¡Vivan los personajes de cartón piedra!
por Daniel Salvo

Desde hace tiempo, suele darse una discusión de nunca acabar en el ámbito de la ciencia-ficción: la caracterización de los personajes. Que si son personajes de cartón piedra. Que si les falta profundidad. Que no son verosímiles. Que sí lo son. Y así.

Si bien la discusión parte de una buena intención (que las novelas y cuentos de ciencia-ficción cuenten con personajes creíbles) uno se pregunta, a la luz de ciertos ejemplos, si estamos dejando de ver el bosque por ver el árbol. O viceversa.

Por que, yendo al grano, ¿para qué quiero un personaje con densidad psicológica cuando no es necesario? Si estoy leyendo una novela de aventuras, ¿de qué me vale que el protagonista agarre y, en un flashback, nos empiece a narrar sus traumas infantiles?

El exceso de caracterización de uno o varios personajes puede afectar (y mucho) el desarrollo de una novela, un cuento o incluso de una película. Sobre éste último caso, sería más que útil ver y comparar las dos versiones de FURIA DE TITANES, tanto la de 1981 como la actual de 2010. Mientras en la primera se sacaba el jugo a los monstruos, a la mitología, a la aventura; en la versión actual el director ha optado por la cosa que no es, como dirían los sabios houyhnhnms de Jonathan Swift. En lugar de una película de aventuras (un peplum, vamos) con buenos efectos, se nos endilga una pretenciosidad que sólo nos induce al bostezo. ¿Nos interesan realmente las relaciones conflictivas entre los dioses griegos y sus criaturas, nos conmueve el trauma del personaje Perseo al quedarse sin familia? En otra película quizá, pero no en ésta. Y menos, con actores tan malos. No pues, queríamos personajes de cartón piedra, a Perseo quedándose con Andrómeda, a una Medusa aterradora diseñada por Ray Harryhausen y no a una patética criatura dibujada mediante Photoshop. Pero nada, se prefirió la onda démosle profundidad al personaje y arruinaron uno de los remakes más esperados del año.

¿Y qué me dicen de la literatura, de tantas novelas y cuentos con capítulos enteros dedicados a mostrarnos la humanidad de los personajes? ¿Cuántos astronautas divorciados, cuántos capítulos enteros dedicados a seguir charlas interminables para que al fin los tripulantes de una nave decidan cometer adulterio? ¿Cuántas muertes más largas que los funerales de Patroclo?

Imposible no recordar, con mucha nostalgia, la época de oro del pulp español, las maravillosas tardes pasadas con Clark Carrados, A. Thorkent, Glenn Parrish, Curtis Garland, Marcus Sidereo, Ralph Barby y tantos otros publicados por Bruguera. Con el héroe dándole al final un beso a la heroína, luego de acabar con el entuerto de turno. ¿Qué más se podía pedir?

Es cierto que no todo pueden ser historias pulp. Que tuvimos la New Wave, a Lem y a Ballard. Que la ciencia-ficción es mucho más que historias de marcianos. Pero no hay que dejar de ver el bosque por ver el árbol (¿o es al revés?): la mejor historia de ciencia-ficción puede arruinarse a causa de uno (o varios) personajes con densidad psicológica. Suficiente con que hagan su tarea dentro de la historia. Lo demás, que lo hagan en su tiempo libre. O sea, cuando no los vemos o leemos.

© Daniel Salvo
(539 palabras)
Publicado originalmente en Ciencia-ficción Perú el 1 de junio de 2010