Vendiendo motos trucadas
por Iván Olmedo

¿Es una película mejor película simplemente por el hecho de que nos la ofrezcan en 3D? Evidentemente, no. Tras la fanfarria de la mediocre AVATAR (que iba a ser lo nunca visto en la Historia del Cine y se quedó en lo mil veces visto, eso sí, implicando una nueva tecnología que supera lo anterior) las productoras han perdido el culo en su carrera para querer engatusar al espectador y sacar sus nuevas obras en 3D —en algunas, quizás, como opción principal— sin pararse a pensar en nada más. Resulta claro que, además de los trabajos de nuevo cuño, no tardaremos en ver REGRESO AL FUTURO 3D, los Terminators en 3D y hasta MARY POPPINS en 3D. Esta nueva ley de Hollywood es retroactiva, y pocas películas que hayan tenido éxito en su momento, que conserven su legión de fans e incluso, los clásicos, se salvarán del trasvase. Ya se puede ver: CASABLANCA, LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ, EL MAGO DE OZ, LOS 3D MOSQUETEROS, EL TERCER D HOMBRE chistecillos aparte, estoy seguro de que veremos en el futuro despropósitos mayúsculos, e incluso muchos de los que nos arrepentiremos de haber picado y apoquinar el precio de una entrada.

Ahora me meto en aguas profundas, dada mi inutilidad para los asuntos de última tecnología, pero: ¿no resulta evidente que para que un film en 3D salga bien ha de prepararse y rodarse exclusivamente pensando en ello? Y poner pasta, claro. Tirar de catálogo y coger cualquier título que nos atraiga para forzar sus imágenes al descacharrante formato solo traerá, en la mayoría de los casos, variaciones bastardas que nos harán echar pestes de una tan peregrina idea.

De todas formas, no hay razón —ni con lo nuevo ni con lo clásico— para dejarse hipnotizar por el envoltorio del caramelo. El envoltorio se tira; es el caramelo lo que nos aprovecha. Cuando veo una película, la juzgo en su conjunto, porque son demasiados los elementos que entran en ella y hay que tener en cuenta. Desde el guión a los actores secundarios, pasando por la fotografía, la música, el ritmo, los diálogos y chorropocientas cosas más. Sin dejarse llevar por lo guapo de los efectos especiales, podemos concluir que AVATAR (que he visto) es una película mediocre y tramposa; o que FURIA DE TITANES (que no he visto; hablo por las opiniones vertidas por la mayoría de aquellos que sí lo hicieron) es un amasijo de escenas sin hilar a la que los —forzados— 3D no sientan bien.

Puede que sea un rasgo característico de los tiempos que corren, pero tanto empeño en trabajarse la tecnología (en su aspecto más aparatoso) hasta el último extremo y descuidar otros aspectos que resultan, en principio, más importantes, no es el mejor de los caminos posibles a tomar. Que nos den buenas historias y buenas interpretaciones, aunque los efectos sean para cumplir el expediente, y no intenten dejarnos en la mano el envoltorio vacío del chicle. La televisión nos ha dado en los últimos años buenos ejemplos de esto: series cuidadas, con magníficos guiones, personajes potentes y tramas que calan en el espectador. Y de efectos especiales, normalmente, justitas. A estas alturas, casi todos nos hemos dado cuenta ya de las muchas cosas que fallan en la producción cinematográfica actual. Por desgracia, Eastwood solo hay uno. Y SIN PERDÓN no sería mejor película con efectos 3D. Con perdón...

© Iván Olmedo
(671 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Blogdemlo el 5 de abril de 2010