A veces leo revistas
por Rafael Ontivero

A veces leo revistas. En inglés. Bueno, a veces no, una vez al mes, o casi, porque de momento llevo un retraso de casi un año, que pienso recuperar —y no perder— este verano.

La revista en concreto se llama Analog Science Fiction and Fact, y es heredera directa del Astounding original publicada por primera vez en 1930. El motivo por el que empecé a leerla tiene mucho que ver con mi aprendizaje del inglés, o más bien su perfeccionamiento ya que, como todo informático de pro, hay que saber lo suficiente para al menos poder leer los manuales y la información técnica.

Pero a mí eso de entender inglés macarrónico no me llenaba, como tampoco me llenaba tener que esperar varios años a que tradujeran una novela, y eso si lo hacían, porque ya sabemos que la ciencia-ficción en el idioma de Cervantes abunda por la falta de traducciones, y más aún de calidad en las mismas.

Un día descubrí, gracias a Fictionwise, que el Analog estaba disponible en edición electrónica, y en formato Mobipocket, que es en el que yo leía en mi ya jubilada PDA (para aquellos que les interese, una Dell AXIM x51v con pantalla VGA y batería Mugen de capacidad extra)

Miel sobre hojuelas entonces, ya que leerla combinaba todos mis requisitos para leer en inglés: relatos cortos para no atascarme, variedad en el lenguaje y el vocabulario al ser muchos autores diferentes, y ciencia-ficción. Y encima barato, menos de cuatro dólares USA. Así que ni corto ni perezoso, compré un número. Y lo leí. Y luego otro, y otro más. Entonces me suscribí por un año. Y cuando ese año terminó, lo hice por dos más.

Ahora estoy enganchado, no puedo dejarlo. No por el género. No por los cuentos y los argumentos, todos ellos muy cercanos a la ciencia-ficción dura. En el Analog no vas a encontrar gente que sueña y se despierta en otro universo, ni un científico loco que encoge a los niños, los mete por una rendija, y descubre un mundo microscópico gobernado por un rey maléfico al que hay que destruir, no.

Con esto no quiero decir que no haya relatos orientados hacia la ciencia-ficción más blanda, que los hay, sino que, en general, no tendrás que suspender el sentido crítico ni el de la realidad, o al menos no mucho. Te pongo un ejemplo. En el número de julio-agosto del 2008 aparece una novela corta que tiene por argumento la vuelta de un hombre de Marte porque la empresa para la que trabajaba ha quebrado y ha sido la NASA la que, con un gran coste económico, lo ha traído de vuelta, a él y a sus compañeros, pero el relato está centrado en un tono intimista y rememorativo mientras le están haciendo una entrevista.

También hay algo de humor, poemas —no muchos, gracias a Dios—, y relatos completamente epatantes por lo salvajemente original de los argumentos. O preocupantes, como el del chico que es tiroteado por exigir la libertad de salir al exterior en una especie de otra vuelta de tuerca en relación a la supresión de las libertades civiles que algunas democracias están empezando a practicar como excusa del control terrorista.

Otra cosa que nos vamos a encontrar son artículos situados a caballo entre la ciencia de vanguardia y la ciencia-ficción. Los autores, tras contarnos los últimos avances de esto o de aquello, extrapolan o simplemente varían sobre un mismo tema, y muchas veces nos enlazan con relatos ya escritos en la revista, libros o cualquier otra fuente relacionada con la ciencia-ficción, aunque hay que reconocer que en mi opinión a veces desvarían demasiado, no siendo, tampoco, un problema mayor en una publicación de este tipo.

Lo menos destacable es el editorial, en que Stanley se va muchas veces por los cerros de Úbeda y no atina mucho con ciertas fijaciones monotemáticas que tiene, aunque otras veces lo borda.

Y, por supuesto, no podrían faltar las secciones dedicadas a los comentarios de libros recién salidos o por salir, las cartas de los lectores y los eventos que se van a producir en USA.

Una curiosidad sobre la publicación es que lleva varios meses de adelanto. Por ejemplo, a últimos de junio ya estaba disponible el número de septiembre. Teniendo en cuenta que sólo se publican 10 números (los de enero y julio son dobles) a veces resulta chocante estar leyéndote el número de diciembre en agosto.

Pese a todo, muchos números cuentan con una calidad más que variable, aunque siempre podremos encontrar una joya oculta. De hecho, la lectura de este tipo de relatos me ha cogido tan fuerte que también he empezado a comprarme el Asimov online pese a ser bastante menos hard. Y ahora que tengo un Kindle, la lectura de libros en inglés se ha convertido en algo habitual, pero esa es otra historia.

© Rafael Ontivero
(946 palabras) Créditos