Especial Decimotercer Aniversario
Apocalíptico
Especial Decimotercer Aniversario
por Jorge Vilches

En un artículo que leí en diciembre de 2009, el escritor Mark Charan Newton decía una cosa que algunos sufren en silencio, que piensan en la intimidad de su biblioteca mientras hojean las páginas amarillentas de uno de sus más queridos libros de ciencia-ficción. Me refiero a que el género se muere o, si queremos una fórmula menos agresiva, se transforma para sobrevivir perdiendo parte de sus señas de identidad.

La literatura fantástica ha desplazado a la de ficción científica. Esto se ha producido no sólo porque la tecnología avanza que es una barbaridad y los documentales y las revistas de divulgación más o menos científica se dedican a especular, sino además porque el sentido de la maravilla, es decir, la palanca para soñar otros mundos y aventuras, la proporciona el género fantástico de forma más eficaz al lector de hoy.

La ciencia-ficción en la literatura languidece mientras que la cinematográfica y la de serie de TV vive buenos momentos. El entusiasmo generado por Battlestar Galáctica (2003-2008) y la expectación creada por Cáprica no tienen su parangón en la ciencia-ficción escrita de los mismos años. El motivo es que los medios de la cultura occidental han variado —un libro sale por 20 euros y 8 horas de lectura (haciendo la media contando un minuto por página) frente a una película que son 7 euros y 90 minutos—. A la ley del mínimo esfuerzo podemos sumar la casi perfección que se obtiene en las imágenes y a la promoción —véase la saturación publicitaria de AVATAR (James Cameron, 2009) — La elección es muy fácil para el aficionado joven (y poco acostumbrado a leer)

Estas maneras de vender y consumir el género marcan el contenido. Se produce un filme y se escribe un libro para ganar dinero, y para esto es necesario encajar con el lector o espectador. Es decir; la demanda de los lectores conforma las obras que se ponen a la venta, del mismo modo que los creadores y sus aparatos comerciales conforman los gustos de los aficionados. Por tanto, es inseparable el tipo de ciencia-ficción que triunfa, de la imagen que los medios crean y que la sociedad tiene del aficionado al género. Definido el tipo, obtenida la imagen.

¿Y cuál es la imagen del aficionado a la ciencia-ficción? Pasó el tiempo del matamarcianos propio de la space opera —el subgénero más popular hasta los años 60—. Atrás quedó el trekkie, ese simpático amante de Star Trek que repetía aquello de El espacio, la última frontera y separaba los cinco dedos haciendo una v. Incluso han quedado obsoletos el modelo BLADE RUNNER y el ciberpunk con su futurismo sucio, tan propio de la década de los ochenta. Más cercano está el seguidor de Star Wars, que vive una segunda infancia desde que a George Lucas le dio por resucitar la historia.

La ciencia-ficción de hoy, en su ánimo de conjugar con la demanda y la mentalidad cultural, al tiempo que quiere mantener su vitola de género de predicción o especulación futurista, se ha decantado por un tipo de distopía que podríamos llamar Apocalipsis natural. ¿En qué consiste?

La nueva religión laica del siglo XXI es el ecologismo, que ha inoculado sus eslóganes y objetivos en la mentalidad occidental. Es un dogma que nadie que quiera cierta proyección social o política se atreve a criticar. Son verdades incuestionables —no en vano Al Gore tituló su película UNA VERDAD INCÓMODA (2006); sí, ese mismo documental del que el gobierno español ordenó comprar 30.000 copias para su distribución en los colegios—.

Esta nueva religión hace referencia al futuro del Hombre y del Planeta interpretando el presente y el pasado. Ese ecologismo está basado en la antropología negativa; es decir, el Hombre es una plaga que todo lo contamina y destruye. Por tanto, hay que tener mala conciencia por pertenecer al género humano, y pedir perdón al Planeta por haberlo explotado y modificado desde la aparición del homo sapiens. Aparece así el culto a la Naturaleza y a sus derivados, de lo que participa el mundo literario de las dos últimas décadas, y cuyo resultado es el reinado de la literatura fantástica.

La ciencia-ficción no ha escapado al dogma ecológico, y como presunto género de predicción ha incidido en el fin del Hombre —que se lo merece según el dogma ecologista— derivado del cambio climático. Se combinan así dos elementos: el Hombre es malo y la debacle medioambiental se aproxima. El tema estrella, por ende, es el Apocalipsis natural; así, el aficionado a la ciencia-ficción aparece ante los medios como un augur del desastre, un visionario del fin, un apocalíptico.

