Complejidad creciente
por Enric Quílez Castro

En alguna ocasión se ha querido ver una cierta relación entre el mundo de los videojuegos y la literatura fantástica. La verdad es que, a poco que lo analicemos, tienen muchas cosas en común.

Tal vez una de ellas sea que en ambos dominios se ha producido un incremento notable de la complejidad. Este fenómeno también puede extenderse a otras formas de expresión, como las series de televisión.

Centrémonos en estos tres campos. Es evidente que un videojuego de los años 80, como un Pacman o un simple Matamarcianos tenía una simplicidad rayana en lo infantil. De la misma manera, los primeros relatos de ciencia-ficción, por ejemplo, tenían unas tramas bastante simplonas, con personajes de cartón piedra.

En lo que concierne a la televisión, si nos centramos en las series de ciencia-ficción, es evidente que las de los años 60 y 70 eran bastante sencillas. Baste comparar la trama de la serie original de Galáctica con el actual remake: están a años-luz y nunca mejor dicho.

Juegos, relatos, novelas y series han aumentado su complejidad. Los personajes han adquirido profundidad, así como las relaciones entre ellos son mucho más profundas. Enemigos irreconciliables acaban aliándose y peleándose nuevamente. Un ejemplo magnífico de esto es Star Trek: Espacio Profundo 9, que no tiene nada que ver con las otras series de la franquicia.

En él, los personajes aparecen y desaparecen, evolucionan, se interrelacionan, cambian varias veces, muestran facetas nunca antes vistas. Los imperios, las alianzas y los enemigos cambian y vuelven a cambiar. Todo ello con varias tramas desarrollándose al mismo tiempo.

En las novelas de ciencia-ficción, desde Heinlein, el lector es colocado en el centro de la acción sin grandes explicaciones iniciales. El lector debe deducir qué sucede a partir de los indicios aportados por el autor.

Además, en las obras de autores como David Brin o Vernor Vinge, pueden aparecer muchísimos personajes, cada cual con su trama y todas ellas danzando las unas con las otras, entrelazándose. La complejidad es enorme.

Si nos releemos un clásico como Fundación, podemos disfrutarla mucho, pero no dejaremos de notar que es una novela simple en comparación con las tramas a que nos tienen acostumbrados los escritores contemporáneos.

Es esta complejidad creciente una de las características más notables del género fantástico en sus diversas modalidades. Y es que lejos de degenerar, la gente también se puede acostumbrar a lo bueno y pedir más.

El mundo externo o entorno de los relatos, series y películas, que podemos llamar umwelt estaría formado por una serie de soportes y extensiones del mundo interno, que podríamos llamar núcleo o ker. La mayor complejidad del ker habría comportado que fuese atractiva la presencia de un umwelt significativo.

La ciencia-ficción fue pionera en esto del umwelt. Básicamente, se llama fandom, que desarrolló revistas, reuniones periódicas (cones o convenciones) en las que los aficionados a una determinada temática se reunían para hablar de sus personajes y series favoritas, se disfrazaban, se interrelacionaban y se lo pasaban bien. Y si el presupuesto lo permitía, hasta invitaban a sus ídolos a dichos eventos.

Con el advenimiento de Internet, el umwelt crece exponencialmente: aparecen webs temáticas, foros temáticos, mundos virtuales, en los que se discute hasta la saciedad sobre la maldad del profesor Snape (Harry Potter) las posibles conclusiones de la Canción de Hielo y Fuego o sobre cuándo saldrá la próxima película de Star Trek y quién será el actor que interpretará a Spock.

Este umwelt no es privativo de la ciencia-ficción. Buena parte de las series, películas y novelas más exitosas lo tienen, si bien fue en la ciencia-ficción y en la fantasía en donde primero aparecieron.

Así pues, existe un universo exterior que retroalimenta al universo creativo, que lo sostiene y que, en algunos casos, lo hace crecer. Sin el apoyo de los fans, hace décadas que habría desaparecido Star Trek. Sin la influencia de los juegos de rol, tal vez Tolkien sería poco conocido y no se habrían filmado las tres películas que lo catapultaron al nivel de mito de masas.

Cada vez más, el ker depende más de cómo se desarrolle su correspondiente umwelt y de la potencia que éste tenga. Un signo más de los tiempos que nos muestra que la complejidad del mundo fantástico es cada vez mayor.

© Enric Quílez Castro
(718 palabras)
Publicado originalmente en El mundo de Yarhel el 01 de septiembre de 2009