épica. Por completo. La sacrifica por mor del presunto «rigor científico» de su Universo, que le otorga «credibilidad». Hasta te impide simpatizar con sus personajes (vaya vergüenza de trekkies disfrazados): un capitán temerario, obtuso y fanfarrón, un Namor cósmico frío como un témpano y, por tanto, resbaladizo como el teflón, una astronauta negra que lucha porque no se le vean las bragas debajo de la minifalda y… Y… Bueno, una ensaimada que vuela por el «espacio exterior» de una parte del plató al otro.

Lucas ofrece un vasto e increíble Cosmos rico en planetas sugerentes. Los de Star Trek sacan un decorado que dicen que son «planetas» pero muy parecidos todos entre sí. (A Asimov, por cierto, le irritaba la secuencia de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS de la cantina; según él, era imposible porque había tal variedad de seres procedentes de mundos tan distintos —gravedad, atmósfera— que le restaban lógica a la escena. Pero que el Capitán Kirk llegue a Rozbula —por supuesto, a su capital— y sea idéntico a la Tierra es de puta madre. Aceptable. Creíble. Claro. Lo digo yo, san Isaac)

En cambio, para ciertos grupos puristas, Star Trek es mejor. Es seria. Y seguramente fueron ellos quienes alertaron sobre la existencia de crisis, sulfurados con el mestizaje de las nuevas propuestas.

Por la temática no puede ser tampoco que haya crisis. ¿Habéis visto la oferta que hace el mercado, la cantidad de estilos y autores, de Universos, unos más fecundos que otros, casi todos con un poderoso aliciente, entre los que se puede elegir? De acuerdo que en algunos puntos está saturado de subgéneros, pero ¿hay acaso otro género más rico que este? Viajes espaciales, espaciotemporales, robots, space opera, distopías, ucronías… ¿todo esto os parece una crisis? ¿O es síntoma de que el paladar de algunas selectas señorías se ha irritado con alguna cosa y, con gesto avinagrado, ha empezado a discriminar?

Documentación adjunta

© Antonio Santos
(1.467 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 11 de octubre de 2010