¿Plantas extraterrestres?
por Jorge Romo

La Astrobiología es la disciplina científica que estudia el origen, distribución, evolución y futuro de la vida en el Universo. Esta es una definición práctica que nos permite abordar el tema de la vida extraterrestre sin mayores complicaciones.

No hemos descubierto aún vida en otros planetas. A pesar de que la Astrobiología no cuenta con un objeto de estudio con el cual lidiar, su validez persiste sin problema alguno: la vida en el Universo, más allá de ser una especulación esperanzadora, es una posibilidad científica que puede aparecer siempre y cuando las condiciones en algún planeta sean las idóneas. Dentro de los temas que esta disciplina maneja, al extrapolar los conocimientos que hemos obtenido de los seres vivos suelen aparecer algunas curiosidades que sobresalen por su extravagancia aunque a su vez por su alta probabilidad de existir.

Fue en la década de los 90 cuando Carl Sagan, aclamado astrónomo y divulgador científico, pidió prestada la sonda Galileo (aquella astronave que fue enviada a estudiar, entre otras cosas, la atmósfera de Júpiter) para llevar a cabo unos experimentos bastante curiosos que harían época. Junto con varios colegas, Sagan apuntó esta sonda a nuestro propio planeta para hacerse una pregunta: si yo fuera un extraterrestre que observara la Tierra por primera vez y me interesara detectar vida, ¿qué señales utilizaría para inferir esta posibilidad? A continuación, sabiendo que nos encontramos en un mundo tapizado con las más variadas criaturas vivientes, se hizo una detección de los elementos y compuestos químicos presentes en la atmósfera de nuestro planeta. Los resultados son muy interesantes: la presencia de agua, metano, ozono, hidrógeno, oxígeno, etc., son característicos de un mundo con vida. Pero no sólo eso: también se verificó la presencia de plantas a través de la detección de la clorofila (un pigmento con doble función: darle el color a los vegetales y a su vez permitir la fotosíntesis) La detección espectral en el cual este pigmento delata la presencia de plantas es conocida como la línea de la clorofila. Estas bioseñales como indicadores de vida en un planeta determinado habían llegado para quedarse.

Actualmente, los astrónomos hurgan con sus instrumentos las atmósferas de los exoplanetas (planetas en órbita alrededor de otras estrellas) buscando bioseñales. Si un planeta a una distancia adecuada de su estrella que sea rocoso y tenga una masa similar a la Tierra presentara los compuestos químicos mencionados en el párrafo anterior, sería muy probable que aquel mundo albergara seres vivos muy similares (químicamente hablando) a los que habitan nuestro mundo. El asunto es que no hemos encontrado aún algún planeta con las bioseñales requeridas, aunque la búsqueda continúa.

Un estudio llevado a cabo por la biometeoróloga estadounidense Nancy Y. Kiang en 2007 aparece a la vista como una de las extrapolaciones científicas más curiosas. Aplicando los conocimientos que se tienen sobre bioseñales y especialmente sobre la línea de la clorofila, sería posible la detección de plantas en otros planetas sometidos a diferentes condiciones dependiendo del tipo de estrella presente. Pero no sólo eso: las condiciones planetarias forzarían a las plantas a utilizar ciertos colores (longitudes de onda) para llevar a cabo la fotosíntesis, al mismo tiempo que reflejarían las longitudes de onda que no fueran, por así decirlo, útiles para sobrevivir. En este sentido, dependiendo del tipo de estrella, encontraríamos distintos tipos de plantas con una variación de colores muy interesante.

En el caso de que existiera un planeta con vida en órbita alrededor de una estrella gigante azul (una estrella muchísimo más brillante y grande que el Sol) la energía que las hipotéticas plantas recibirían sería muy amplia en cuanto a longitudes de onda para realizar la fotosíntesis. Al recibir demasiada luz, estas plantas extraterrestres absorberían la luz azul y reflejarían de muy variadas formas una cantidad importante de la energía recibida: en este hipotético planeta encontraríamos plantas de color verde, amarillo o rojo.

¿Qué pasaría si nuestro planeta hipotético orbitara una estrella enana roja (una estrella que emite poca luz y que es mucho más pequeña que nuestro sol)? En primer lugar, este pequeño sol sería tan frío al grado de que las plantas alienígenas tendrían que ingeniárselas para sobrevivir. Al recibir tan poca energía, éstas absorberían toda la luz posible: las condiciones serían tan extremas que a este tipo de plantas las veríamos de color negro. ¿Pero qué sucedería en condiciones todavía más extremas?

Otro escenario propuesto por Kiang tiene relación con el anterior. Nuevamente tenemos una estrella enana roja, pero con una pequeña pero abrumadora diferencia: esta es aún muy joven y emite grandes destellos ultravioleta. Nos han repetido mil veces que la radiación UV es muy peligrosa para todos los seres vivos, y pese a que existen algunas cuantas excepciones, todos podemos ser víctimas de la crueldad innata de los rayos ultravioleta. ¿Cómo sobrevivirían nuestras hipotéticas plantas extraterrestres en un ambiente como este? Sólo existe una solución: ser un organismo acuático. Estando a una profundidad adecuada dentro de un cuerpo de agua sólo se recibirían los colores necesarios para hacer fotosíntesis, mientras que la dañina luz UV se quedaría absorbida y reflejada en los estratos superiores del cuerpo acuático (sea este lago, mar, océano, etc.)

Nuestro caso es bien conocido por todos. La Tierra se encuentra en órbita alrededor de una estrella que emite una cantidad regular de luz al grado de que las plantas utilizan varios de los colores que llegan del sol y reflejan uno solo: el verde. En este caso la clorofila es el pigmento encargado de este proceso, mientras que en las plantas de los hipotéticos planetas mencionados, los pigmentos que le darían el color a los vegetales serían pigmentos fotosintéticos con función similar a la de la clorofila.

El modelo de Kiang y sus colaboradores nos ofrece una idea muy interesante para utilizar las bioseñales. Seguramente la evolución tiene caminos tan distintos al grado de que en otros planetas obviamente no encontraremos plantas. Sin embargo, este modelito nos enseña que para buscar seres vivientes en otros planetas, hay que iniciar la búsqueda a partir de la vida tal y como la conocemos.

© Jorge Romo
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