Philip no está muerto lo estamos todos
por Ramón Batalla

Hace 28 años, el 2 de marzo del 1982, moría Philip Kindred Dick.

Uno de mis escritores fetiche. Probablemente uno de los grandes pesos pesados que ha dado el género y que elevó un par de eslabones la ciencia-ficción dentro de la literatura universal.

Fue siempre una persona con graves problemas psicológicos al borde de la dualidad de personalidades que se reflejó en su forma de escribir y en los temas recurrentes de su literatura siempre girando sobre el concepto de realidad y no realidad, de la conciencia del yo, de la personalidad y de las múltiples percepciones que tenemos sobre la realidad y su interpretación humana.

Autor de novelas imprescindibles como UBIK o EL HOMBRE EN EL CASTILLO, nunca en vida tuvo el reconocimiento que le proporciono la adaptación cinematográfica de una de sus novelas: ¿SUEÑAN LOS ANDROIDES CON OVEJAS ELÉCTRICAS? Destacó mucho en la faceta de cuentista donde los conceptos de realidad, personalidad y percepción se cruzaban y se entrelazaban de mil maneras.

Su vida transcurrió con muchos apuros casi bordeó la indigencia en muchos momentos y han sido sus adaptaciones y su forma única de escribir lo que con el tiempo le ha ido situando en el pedestal que se merece.

En su memoria un recuerdo de frases que se le atribuyen:

:: La realidad es aquello que, cuando uno deja de creer en ello, no desaparece.

:: El abuso de las drogas no es una enfermedad, es una decisión, como la decisión de saltar desde un coche en movimiento. No lo llamaría una enfermedad sino un error de juicio.

:: Los escritores de ciencia-ficción, y siento decirlo, realmente no sabemos nada. No sabemos hablar sobre ciencia porque nuestro conocimiento sobre ella es limitado y no oficial, y normalmente nuestra ficción resulta terrible.

:: El instrumento básico para la manipulación de la realidad es la manipulación de las palabras. Si tu puedes controlar el significado de las palabras puedes controlar a la gente que utiliza esas palabras.

:: Tenemos un montón de goteras en nuestra realidad.

:: Ahora definiremos lo que es la buena ciencia-ficción. La desfiguración conceptual (la idea nueva, en otras palabras) debe ser auténticamente nueva, o una nueva variación sobre otra anterior, y ha de estimular el intelecto del lector; tiene que invadir su mente y abrirla a la posibilidad de algo que hasta entonces no había imaginado. Buena ciencia-ficción es un término apreciativo, no algo objetivo, aunque pienso objetivamente que existe algo como la buena ciencia-ficción.

:: Las riquezas y las propiedades me hacen sentir incómodo; (...) tengo la típica conciencia izquierdista (...) que desconfía de la vida fácil.

:: Darme una nueva idea es como dar a un imbécil un arma cargada, pero te lo agradezco de todos modos, bang, bang.

:: La elección humana es imposible sin el conocimiento, y la elección adecuada sólo es posible allí donde el conocimiento es completo y está científicamente organizado. Eso es lo que nos diferencia de las bestias.

:: ¿Saben cuál es la verdadera base del poder político? No las armas ni las tropas, sino la habilidad de hacer que los demás hagan lo que uno desea que hagan.

:: Tenemos un mundo ficticio; este es el primer paso...es nuestro mundo desfigurado por el esfuerzo mental del autor, nuestro mundo transformado en otro que no existe o que aún no existe. Este mundo debe diferenciarse del real al menos en un aspecto que debe ser suficiente para dar lugar a acontecimientos que no ocurren en nuestra sociedad o en cualquier otra sociedad del presente o del pasado. Una idea coherente debe fluir en esta desfiguración; quiero decir, que la desfiguración ha de ser conceptual, no trivial o extravagante... esta es la esencia de la ciencia-ficción, la desfiguración conceptual que, desde el interior de la sociedad, origina una nueva sociedad imaginada en la mente del autor, plasmada en letra impresa y capaz de actuar como un mazazo en la frente del lector, lo que llamamos el shock del no reconocimiento. El sabe que la lectura no se refiere a su mundo real.

:: Ahora tratemos de separar la fantasía de la ciencia-ficción. Es imposible, y una rápida reflexión nos demostrará. Fijémonos en los personajes dotados de poderes paranormales; fijémonos en los mutantes que Ted Sturgeon plasma en su maravilloso MÁS QUE HUMANO. Si el lector cree que tales mutantes pueden existir, considerará la novela de Sturgeon como ciencia-ficción. Si, al contrario, opina que los mutantes, como los brujos y los dragones, son criaturas imaginarias, leerá una novela de fantasía. La fantasía trata de aquello que la opinión general considera imposible: la ciencia-ficción trata de aquello que la opinión general considera posible bajo determinadas circunstancias. Esto es, en esencia, un juicio arriesgado, puesto que no es posible saber objetivamente lo que es posible y lo que no lo es, creencias subjetivas por parte del autor y del lector.

:: La diferencia entre un relato corto y una novela reside en lo siguiente: un relato corto puede tratar de un crimen; una novela trata del criminal, y los hechos derivan de una estructura psicológica que, si el escritor conoce su oficio, habrá descrito previamente... Las novelas cumplen una condición que no se encuentra en los relatos cortos: el requisito de que el lector simpatice o se familiarice hasta tal punto con el protagonista que se sienta impulsado a creer que haría lo mismo en sus circunstancias.

:: Creo que la paranoia, en algunos aspectos, es la evolución en los tiempos modernos de un antiguo y arcaico sentido que los animales de presa todavía poseen: un sentido que les advierte de que están siendo observados... Estoy diciendo que la paranoia es un sentido atávico. Es un sentido persistente, que tuvimos hace mucho tiempo, cuando éramos, o nuestros antepasados eran, muy vulnerables a los depredadores, y este sentido les advertía de que estaban siendo observados, y eran observados por algo que, probablemente, iba a atacarles... Mis personajes poseen a menudo ese sentido.

Te recordamos.

© Ramón Batalla
(989 palabras)
Publicado originalmente en En clave pública el 2 de marzo de 2009
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