Lostización
por Francisco José Súñer Iglesias

Vaya por delante un aclaración importante: yo no vi Lost, o Perdidos, como se la conoció en España (como tampoco vi su venerable precesora y a la que tanto debe en el arte de marear la perdíz: Twin Peaks), pero no queda más remedio que reconocer que el impacto que ha tenido en la forma de producir series de televisión ha sido abrumador y, desde mi punto de vista, para mal.

¿Por qué no la vi en su día? Todo el mundo la recomendaba y todo el mundo alababa sus bondades, pero cuando se llegaba a la cuestión fundamental, esto es, de que trataba, algo raro sucedía. Las más de veces, tras un buen rato de escuchar cumplidos sobre la serie, todo el mundo se perdía en la exposición de extraños sucesos y misterios a cual más misterioso... todo sin resolver, sin concretar, sin aparente dirección y sin que ni los propios guionistas parecieran saber muy bien hacia donde iba aquello.

Yo soy más bien de cosas terminadas o construidas alrededor de una planificación sólida que deje ver el final del túnel. Como se comprenderá, ante tanta inconcreción y la perspectiva de que aquello acabara de la manera más estrambótica imaginable (cosa que al parecer sucedió) borré Perdidos de mi memoria.

Ya, ya, peor para mi. Lost ha sido un éxito, ha arrasado en las preferencias del público y ha contado con el cariño de la crítica. Millones de fans significan cienes y cienes en anunciantes ávidos de tener presencia en los intermedios y, naturalmente, a los avispados mandamases televisivos la formula les pareció magistral: mantén al espectador durante episodios, temporadas, enganchado a una serie llena de misterios sin resolver y preguntas sin respuesta. Ya se verá como se acaba aquello. Entre tanto, a hacer caja.

El problema fue que, de igual modo que la fórmula de Perdidos había arrastrado una masa humana considerable, esa misma masa humana ha quedado, en mayor o menor medida, hastiada. Las expectativas creadas no se habían cumplido, demasiados cabos sueltos, un final controvertido y una cierta sensación a tomadura de pelo había convertido a más de un fan (y de dos, y de tres...) en un tipo harto y con la sensación de haber sido estafado.

Sin contar con ese detalle, la formula magistral, la lostización, ha sido aplicada a múltiples series y descartada rápidamente al comprobar el tremendo rechazo del telespectador. El caso más notable ha sido el de Flashforward; comienza con un fenómeno completamente descabellado y el curso de la serie consiste en descubrir el porqué de aquello. Misterio tras misterio tras misterio, y múltiples cabos, cuerdas, cordones e hilos sueltos con unas posibilidades más que dudosas de resolución convincente espantaron masivamente a los televidentes, obligando a la productora a efectuar un parón para reconducir la producción que finalmente fue cancelada ante el rechazo del público a ser, de nuevo, engañado y manipulado.

Otra serie que puso en guardia a más de un aficionado fue StarGate Universe, esta por partida doble, por un lado estaba reciente el recuerdo de Galactica 2003, también discutida y controvertida, y por otro el entorno en el que se desarrolla la acción, una nave con tantos años como el universo, o más, daba pie a sospechar un rosario de misterios irresolutos. Afortunadamente no fue así, y al menos la primera temporada ha sido todo un éxito, aunque a la segunda le está costando remontar, lo que (al día de la fecha) la ha puesto también al borde de la cancelación.

Lo que parece que ha quedado claro es que al espectador en general le gustan los misterios, pero también las historias que empiezan y acaban, con todos los arcos argumentales del mundo entero y sus correspondientes personajes recurrentes, pero con algo que cierre la historia, a ser posible con gran Apoteosis final, sin ambigüedades y envíe a los protagonistas a descansar a sus casas hasta la próxima aventura.

¿Alguien se imagina la Odisea finalizando con Ulises sentado en la playa, tirando reflexivamente guijarros al mar y dando herméticos consejos a Telémaco, sin que se sepa quienes fueron los lotófagos, como acabó el cíclope, o si entre Ulises y Circe hubo tocamientos indecentes, mientras los pretendientes de Penélope terminan impunemente con su honra, su vino y sus carneros?

Pues eso.

© Francisco José Súñer Iglesias
(712 palabras)