Especial Decimotercer Aniversario
Así nos ven
Especial Decimotercer Aniversario
por Antonio Quintana Carrandi

La ciencia-ficción ha sido siempre un género minoritario en España. Sin duda, son muchas las causas que han provocado esto, pero tengo para mí que una de las principales es la visión distorsionada que durante décadas han ofrecido de este género los medios de comunicación de nuestro país. En efecto; prensa, radio y televisión suelen mostrar un marcado desinterés, cuando no un casi absoluto desprecio, por la ciencia-ficción en general, y por la española en particular. Para el grueso de los medios, la ciencia-ficción no es más que un subgénero del Fantástico, y sus seguidores, un grupúsculo de fanáticos, que viven al margen de la realidad, sumergidos en un mundo ficticio. Esta errónea percepción del género y sus aficionados, plasmada tanto en la prensa escrita como en los programas radiofónicos y televisivos, ha hecho mucho daño a la ciencia-ficción, sobre todo a la española.

Tras largos años de recopilar artículos sobre nuestro género, publicados en periódicos y revistas de divulgación y cine, uno llega a la conclusión de que la animadversión periodística hacia la ciencia-ficción alcanza, en algunos casos, dimensiones patológicas. En televisión la cosa mejora algo, pero no demasiado. Si exceptuamos la programación de los canales temáticos, nos encontramos con que las producciones de ciencia-ficción son menos que la excepción en todas las cadenas. Visto lo anterior, no debe sorprender que la visión que de nosotros y nuestro género proyectan los medios no sea siempre la más favorable, ni, por supuesto, la más realista. Cuando de describir el mundo de los adictos a la ciencia-ficción se trata, los medios recurren cerrilmente a los tópicos más manidos y desfasados. Sólo en ocasiones muy concretas, cuando se trata de algún clásico indiscutible del cine o la literatura, universalmente reconocido, muestran algo de mesura, contención y verdadero espíritu crítico en sus apreciaciones. Pero la tónica general, sobre todo en España, sigue siendo la misma a la hora de hablar de la ciencia-ficción y los que la amamos: una calculada condescendencia que oculta, en la mayoría de los casos, una visión peyorativa del tema.

Hay excepciones, por supuesto. Algunos periodistas, más bien pocos por desgracia, demuestran con sus escritos, cuando la ocasión o los editores se lo permiten, que este género encierra mucho más que batallitas espaciales o utopías descabelladas. Pero, en general, a estas personas se les deja muy poco margen de maniobra, y sólo en momentos muy puntuales pueden permitirse el lujo de reivindicar la ciencia-ficción como ésta se merece. Y cuando algunos se atreven a hacerlo, suelen convertirse en blanco de las críticas más absurdas. Ahí tenemos el caso de José Luis Garci, gran aficionado al género de toda la vida, desde los tiempos de Diego Valor. Cuando proyectó BLADE RUNNER en ¡Qué grande es el cine! fueron muchos los que criticaron la inclusión de una peliculita de ciencia-ficción en un espacio dedicado al cine clásico, demostrando, por enésima vez, que la idiocia ibérica no conoce límites. Para los culturetas de toda la vida, de los que tenemos una extensa gama de subespecies en España, una cinta del espacio no puede ser un clásico del Séptimo Arte. Caso aparte es 2001, que viene a ser como El Quijote de la ciencia-ficción: una obra que todos ponderan, por aquello de no quedar como idiotas integrales ante el resto del mundo, pero que pocos conocen y muchos menos comprenden y aprecian en su justa valía.

En la pequeña pantalla la situación del género ha empeorado notablemente. La sociedad española ha padecido, merced al buen hacer de la deleznable clase política y de sus conspicuos colaboradores en las altas esferas de este medio, una acentuada involución cultural, a consecuencia de la cual el perfil del tele espectador medio ha quedado reducido al de un sujeto generalmente estulto, con escasa capacidad de raciocinio y poco sentido crítico, cuya ignorancia conviene mantener y acrecentar a base de formidables placebos catódicos, tales como los culebrones, los reallity show, las retransmisiones deportivas, los informativos desinformadores y los concursos estúpidos, en los que uno puede participar aunque tenga el electroencefalograma plano. En semejante panorama televisivo la ciencia-ficción no tiene cabida. Y mucho menos si se trata de ciencia-ficción de calidad, como, por ejemplo, Babylon 5 y Star Trek; series éstas en las que, convenientemente disfrazados de relatos fantásticos, se tratan en muchas ocasiones problemas candentes de la actualidad, tales como el terrorismo, las intrigas políticas, el belicismo, el deterioro del medio ambiente… Esta clase de ciencia-ficción incita a pensar por uno mismo, algo que sin duda está en abierta contradicción con el espíritu de la tv española actual, concebida más que nada como instrumento adormecedor de las conciencias. La imagen transgresora y, por lo general, políticamente incorrecta de los argumentos de muchas series de ciencia-ficción ha hecho que los responsables de las cadenas, todos ellos ligados, lo admitan o no, a determinados intereses políticos partidistas, vean en nuestro género un peligro potencial para los mensajes nada subliminales que pretenden inculcar a sus audiencias. De ahí que la ciencia-ficción represente menos de un 1% en sus programaciones, y a veces ni eso. Y de ahí, también, la visión negativa que suelen ofrecer del género en los escasísimos programas documentales en que éste sale a colación.

Si la percepción del género por los medios es negativa, resulta mucho peor en el caso de los aficionados. Hemos visto con demasiada frecuencia cómo se tildaba a los trekkies y a los fans de Star Wars, por citar dos ejemplos de los más representativos, de poco menos que descerebrados…, mientras se ponderaba hasta el éxtasis a los hinchas futboleros que, a buen seguro, están todos licenciados en Filosofía y Letras e Historia del Arte, y observan en todo momento un comportamiento de lo más civilizado …, aunque en numerosas ocasiones haya tenido que intervenir la Fuerza Pública al final de un encuentro, para hacer entrar en razón a los educados e inteligentísimos fans; cosa que, por cierto, jamás ha ocurrido en ninguna convención de ciencia-ficción.

Por todo lo anteriormente expuesto, tengo el convencimiento de que los medios presentan una visión quizás no del todo negativa, pero sí demasiado inexacta de lo que es, en su conjunto, la ciencia-ficción y el mundillo de sus seguidores. Hay excepciones, como he dicho; pero son tan escasas que pueden contarse con los dedos de una mano. De todas formas, gracias al más revolucionario de los medios de comunicación, Internet, los aficionados a la ciencia-ficción formamos hoy una inmensa comunidad global, independizada de la tiranía de los medios clásicos, que crece y evoluciona exponencialmente. Gracias a la Red, ningún aficionado al género, en sus múltiples e interesantes variantes, volverá a sentirse solo como nos ocurrió a los que ya casi peinamos canas.

© Antonio Quintana Carrandi
(1.133 palabras)
Antonio Quintana Carrandi es colaborador habitual del Sitio de ciencia-ficción