La crisis de la ciencia-ficción
1. – Exposición y áridas cifras
por Antonio Santos

Pretendía solventar la cuestión de la «crisis» en un post de algo más de mil palabras. Pero la cantidad de información que quiero que apoye mis criterios, dándoles empaque, que lo eviten parecer un mero apunte alocado, lleva más de tres mil. Así que fraccionaré en dos, o tres entregas, el conjunto, impidiendo así hacer el documento farragoso en sí. Para la tercera confío tener ya ciertos datos que probablemente obliguen a añadir más entradas, y confirmen o desmientan algunas de las especulaciones aquí contenidas.

Y quiero precisaros, antes que nada, una cosa: los lectores de ciencia-ficción y los de tebeos españoles, entendidos como bloques «antagónicos», están más hermanados de lo que ellos piensan. Prácticamente comparten nicho dentro del mismo gueto que, en algunos de sus «barrios» más oscuros, se retroalimenta de sí mismo de forma tan feroz que hasta parece un ritual de endogamia del que no puede escapar ya.

Dentro de sus muros, ellos no lo aprecian; como procedo de «afuera», poseo perspectiva y lo veo. Tengo la desgracia de haber contemplado lo peor de «ambos mundos».

Consideremos, también, lo amplio y vago que es el término «ciencia-ficción», cuánto abarca, qué definiciones se le da y según qué autor lo hace. De modo sucinto, al mencionarlo «vemos» pistolas de rayos, robots, armadas estelares sembrando destellos y chatarra por el Cosmos y alienígenas de toda clase. Mas 1984 es también ciencia-ficción (distópica) o EL FUGITIVO, o LA LARGA MARCHA, ambas de Stephen King (dos distopías también) y en ellas no hay rayos, aliens, ni naves. Y si seguimos buceando, encontraremos mucho más ejemplos de historias que son de ciencia-ficción pero que carecen de su «plumaje» (robots, naves, viajes espaciotemporales, extraterrestres)

Bueno, entremos en materia. Al parecer, Una teoría cualquiera ha concitado interés. Mi intención esa era, y reuniendo datos conforme a las respuestas que obtuviera del post, seguir barrenando en la enigmática cuestión. Apunté (o traté de alinear) aquellas facetas del problema que consideré capitales, confiando ser certero en la exposición, e ingenuamente aguardé réplica de parte de los sectores «cualificados» del género (léase: algún editor, un autor con tablas) Crear una corriente dinámica de opinión que nos ayudara a todos a o bien dilucidar que sí, existe una crisis y procede de tal y cuál parte, e identificado el mal qué medios podemos emplear para atajarlo, o disipar ese temor. Quería trabajar con cifras y datos fehacientes, no tener que especular temerariamente, con el riesgo que eso implica. El silencio que siguió al apunte me parece muy elocuente.

Es la voz del gueto hablándome asonante; contestándome que está perfectamente como hasta ahora, que no quiere cambiar. No lo necesita. Sus cromosomas no están aún tan corruptos como para tener que buscar óvulos frescos fuera de su reducto y revitalizarse. Me veo en la obligación de tener que repetir que ignoro qué conclusiones se alcanzaron en los debates que este tema produjo, pero tengo la perversa sospecha de creer cuáles fueron. Los «doctores del género» ocuparon muy dignos la tribuna, dispararon desde la platea algunas preguntas u observaciones agudas, y todo quedó en un lamento, solemne, pero inane, de resignación porque… bueno, ¿quién lucha contra molinos?

Tengamos presente que la palabra CRISIS, aunque sólo sea un susurro procedente de lejos-lejos y sin sustancia detrás, es tan fuerte que desploma los mercados. Por la salud y supervivencia del género, el medio, el negocio, como queramos definirlo, se debería atajar esta gangrena cuanto antes, tanto porque su misma dignidad lo exige como porque tiene multitud de ofertas que hacernos. Y ¿qué organismo no pelea por su vida?

Al parecer, la ciencia-ficción, en crisis, es uno que no quiere vivir, ni pelear.

Ciñámonos al carácter de la palabra: aunque «crisis» puede ser como una bajona de la cual luego sales fortalecido (o sea: «eso que no te mata, te hace Conan») la traslación física de la palabra (estamos viviendo) supone desempleo, ruina y escaparates con letreros de SE ALQUILA o SE VENDE. «Crisis» no es un río de África ni una etapa: es un proceso terminal. ¿A él, como lectores, como aficionados, queremos entregarnos con placidez, o haremos alguna cosa por su existencia? A mí no me interesa contemplar el problema como que, tras la crisis, habremos «adelgazado»; los menos fuertes han sido diezmados. Pese a todo, la ciencia-ficción sobrevivirá. Sólo habrá menos subgéneros. El tronco, fuste fuerte, estará más podado, sin tantas ofertas en las que poder solazarse. La crisis es una especie de témpora que algunos gilipollas alarmistas están oreando en extremo, planteándola como un mal, cuando es un… ayuno, sí. Eso. Un ayuno. Pues, no. Yo quiero un robusto árbol espléndido que ofrezca multitud de colores en sus hojas y la posibilidad de «catarlos» todos.

Bien: sin datos ni réplica profesional, me veo obligado a cercar la crisis por mi cuenta y abordarla desde tres aspectos que creo fundamentales: la recaudación, la temática y la iconografía.

Según las áridas cifras, tomando tres ejemplos concretos y relativamente recientes:

AVATAR: a fecha 08/02/2010, 2200 millones de USD,.

DISTRITO 9: 205 millones de USD, de presupuesto de producción de 30 millones de USD,.

UP: 683 millones de USD a fecha 31/12/09.

podemos confirmar rotundamente que el género está en crisis, en efecto. He equiparado crisis con la palabra «ruina». Si estas cifras son las de una «ruina», ¿cuáles serán las de una debacle?

Así que la crisis, por la parte del vil metal, no puede ser. Estas cifras indican, también, amplio respaldo popular, sean entendidos o no «en la materia». Y la posibilidad de hacer entre los espectadores nuevos seguidores del género.

Claro, que esto no es óbice para que haya habido producciones (LOS SUSTITUTOS tiene pinta de fracaso; ya hablaré del tema post-eriormente) que sí pudieran haber contribuido a «consolidar» la idea de la «crisis» del género. Pero también habrán estrenado comedias, o películas románticas, que apuntaban a barrer en taquilla estrellándose. ¿Eso indica que esos géneros están en crisis? Si es así, bien lo ocultan. La ciencia-ficción, empero, sí está en crisis, y se vocea muy alto.

(Y alguno os preguntaréis: ¿por qué incluir UP en la lista? Aunque tiene más trazas de ser «realismo mágico» —la casa volando a fuerza de globos tiene miga—, están los collares de los perros, que les hacen hablar. Eso sí es ciencia-ficción)

Hecha la acotación económica, y vinculando «recaudación» con «crisis» o «éxito» (según los inflexibles números, quod erat demostrandum, el balance es ÉXITO) pasaremos al siguiente apartado: la temática. Qué leemos, qué vemos. Los intereses formados en moldear el gusto. Aquí impera la cuestión del gusto personal, así que todo tendrá el inevitable velo de lo subjetivo. Pero para desarrollar mi teoría seguiré un planteamiento que los tres ejemplos propuestos que ilustran este post no han fracasado en los mínimos que debe tener todo buen relato: interés, entretenimiento, drama.

© Antonio Santos
(1.151 palabras)
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 8 de octubre de 2010