La ciencia-ficción de la ciencia-ficción
por Rafael Ontivero

¿Cómo podemos distinguir que un relato o un libro realmente es de ciencia-ficción? Muchas veces no por la calificación del editor, ni de la crítica, máxime cuando ahora se están publicando libros que forman parte del género pero que no se conceptúan como tales. Y justo al revés, escritos que se llaman de ciencia-ficción no lo son en absoluto.

Pero antes de justificar esa afirmación, tenemos que definir qué es ciencia-ficción. Ya sé que con cada autor, con cada experto, nace una nueva definición de lo que forma parte del género, pero creo que todos vais a estar de acuerdo en la mía, que encima coincide con la de muchos, aunque luego, a la hora de publicar o de escribir, no la cumplan.

Quien me conozca sabrá que para mí lo que no sea ciencia-ficción dura no es ciencia-ficción, incluso estoy por decir que el space opera no lo es en absoluto, no al menos el de «y Johnny sacó su pistola de rayos y con una sola ráfaga desintegró a los dos seres reptilianos que le bloqueaban el paso.» Ya me entendéis. Luego volveremos a esto.

¿Qué es, pues, un relato de ciencia-ficción? Desde el punto de vista que quiero dar, un relato de ciencia-ficción es aquel en el que la ciencia-ficción está inmersa dentro de él de tal modo que si quitamos sus componentes la narración pierde todo sentido. Ahí queda eso. No está mal esto de definir una cosa poniendo la misma cosa en la definición, pero es exactamente lo que quiero decir.

¿Entonces? Matemos dos pájaros de un tiro y demostremos, de paso, la afirmación del primer párrafo de este escrito, y para ello vamos a revisar unos cuantos relatos del número de julio de 2009 de la revista Asimov.

SHOES-TO-RUN cuenta la típica historia de una chica que quiere ser chico. Estamos en una sociedad cazadora-recolectora que vive en las afueras de una ciudad llamada Parisi, rodeada por una cúpula. De hecho, la niña quiere ser del género masculino para poder salir a cazar y no tener que dedicarse a las cosas de la casa, dado que en este tipo de sociedades es lo habitual, al menos según la idea del autor. Sin embargo, el jefe de cazadores le da una oportunidad, la niña sale y caza su primer antílope en su primera salida, algo que ningún chico ha hecho jamás.

Aquí la supuesta ciencia-ficción está en que los cazadores están genéticamente manipulados para resistir la contaminación ambiental, que se encuentran en las afueras de un París futuro y encupulado. ¿Qué pasa si quitamos esos hechos? Realmente nada, el relato sigue teniendo validez plena, esté ambientado bajo los soles de Alpha Centauri como en el África precolonial o en el siglo XXIII. Incluso como vía para mantener la topicidad, hasta se produce un encuentro entre los parisinos y el cazador jefe en el que los primeros pretenden una superioridad sobre el segundo que realmente es justo al revés. Si no fuera por la belleza poética de la obra, hasta carecería de calidad literaria por lo manido del argumento.

CAMP NOWHWERE nos sitúa en un campamento terapéutico en el que unos supuestos seres chupan las emociones destiladas por la gente que va a curar sus problemas personales. Sin embargo, el relato cuenta cómo una adolescente huye de sus padres porque descubre que los problemas de pareja que tienen se deben a su nacimiento.

¿Dónde está la ciencia-ficción en estos dos cuentos? ¿En los vampiros psíquicos? ¿En el París encerrado en una cúpula? Desde mi punto de vista en ningún lado, no forma parte integral del argumento ni se le acerca. Ambas historias son perfectamente válidas sin el componente de ciencia-ficción, de hecho, en mi opinión, serían mucho más válidas sin él. Leed los relatos y lo veréis.

Sin embargo, en THE LAST APLOSTLE no podemos quitar el componente, ya que la historia está íntimamente relacionada con la ciencia-ficción y la ucronía. Si quitamos de la superficie lunar al abuelete que piensa en su pasado mientras pasea y lo ponemos en una calle de Nueva York, el cuento pierde todo su encanto y su motivo de ser. Si queréis saber por qué, leedlo.

En SLEEPLESS IN THE HOUSE OF YE asistimos al sacrificio de dos de los ET por el bien de la comunidad, pero de nuevo sin el ambiente exótico y sin los depredadores, también ET, el cuento pierde su sentido.

Y no digamos en SINBAD THE SAND SAILOR, un retruécano a John Carter de Barsoom, o en EARTH II, en donde asistimos por un lado a un viaje iniciático y al descubrimiento del mundo en el que los protagonistas están viviendo, y por otro a una bella aventura ambientada en un planeta exótico.

Desde este punto de vista, entonces, el space opera como el que hemos descrito más arriba no es ciencia-ficción, ya que si cambiamos la pistola de rayos por un colt y los dos lagartos por dos pistoleros, estaremos en plena novela del oeste. Sin embargo, sí que hay space opera que es ciencia-ficción, y si no, leed a Hamilton.

Dando un paso más allá, tampoco es ciencia-ficción un relato gótico, ni de fantasía o de espada y brujería, ya que estos géneros sí están plenamente definidos, así que, por favor, editores, cuando publiquéis algo de ciencia-ficción en una revista o libro de ciencia-ficción, que sea ciencia-ficción de verdad.

© Rafael Ontivero
(917 palabras)