Especial Decimotercer Aniversario
¿Cómo? ¿Nos ven los medios?
Especial Decimotercer Aniversario
por Dixon Acosta

¿Cómo nos ven los medios? me propongo variar la propuesta inicial, recordando un viejo chiste matrimonial, en el cual, después de la noche de bodas, la esposa enamorada le dice a la mañana siguiente a su marido: ¿Cómo amaneciste? Veinte años más tarde la mujer le vuelve a preguntar a su pareja con tono irónico: ¿Cómo? ¿Amaneciste?

Entonces siendo consecuentes, reformulo el silogismo, el interrogante que lleva implícita su solución: ¿Cómo? ¿Nos ven los medios? Al menos, me referiré al caso colombiano, aunque debo admitir que mi país tiene una capacidad de sorprender —a propios y extraños—, pero creo no equivocarme al anticipar la previsible respuesta: Los medios no nos ven. A continuación intentaré dar una explicación.

En Colombia predomina la cultura audiovisual, concretamente la televisiva. En los hogares más pobres no puede faltar un aparato de televisión, bien más preciado que una enciclopedia, lamentablemente. Los espacios de los canales televisivos nacionales están poblados por los dramatizados (telenovelas y series, algunas muy exitosas en otros países) noticieros y programas deportivos, la cultura es materia escasa, reducida a presentaciones en horarios imposibles y breves secciones al final de los noticieros, en donde se confunden con notas banales de farándula, pues las presentadoras de dichos segmentos son modelos plásticas, algunas con prótesis de silicona no sólo en sus pechos, pareciera que también en sus cerebros, por lo que una información sobre el género de ciencia-ficción puede sonarles a cualquier cosa venida del espacio sideral.

En cuanto a los medios escritos, en donde se podría aspirar a encontrar una mejor respuesta el panorama no parece mejor. Los periódicos y revistas de mayor circulación, en cuanto a sus suplementos literarios o de cultura, se concentran en aquello que define la palabra anglosajona mainstream, es decir, la corriente principal oficialmente consagrada y aceptada, no hay lugar para manifestaciones divergentes ó alternativas. Las grandes editoriales llenan las páginas con sus lanzamientos de temporada, best-sellers dispuestos a los mejores compradores. Como suele ocurrir, la ciencia-ficción sólo llega a los titulares por cuenta de alguna película de gran presupuesto, esperada desde hace años, por la multimillonaria inversión de un estudio y el prestigio de su director, es la única manifestación de respeto por la ciencia-ficción, pero en cuanto a la producción literaria, no hay ni pareciera interesar, quizás alguna noticia aislada sobre manifestaciones literarias del género en otras latitudes, pero ni una palabra sobre su estado en el territorio patrio.

Incluso se podría ensayar un experimento, si se introduce la palabra compuesta ciencia-ficción en los buscadores de los periódicos de mayor prestigio, se encontrarán resultados relacionados con la acepción incrédula y subordinada que confunde a esta manifestación literaria y artística con algo absurdo, ridículo, difícil de creer, pura fantasía, aplicable a cualquier evento, como cuando un político acusa a otro de tener una mente acalorada y frente a cierta propuesta, afirma que su contrincante ha elaborado una novela de ciencia-ficción.

Cuando alguien no ve algo, puede obedecer a que no puede o no quiere. Me resisto a creer, que personas cercanas a la intelectualidad y al humanismo, pretendan ignorar una expresión que con el transcurso de los años ha demostrado su capacidad de alertar a los hombres sobre su futuro, cuestionar su presente y pasado, exaltando la importancia de la reflexión sobre su devenir. Así que una explicación lógica es que el observador experimente una de las enfermedades visuales. Quizás astigmatismo, cuando a pesar de la evidencia en contrario, no hay posibilidad de observar lo que hay cerca o se ve distorsionado, ó tal vez miopía, cuando sólo se ven claramente horizontes lejanos, posiblemente daltonismo, como cuando se confunde la ciencia-ficción con la fantasía y otros variados productos, así nuestro género se convierte en una gran bolsa en donde ingresan desde la fantasía épica hasta novelas de superación personal. Eso cuando no relacionan situaciones relacionadas con reportes de ovnis, abducciones extraterrestres e incluso manifestaciones paranormales. Cualquiera de estos males simplemente obedece a una carencia mayor, que se puede resolver con algo de lectura, la impenitente ignorancia.

Aunque en aras de la justicia, puede que la responsabilidad no sólo se le achaque al observador, sino al mismo objeto expuesto. Al cambiar la perspectiva, puede que el objetivo sea difícil de enfocar, pues no aparece de forma nítida o tenga una naturaleza dinámica que tiende incluso a moverse y ocultarse ó simplemente porque el objeto no existe. En el caso colombiano, la ciencia-ficción existe, ha tenido manifestaciones literarias e incluso alguna cinematográfica y televisiva, pero debemos reconocer que el género siempre ha permanecido en sitios oscuros, aislados, cuando no netamente subterráneos. No pretenderé realizar un juicio de responsabilidades, pero seguramente la culpabilidad es compartida entre los que deben producir la información y quienes la registran en los medios.

En Colombia, sitio especial para la ocurrencia de situaciones extraordinarias, pueden ocurrir los dos fenómenos simultáneamente, que por una parte este objeto denominado ciencia-ficción sea difícil de observar y que el espectador posea algunas de las enfermedades descritas ó simplemente, mire de soslayo y siga de largo, pues sencillamente no le interesa. En esta coyuntura, la única posibilidad y refugio es Internet, que actualmente es tan importante como los medios tradicionales, aunque en un medio como el colombiano, todavía dista de ser totalmente masivo.

Precisamente en este momento, hago parte de un proyecto, que dirige el joven escritor David Pérez, la revista virtual Cosmocápsula, la cual posiblemente sea la primera revista del género en Colombia, quizás sea prematuro, señalar con el dedo acusador y decir a voz en cuello que los medios nos ignoran. Podemos darles la oportunidad para que nos descubran y no endilgarles la responsabilidad de ignorarnos a propósito. La revista acaba de lanzarse y se trata de un esfuerzo para dar a conocer la producción del género de ciencia-ficción, en cuanto a obras y autores, desconocidos hasta el momento.

Prefiero esperar que a la vuelta de algunos años, y si la cuestión vuelve a ponerse sobre en el tapete, poder darle un giro a la inicial presentación, diciendo con agrado que los medios nos observan, utilizando para ello telescopio y lupa, es decir, que nos critican objetivamente, usando también el espejo, pues nos reflejan ante la sociedad, objeto de nuestras especulaciones futuras.

© Dixon Acosta
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Dixon Acosta es colaborador habitual del Sitio de ciencia-ficción