En la literatura, Frank Schätzing con EL QUINTO DÍA (2005) por ejemplo, ha repetido con éxito de ventas las tópicas advertencias del ecologismo; al igual que Art Bell y Whitley Strieber y su THE COMING GLOBAL SUPERSTORM (1999) Pero ha sido en el cine donde se ha notado el dominio de este paradigma. En la película EL INCIDENTE. EL FIN DE LOS TIEMPOS (M. Night Syamalan, 2008) la clave es que el Hombre se ha portado tan mal con el Planeta, que la flora desarrolla un sistema defensivo que provoca el suicidio en el ser humano. Las muertes pasan por la película como algo justificado —la mala conciencia de ser un humano— sin que generen ánimo de venganza por los familiares o amigos asesinados. En el aburrido remake titulado ULTIMÁTUM A LA TIERRA (Scott Derrickson, 2009) una raza alienígena viene al Planeta a terminar con la plaga que lo asola: el Hombre. Y es que no aprendemos, porque en EL DÍA DE MAÑANA (Roland Emmerich, 2009) vuelve una era glacial por el calentamiento global que hemos provocado.

Luego han estrenado AVATAR (James Cameron, 2009) que une los dos hitos de esa nueva mentalidad: hombre blanco malo y la Naturaleza por encima de la Humanidad —como si fueran dos cosas enfrentadas—. Es una película que contiene un mensaje con conciencia ecologista, que dijo el periodista haciendo la publicidad buscada. Hasta Disney ha surcado por la ciencia-ficción haciendo gala del típico ecologismo apocalíptico con WALL-E. BATALLÓN DE LIMPIEZA (Andrew Stanton, 2008) Y el peculiar Tim Burton ha producido NÚMERO 9 (Shane Acker) sobre lo mismo. El Apocalipsis está tan de moda —sin mencionar SEÑALES DEL FUTURO (Alex Proyas, 2009) ni 2012: DOOMSDAY de Roland Emmerich — que es el tema descarado de otra de las películas más esperadas de 2010. Me refiero a LEGIÓN (Scott Stewart) donde Dios se cansa de la Humanidad y decide exterminarla. Más claro.

En el nuevo paradigma se ha pasado de analizar los problemas para el Hombre, a preocuparse casi en exclusiva por la Naturaleza y a señalar al Hombre como el problema. Una muestra es DISTRITO 9 (Neill Blomkamp, 2009) que es una especie de vuelta de tuerca de MARCIANO, VETE A CASA (1955) de Fredric Brown, y de EL DÍA QUE LLEGARON LOS MARCIANOS (1988) de Frederik Pohl.

El remate lo ha dado la gripe N1H1, que llevó a muchos a hacer conexiones estrafalarias, e incluso a asegurar que sería una pandemia que impondría un fascismo global. Occidente cayó en un alarmismo ingenuo que ha favorecido otro de los tópicos de la ciencia-ficción: la contaminación por virus y la eliminación de la Humanidad, y todo, claro, por culpa del Hombre. La alarma y la manipulación gubernamental han llegado a que una serie de TV como Los supervivientes (BBC, 2009) fuera eliminada de la parrilla de Cuatro por una indicación del poder. Quizá lo mejor de esa muerte masiva ficticia haya sido su consecuencia; esto es, el reverdecer del género zómbico, un tipo de relato simpático e ilógico, con títulos como GUERRA MUNDIAL Z (Max Brooks, 2008) ORGULLO Y PREJUICIO Y ZOMBIS (Seth Grahame-Smith, 2009) APOCALIPSIS Z (Manel Loureiro, 2008) y la recopilación de textos de Stephen King, Ellison, Silverberg, George R. R. Martin y otros titulado ZOMBIES (2009)

La conclusión es que los medios de comunicación y, por tanto, la sociedad, ven al aficionado a la ciencia-ficción, al seguidor del relato de predicción o especulación futura, como un apocalíptico, un tipo que aventura la autodestrucción del Hombre por su maldad y su maltrato a la Naturaleza. Pero es que el aficionado-tipo, el mayoritario, consume ese tipo de literatura y de cine. Ánimo; podría ser peor.

© Jorge Vilches
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Jorge Vilches mantiene el blog Imperio futura.