Ruinas modernas
por Miguel Esquirol

Me encuentro en este blog una imagen escalofriante. Decenas de casas en lo que un día fue un vergel suburbial de Arizona, están hoy en día abandonadas por sus habitantes en manos de los bancos que las requisaban como pago de deudas impagables. Desde hace poco tiempo, estas casas han comenzado su canto de sirenas. Las alarmas de seguridad que no han sido desactivadas por los dueños y que no pueden hacerlo por los bomberos ya que no cuentan con un permiso legal para entrar a las residencias, han empezado a a ser activadas por el viento, la tierra, animales curiosos y en fin, la decadencia de una casa vacía. Así, el desierto que un día fue poblado con esperanzas inmobiliarias ahora cantan cantos de alarmas hasta que las baterías se agoten y la paz vuelva a reinar. Los pocos vecinos que quedan, propietarios auténticos de sus hogares o aquellos que han logrado mantenerse a flote en el naufragio económico tienen que aguantar el sonido de mil sirenas que presagian la llegada del futuro.

También se ha empezado a llenar Internet de fotografías de fábricas abandonadas, gigantescos espacios industriales un día rebosantes de vida, y ahora llenándose poco a poco de polvo. Allí vemos filas y filas de elegantes trajes aun en sus colgadores, por allá esqueletos de automóviles que nunca se completarán. Grandes candados cierran las puertas pero alguien ya tiró la llave, y los fotógrafos tienen que entrar por ventanas y saltar muros para hacerse una idea de cómo han dejado el mundo detrás de si los hombres.

Otra escena que han llegado hasta nuestras pantallas han sido las de un gigantesco almacén de una tienda virtual de libros, que al no poder seguir pagando el alquiler de tanto espacio de almacenaje y le resultó más barato abrir las puertas a aquellos que desearan sacarles los libros de encima que intentar venderlos o encontrarles otro espacio para que continúen durmiendo el sueño de los justos. Libros desparramados en el suelo en una gigantesca alfombra literaria esperaba a la los curiosos, a los buitres, a los lectores afortunados. En otras civilizaciones en otros horrores, los libros eran quemados por ser peligrosos, en esta son regalados como artefactos inútiles.

Me imagino cómo sería el paisaje de un planeta en el que los humanos han dejado realizar su rápida retirada.

Recuerdo ese pequeño libro que se llama CRÓNICAS MARCIANAS. Cuando los hombres llegan encuentran ruinas de ciudades extraterrestres, delicadas y hermosas. Poéticas construcciones que se derrumban entre nubes de polvo cuando suena un ruido muy fuerte. 27 años después los que dejan ruinas detrás suyas son los seres humanos. Ciudades inhabitadas, carreteras conectando ciudades en toda la superficie de Marte. Casas automáticas que siguen viviendo, respirando, funcionando cuando después de meses que su último habitante se ha marchado.

Igual que en Marte hay urbanizaciones enteras en regiones como Arizona con gigantescas casas que no tienen la hermosa estética de las marcianas, sino la aburrida y vulgar de la arquitectura de los suburbios americanos. Casas abandonadas que los bancos son propietarios cantando con sus ruidos electrónicos. En otras regiones son fábricas abandonadas como un animal muerto en el desierto con las entrañas expuestas al aire las que se van llenando de polvo y esperando que el tiempo pase.

¿Quiénes serán los nuevos habitantes que un día llegaran a estas regiones e intentarán entender cómo fue las vidas de los que habitaron en esas gigantescas mansiones, con piscinas en el medio del desierto, con una uniformidad absurda calle tras calle? Y se preguntarán... cuál fue la tragedia que los hizo huir, dejando todo eso atrás. Las ruinas de los tiempos modernos.

© Miguel Esquirol
(608 palabras)
Publicado originalmente en El forastero el 17 de junio de 2009
CC nc 3.0