La música que no fue ni será
por Francisco José Súñer Iglesias

Hace ya un buen montón de años, allá por la entrada del euro como moneda única europea, comenté la poca visión que habían tenido los cultivadores del género al no haber planteado jamás cómo hubiera sido un cambio de divisa de aquellas características. Supongo que, suponiendo un proceso gradual, a corriente de la expansión hegemónica de la potencia de turno que acabaría por implantar su sistema monetario a los pueblos conquistados/asimilados, se tomaría como una cuestión menor. Pero el caso es que nunca, nadie, se ha dedicado a especular sobre el extremo, en su momento porque no fue un tema que le pasara a nadie por la cabeza o le diera importancia, y ya a estas alturas porque de ciencia-ficción tiene poco.

En ese sentido, no reprocho nada a los autores, mi tesis al respecto es que, como no son adivinos, ni pretenden en modo alguno establecer como será el futuro, no tienen obligación respecto a que aspectos del mismo describir.

Lo interesante de todo esto es descubrir que cuestiones de relevancia no ha tocado la ciencia-ficción en su mal llamado aspecto predictivo.

Con más buena voluntad que acierto, está muy presente entre los aficionados el argumento de que el punto fuerte de la ciencia-ficción es precisamente su aspecto predictivo. La ciencia-ficción no predice nada, eso es una falacia bienintencionada, pero radicalmente equivocada, para dar algo de lustre intelectual al género, que se dedica más bien a pintar el pasado y el presente de tintes tecnológicos y proyectarlo unos años por delante. Descubriendo que cuestiones no ha tocado nunca el género queda claro que su esfuerzo no es profético, sino más bien alegórico, aleccionador.

Como juego intelectual propongo investigar, por ejemplo, que ha aportado, o mejor dicho, que ha previsto, la ciencia-ficción respecto al mundo de la música. Mis conocimientos de musicología son nulos, y de historia de la música ando también escaso, pero por lo poco que se de ciencia-ficción puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, que el género no se ha preocupado por ella en lo más mínimo.

Obviamente, ha sido utilizada como eje principal de muchos argumentos y como atrezzo, muchos músicos han protagonizado grandes historias, pero lo que es a nivel especulativo, nada. E insisto, la introducción de extraños instrumentos, piezas sublimes o virtuosos intérpretes viene a ser lo mismo que el crédito, un recurso literario para dar una cierta sensación de extrañeza. Al igual que es necesaria una moneda se hace necesario un baliset en vez de una guitarra acústica.

Se puede razonar que especular respecto a la música es tremendamente complicado, al fin y al cabo la literatura es una manifestación escrita (bien, la música también se escribe y la literatura se escucha, pero ese no es su fin), y escribir sobre música no es sencillo. O si. Se puede escribir sobre lo que el músico y la música influye en una sociedad. Nunca se ha escrito una historia alternativa de la música, y cuidado que durante el siglo XX la cosa ha estado fácil, sobre todo en Estados Unidos. Justamente mientras se escribían las obras magnas del género, allá por los años cincuenta y sesenta, se estaba produciendo una revolución musical que ha sacudido el mundo hasta nuestros días.

Eran los tiempos en los que el rhythm and blues negro sacudía las cabezas de los adolescentes americanos, escandalizando a sus bienpensantes padres y profesores y llenando de ideas a toda una generación de músicos blancos, que fundieron aquellos ritmos sincopados con su tradición country, hillbilly y cajún, que otros músicos enriquecieron desde el gospel hasta llegar hasta aquel primer rock and roll. Y el resto, es historia.

A nadie se le ocurrió elaborar una historia que recogiera, de alguna forma, aquella explosión. La explicación más obvia es que ninguno de los escritores de ciencia-ficción de la época eran músicos, al menos no se dedicaban a la música como actividad principal, otra, es que tampoco era un fenómeno que les debiera interesar especialmente, alguno que otro, sobre todo los más jóvenes, sería furibundo seguidor de aquella música del diablo, pero no la convirtió en un objeto especulativo (otra palabra-amuleto), ni se le ocurrió que, girando alrededor de aquella música, se estaba preparando una formudable ruptura generacional.

Un terreno muy interesante, aún por explorar, no son las «predicciones» fallidas de la ciencia-ficción, sino aquellos temas que ni siquiera ha tocado pero que, sin embargo, han causado auténticos cataclismos sociales. Hace ocho años lo era, y aún los sigue siendo.

© Francisco José Súñer Iglesias
(754 palabras)