Tecnojerga
por Francisco José Súñer Iglesias

Hace poco un amiguete me preguntaba sobre la mejor manera de incluir en un relato elementos tecnológicos sin que resultara de ello un tratado infumable o, peor, un pastiche lleno de tecnojerga. No es fácil, ciertamente, aconsejar al respecto. Se de mucha gente que le encanta encontrarse una y otra vez la descripción, esté fundamentada o no, de maravillosos cacharros, pero también se de otros muchos alérgicos a cualquier tipo de referencia científico-técnica. Así que en vez de orientarle acerca de cómo hacerlo tiré por el camino fácil y le comenté como que me gusta a mi.

Por una cuestión de formación no puedo llegar a descifrar adecuadamente ciertas disgresiones de gran calado científico. Cuanto más calado, más a chino me suena. He leído, y mucha, divulgación científica, y tengo un conocimiento amplio de algunas áreas concretas de la tecnología, pero eso no implica que me resulte agradable enfrentarme a un tratado técnico más allá de mi ámbito laboral. Esto lleva a una mantener ciertas precauciones adicionales. Al igual que yo, la mayoría de los mortales se manejan con soltura en un área específica, sobre esas áreas podrán hablar y extenderse todo lo ampliamente que necesiten, pero con cuidado de no dotar la narración de ese calado excesivo. La incomprensión de los iletrados respecto a ese pasaje concreto puede extenderse al resto del relato, aunque solo sea por antipatía, y lograr una impresión general muy desfavorable.

Inversamente, querer profundizar acerca de ciencias y tecnologías que sólo se conocen de forma superficial o que no se han estudiado a fondo consigue que el experto en la materia, enfrentado a una sarta de barbaridades arrojadas alegremente al público, se muerda las uñas de pura indignación.

Como cuestión de perogrullo, un truco casi infalible para soslayar ambos problemas es, obviamente, no profundizar en lo que no se sabe, y si no es absolutamente crucial para el devenir del argumento, tampoco en lo que se sabe. Evitar la jerga técnica, y centrarse en lo que verdaderamente interesa, los efectos del cacharro. Ante preguntas del estilo de: ¿como funciona un generador de campo Sanchez-Yunai? La respuesta inmediata es Muy bien, y si el interpelado es técnico u operador del generador de campo y el curioso sigue insistiendo con cuestiones como: ¿en qué principio se basa el generador de campo Sanchez-Yunai? Lo mejor es despacharle con algo así como Eso pregúnteselo a los profesores Sánchez y Yunai, yo solo lo reparo.

¿Herejía? En absoluto. Pregúntenle a su mecánico favorito algo sobre termodinámica. No es imposible que sepa lo suficiente del asunto, pero es más probable que si alguna vez ha oído hablar sobre ello lo haya olvidado, pero en cambio sea capaz de efectuar una fina puesta a punto del motor de su vehículo.

Otro tema también importante es donde introducir ciertos términos que den idea del tiempo en el que transcurre el relato. No es difícil, de cuando en cuando, con hacer referencia a imaginarios objetos y artefactos de uso común de ese futuro inventado, es suficiente. Pero cuidado, antes de liarse la manta a la cabeza y listar todo aquello que se suponga cotidiano en ese futuro es mejor mirar alrededor, escuchar un poco y darse cuenta de cómo llama la gente a los cacharros que usa actualmente. Un ejemplo, es muy habitual referirse a la televisión tridimensional (una posibilidad cada vez más probable) como tridi. No es imposible que se acabe denominando así, pero observemos artículos y reportajes al respecto, lo que salta a la vista es que no se usa el término tridimensional, sino el acrónimo 3D. ¿No sería posible que el artefacto se le bautizara a nivel popular como tresde? Enciende la tresde; ¿qué hay en la tresde? ¡Vaya programación mierdosa que hay en la tresde. Siendo el mismo artefacto se le acaba de dar un aire popular, exótico y más original que la simple tridi. Pero vayamos más allá. Cuando la televisión llegó a los hogares, al menos en España. se le empezó a llamar, abreviadamente, tele. Sin embargo, al cambiar del blanco y negro al color... no dejó de llamársele tele, una vez digitalizada sigue siendo la tele. Igualmente teles eran las de tubo que lo son las planas. ¿Por qué entonces a una televisión tridimensional se le va a dejar de llamar tele? Los protagonistas del relato seguirá viendo la tele, pero harán comentarios (además de sobre la nefasta programación) de lo poco que aprovecha el medio el presentador mengano ya que no entiende el medio, al provenir de la prensa o la radio (que tampoco cambiarán de nombre, aunque su emisión/lectura sea a través de internet... o la red que toque) En resumen, la ambientación hay que introducirla con naturalidad, da igual que sea una falcata en un relato sobre el Imperio Romano que una tele en un relato de ciencia-ficción. Todo debe parecer integrado dentro del paisaje, no resultar anacrónico en su propia época, no conviene inventarse neologismos si no es absolutamente necesario, y si es necesario, sin exagerar. Un stylus no es lo mismo que un bolígrafo, pero la función y uso de ambos es exactamente la misma. Menciónese entonces el acto de la escritura, no el instrumento.

Al final he acabado dando consejos. En fin, ahí quedan. Son gratis.

© Francisco José Súñer Iglesias
(880 palabras)