Socializando libros
por Ramón Batalla

Un país que no lee requiere de muchos premios de escritura. O sea que a más premios menos lectores. Los premios funcionan como una publicidad encubierta, una forma de atraer lectores. Mal asunto.

Otra forma de atraer lectores son las frases escritas por otros escritores de renombre sobre la novela que tenemos entre manos...: Tal diario dice que es muy buena... Tal escritor de reconocido prestigio la pone por las nubes... Me pregunto a que precio sale la frase de un Stephen King o de un Javier Marias, un Orson Scott Card o un George R. R. Martin por poner ejemplos. Seguramente es un buen negocio y creo que ni siquiera llegan a leer dicha novela. Es la maquinaria editorial quien paga las minutas a los escritores que se mojan a honorario por frase de portada y palante.

En nuestra actual sociedad esclava del ahora y del momento, no hay espacio para arriesgarse con libros desconocidos de incierta calidad o gusto, la gente busca asegurar su tiempo con obras que le darán seguramente lo que busca: evasión, diversión y lo más extraño, aumentar su integración y visibilidad social.

He tenido que oír muchas veces frases del tipo: Tu que lees tanto, ¿No has leído el último libro de Brown? ¿El último Follet? ¿El último Potter? No se entiende que no pueda interesarle a uno esas lecturas y para que no nos tachen de pedantes tampoco soporto los grandes clásicos, así que si lo que interesa es la lectura sobre la humanidad y su evolución junto con la tecnología o sea literatura de género, pues como si no tuvieras un libro en las manos nunca. He visto como en una conversación, ya de por si insólita sobre libros, pasármela casi sin participar lo más mínimo; porque fuera del gran BestSeller es difícil hablar sobre libros. Ni me atrevo a criticar sus lecturas ni a discutir calidad. La calidad se liga al volumen de ventas cualquier opinión en contra de las ventas se tacha de altiva y freak. Me llena de tristeza que magníficos libros sean transparente a muchos lectores ocasionales por esa inseguridad y esa necesidad de leer lo que todo el mundo lee. El riesgo esta sobrevalorado, no interesa.

Cada vez existen más diferencias entre los grandes BestSellers y el resto de libros. Libros de enormes tiradas, se agotan continuamente mientras dura su interés social y libros con tiradas de 1000 o 2000 volúmenes languidecen en las estanterías detrás de los superventas hasta convertirse en saldos y material para mercadillos de segunda mano.

Existe un punto crítico, un horizonte de singularidad donde los libros, independientemente de su calidad, saltan de las 2000 unidades a los 200 mil y cada vez la clase media, los que se alejan de estos dos polos, es más estrecha. Esa es la labor de un editor hoy, conseguir convertir cualquier cosa en un producto editorial que socialmente sea necesario leerse.

La relación, simbiosis o sinergías entre crítica pagada en diarios, tertulias y televisión junto con editoriales todo en las mismas manos empresariales hacen un caldo aún mayor para este tipo de mercantilismo de los libros. Se notician los nuevos Harry Potter en los telediarios con personas haciendo colas durante días para ser el primero en leerlos, auténticos famélicos de notoriedad. Se entrevista a escritores que hablan sobre novelas que saldrán dentro de meses. Se genera necesidad y deseo en el oyente; ya no hay lector sino comprador a secas. Se venden derechos para realizar películas. No importa el libro sino el producto. No importa el contenido, no importa la obra del autor, sólo el producto, el producto editorial, el producto consumible.

Las Librerías mueren porque el libro se convierte en producto de Supermercado donde sólo encuentras los libros de autoayuda, junto con las 15 novelas del momento y no pidas nada más. Sus ventas aumentan, las de las librerías bajan. Porque nadie necesita variedad, nadie busca nada no hay tiempo para encontrar una sorpresa, una lectura desconocida es un riesgo de tiempo y dinero que nadie se quiere permitir. ¿Alguien pondría una tienda solamente para vender solo naranjas? Pues eso, la dulce muerte de la librería.

