Pocas voces en el desierto
por Francisco José Súñer Iglesias

Este año, por segundo consecutivo, el Premi de Narrativa de ciència-ficció, Manuel de Pedrolo, ciutat de Mataró, ha sido declarado desierto sin más explicaciones que las de un brevísimo decreto municipal al que, por lo demás, apenas se le ha dado publicidad. Si ya bastante difícil lo tiene la ciencia-ficción en español para conseguir una repercusión adecuada en los medios, peor lo tiene desarrollar literariamente el género en idiomas con una extensión muy inferior. Si además, los pocos vehículos que tienen para ello se disimulan discretamente el problema es aún mayor.

Todo da la impresión de ser una combinación de indiferencia y desacierto.

Es mal común en los ayuntamientos de toda España su absoluto desinterés por la cultura, y ya no hablemos de la ciencia-ficción como parte, aunque mínima, de ella. Usan la cultura como excusa para contratar espectáculos y darle circo al pueblo, pero es infrecuente que exista una continuidad más allá de las programaciones de agencia, y tampoco es habitual encontrar un modelo cultural consistente y planificado.

Los esfuerzos de quienes si ponen en ello todo su empeño no parecen verse compensados y esto acaba en desenlaces desconcertantes. En el caso del Manuel de Pedrolo, la convocatoria ya empezó publicitándose mal y con plazos poco realistas. No es de recibo que un concurso literario se convoque a primeros de abril y se disponga escasamente mes y medio de plazo para presentar los trabajos. No se puede pretender que los autores tengan una cartera suficiente de trabajos preparados y los presenten a la menor oportunidad. La salida de los trabajos en catalán está mucho más limitada que en español, y por ello muchos autores catalanes prefieren escribir su fondo en español. Incluso así, el recurso de la traducción apresurada tampoco es deseable si se pretende presentar un texto pulido. Con esas condiciones, es lógico que no haya trabajos suficientes ni de una calidad adecuada.

En la red se han podido leer teorías sobre la posibilidad de que las carencias presupuestarias, endémicas en todos los ayuntamientos, hayan tenido que ver con el triste desenlace de esta edición. Particularmente no creo que esto sea así. Las partidas presupuestarias ya aprobadas no tienen ningún problema para ejecutarse (aunque sea tarde y mal) y a un ayuntamiento del calibre de Mataró endeudarse por 4500 euros más o menos no le supone un descalabro irrecuperable.

El asunto del Manuel de Pedrolo es una buena muestra de que la independencia de los concursos literarios es fundamental para la credibilidad de estos. Ya bastante mal parado está saliendo el prestigio del Minotauro con sus últimos resultados. El UPC y el Alberto Magno, como concursos promovidos desde el ámbito universitario mantienen intacto ese crédito, aunque en el caso del segundo, de lo puro difícil que resulta averiguar quien es el ganador, da la impresión de que la UPV lo entrega de forma rutinaria y desganada. El Domingo Santos, auspiciado por la AEFCFT, ya ha dejado de ser un concurso exclusivo de ciencia-ficción y no está libre de polémicas.

El resto de los concursos de creación se mantienen gracias a los voluntariosos esfuerzos de sus promotores privados, pero dejando gloriosos cadáveres por el camino, como el Pablo Rido, pero ese, el de la iniciativa privada, es el camino a seguir si se quiere mantener una referencia sólida y convincente. Depender de terceros, ya sean empresas o instituciones, es depender de sus querencias e intereses, lo que objetivamente no es bueno.

© Francisco José Súñer Iglesias
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