Klaatu Barada Nikto
por Enric Quílez Castro

Ayer vi por vez primera un clásico del cine de ciencia-ficción: ULTIMÁTUM A LA TIERRA. A pesar de que alguna de sus escenas son míticas, nunca había tenido la ocasión de ver la película, así que decidí comprármela y verla tranquilamente en casa.

No me decepcionó. A pesar de los años transcurridos desde su creación, la película sigue siendo rabiosamente actual. Los seres humanos seguimos matándonos en guerras estúpidas y ejerciendo la violencia como algo completamente cotidiano. No hemos cambiado mucho en el último medio siglo. De hecho, no hemos cambiado demasiado en los últimos milenios.

La película es de las que hace reflexionar, además de entretener. Evidentemente, no es una obra maestra del cine, pero tiene su gracia. La idea de tener una policía tan radical contra la violencia no es nueva y sigue teniendo el mismo problema que desde siempre: ¿quién vigila a los vigilantes?

En ULTIMÁTUM A LA TIERRA, los guardianes del buen comportamiento de las razas de la galaxia son unos todopoderosos autómatas dotados de amplios poderes para cargarse lo que haga falta, planetas incluidos. Se les supone incorruptibles, aunque claro...

Decía que la película sigue siendo de actualidad porque en un determinado momento, aparece un científico con un cierto aire de Albert Einstein que viene a decir que a los científicos no se los respeta ni se los escucha. Que los que mandan son otros (militares, políticos, magnates)

La película exuda un cierto aire de «la ciencia como mundo libre y salvador» que, por desgracia, ha acabado perdiendo con el transcurso de los años. Hoy día, a pesar de que dependemos de la ciencia y de la tecnología más que nunca, ésta carece de prestigio.

Cualquier pelagatos que apenas sepa farfullar cuatro frases pero que le dé bien al esférico se convierte en un ídolo de masas y gana ingentes fortunas. No hablemos ya de los famosillos de tres al cuarto que son tan inútiles que lo único que pueden ofrecernos son sus miserias personales.

En cambio, aquellos intelectuales que se esfuerzan por comprender el universo y mejorar la Humanidad son completamente ignorados. Incluso son despreciados y ridiculizados por la sociedad y los medios de comunicación, completamente entregados al ocio y a la superficialidad.

© Enric Quílez Castro
(370 palabras)
Publicado originalmente en El mundo de Yarhel el 16 octubre 2008