Especial Decimotercer Aniversario
Un punto de vista histórico
Especial Decimotercer Aniversario
por Enric Quílez Castro

¿Cómo ven los medios de comunicación al mundillo de la fantasía y la ciencia-ficción? Esta es una pregunta más compleja de lo que parece en principio. Una primera impresión sería decir que nos consideran una pandilla de friquis irredentos, disfrazados de borg de Star Trek o de soldados de asalto de Star Wars, dispuestos a dejarnos hasta el último céntimo en la última novedad de merchandising de nuestra serie de culto favorita, hombres mal afeitados, panzudos y sin novia conocida.

Pero esto no deja de ser un tópico. Es cierto que el arquetipo que acabo de describir existe y no es precisamente el minoritario, pero el fandom de la ciencia-ficción y de la fantasía es más heterogéneo de lo que en principio pudiera parecer.

En primer lugar, tenemos a aquellos que, por su trabajo o aficiones de carácter científico-técnico, ya viven en un mundo que tiende hacia la ciencia-ficción. Me refiero a ingenieros, matemáticos, físicos, cierto sector de informáticos, etc. Su descripción canónica cuadraría perfectamente con los personajes de The Big Bang Theory, aunque tal vez sin llevarlos al extremo.

Éstos consumen ciencia-ficción, como un músico podría consumir óperas o un alpinista, montañas. Se encuentra en sus coordenadas culturales. Desde luego que un físico puede interesarse por muchas otras cosas aparte de la física, pero estamos hablando de un cierto patrón mayoritario.

En segundo lugar, están los jóvenes. Éstos consumen preferentemente fantasía de un cierto tipo. Algunos la llamarían escapista, aunque el escapismo se encuentra por todas partes hoy día, en el mundo superficial y carente de valores sólidos en que vivimos. También ellos pueden acabar convertidos en friquis y, muchas veces, se produce una transición gradual entre los del segundo tipo hacia los del primero.

En tercer lugar, un segmento poco estudiado del fandom: las mujeres. Interesadas en novelas más sólidas, no suelen caer tanto en el friquismo. Ahora pecaría de machista si dijese que su interés se centra en space opera con protagonistas femeninos o con tramas sentimentaloides, pero tampoco podemos dejar de observar que algo de eso hay. Si no, no se explica el auge de este tipo de literatura dentro del género en los últimos años, coincidiendo con la incorporación del segmento femenino al mundillo.

Parte de este sector femenino suele ser, además, feminista y no es de extrañar el éxito de muchas escritoras, como Sheri S. Tepper, C. J. Cherryh o Elizabeth Moon. Pero algunas son todo lo contrario y se acercarían más a valores conservadores, escritoras como Connie Willis, mucho más sentimentalistas y con una mayor atención a los diálogos y a los personajes.

Finalmente, está un sector del público adulto, que proviene de alguno de los segmentos anteriores y que ahora se encuentra en la franja adulta, con un buen poder adquisitivo y que puede permitirse el lujo de comprar libros, DVD, ir al cine o incluso escaparse a una convención de ciencia-ficción. Este sector suele ser menos friqui, pues supongo que la edad atempera los impulsos juveniles, pero en cambio, puede ser capaz de invertir mucho más dinero que un joven en sus caprichos.

Así pues, ¿cuál es la imagen que transmiten los media del fandom? Bueno, una cosa es lo que es el fandom en sí mismo y otra muy diferente lo que nos venden desde los media. Ellos buscan la noticia y repetir esquemas que funcionan. Si decir que los juegos de rol producen asesinos en serie suscita el morbo y produce grandes titulares, entonces ésa será la visión que transmitirán del rol. Y así sucesivamente.

Tal vez la única excepción sea el cine. El cine de fantasía y de ciencia-ficción se basa últimamente en grandes superproducciones muy caras, que lo mismo pueden ser un negocio redondo, que cosechar un estrepitoso fracaso. El marketing lo es todo. Así, a los grandes estudios les interesa vender la imagen que corresponde exactamente al producto.

En algunos casos, coincide con el friqui adolescente e hiperhormonado, capaz de hacer cola días enteros, pasándose la noche en vela para conseguir una entrada para el preestreno de su película favorita. Otras, en cambio, se busca más un público familiar, que atraiga tanto a niños como a adultos. Depende del tipo de película, los estudios venderán una imagen u otra.

El primero, invertirá fuertes sumas en merchandasing. El segundo, también, aunque posiblemente en objetos destinados más al regalo, que no al consumo personal.

Pero lo que está claro es que la imagen del joven disfrazado de jedi combatiendo con sables láser antes de un estreno o la joven con orejas puntiagudas y traje ajustado disfrazada de vulcana, seguirán siendo los clichés habituales del mundillo visto desde el prisma interesado de los medios de comunicación.

Éstos no disponen de otro cliché que vender. Si de golpe, los medios de comunicación empezasen a tratar la literatura de ciencia-ficción como algo serio o las convenciones de friquis como un fenómeno social interesante y recomendable, la gente se extrañaría. Estas cosas se ven como fuera de la normalidad, lo cual no deja de ser gracioso, teniendo en cuenta que la mayor parte de la gente encuentra normalísima la misma conducta aplicada al fútbol o a su teleserie favorita.

El friquismo es algo mucho más extendido que el mundo de la ciencia-ficción. Existe en muchos tipos de cine, en la música —desde la ópera hasta el rock duro—, en el automovilismo, en el fútbol, en el básquet o, incluso en algunos países, en la religión o en la política.

Sin embargo, esos fenómenos suelen tener mejor prensa que el mundo fantástico, al menos en España. ¿Por qué? Podríamos exponer unos cuantos tópicos: que si es la cuna del realismo, que si despreciamos la tecnociencia, que si la fantasía está mal vista... Desde luego, todo eso tiene su parte de razón, pero para mí no deja de ser un fenómeno histórico fosilizado el hecho de que los media nos traten con un cierto desprecio. Tal vez si las circunstancias hubiesen sido otras, la ciencia-ficción tendría más buena prensa. Chi lo sa.

© Enric Quílez Castro
(1.008 palabras)
Enric Quilez Castro mantiene el blog El mundo de Yarhel.