Para el género de ciencia-ficción es aún peor, evidentemente no encuentras nada nuevo ni viejo en supermercados, pero es que en librerías más grandes como FNAC cada vez pierden más espacio para dejar puesto a los SECRETOS DEL CÓDIGO DAVINCI variante, mutación enésima; el último bombazo editorial, la ley de la oferta y la demanda arrasa impone sus normas. Supongo que en los demás géneros les pasará lo mismo.

Hoy conseguir poner en la portado una pegatina redonda anunciando a los 4 vientos la séptima edición con 0.000 ejemplares es un garantía de compras. Para quien no quiere perder el tiempo en buscar y entender sus propias preferencias, una etiqueta de estas es un salvavidas en la elección del verano que pasa deprisa o la compra de un regalo en nuestro sacrosanto día del Libro.

Decía Quim Monzó que lo importante hoy en día no es publicar, cualquiera puede hacerlo, los editores buscan material como locos y en el peor de los casos siempre se puede editar uno mismo sus libros mediante empresas como Lulu o Bubok que dan este servicio. Monzó hablaba de que lo importante hoy en día es la reedición. Ser reeditado muchas veces... que gran verdad Quim porque editar para sucumbir es fácil aunque efímero, lo que se desea es el largo recorrido la subsistencia entre BestSellers; aquellos ejemplares que mantienen ventas durante décadas. Pero a la vez que gran contradicción, se quiere ir sobre seguro, es la crítica mediatizada controlada o de aficionado la que suministra ese información de riesgo. Si te pones hoy en día a leer EL MÉDICO casi que te mirarían con lástima, a nadie le importa, ya no es el libro del momento, ni el de las tertulias radiofónicas, ni el comentado en los telediarios que busca su momento de cierre su punto cultural después de 20 minutos de deportes. Ni BestSellers antiguos, ni nuevos y mucho menos clásicos. La palabra clásico se empareja con pesadez, anticuado, desfasado casi ofensivo.

Alguien puede decirme porque la gente que lee a Potter no lee LA ISLA DEL TESORO un clásico mucho mejor o UN MAGO DE TERRAMAR si no quieres salirte de los magos imberbes. Porque decía Steiner que según los estudios quien lee Potter saltará al nuevo libro mediático, no a los clásicos, léase forúnculo perdón CREPÚSCULO.

A nadie le interesa leer un libro del que no vas ha poder hablar con nadie porque nadie más lo ha leído. Se lee en buena medida como un acto en vistas a un uso social igual, que seguir al grupo musical de moda, para demostrar cierta cultura de cartón-piedra, aunque puede que simplemente no podamos pasar de ese conjunto de libros que todo lector con ganas de socializar su lectura debe leer casi obligatoriamente.

Internet rompe un poco con esta tendencia porque permite poner en contacto a lectores fuera del sistema y no tan mediatizados, la larga cola. Tenemos hoy la oportunidad que da Internet de acceder a una cantidad de información variada, ecléctica y sin limitaciones; en un mundo cada vez más homogéneo, nos alineamos más y nos dejamos dirigir, contradicción que sólo se explica por la premura, el mundo de la urgencia y el ahora.

Internet aún nos permite comunicar impresiones sobre libros de pequeña tirada lo que hasta no hace una década parecía morir, renace en Internet aunque no con fuerza, digamos que sobrevive. Esta página empezó como una forma de autoreferencia y de recordatorio de todo lo que leo, principalmente ciencia-ficción, pero con el tiempo lo que más he apreciado de la página son los comentarios de lectores afines que comparten ese pequeño libro que nos gusta y compartimos.

Un comentario sea bueno o malo es un tesoro. ¿Porque no es un tesoro que alguien se digne a darte su tiempo?

Este pequeño homenaje a quien nos da un minuto de su tiempo y comparte sus valoraciones de los libros que reseñamos en esta página y en todos aquellos que hacemos algo parecido que no son pocos.

© Ramón Batalla
(1.362 palabras)
Publicado originalmente en En clave pública el 10 de febrero de 2010
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