La luna de ladrillo
por Omar Vega

Buscando en Internet, me encontré con una joya olvidada de la literatura de especulación científica, pero recordada nada menos que por la NASA. En ella se da una curiosa solución al cálculo del problema de la longitud y de paso se predicen los satélites, el GPS, las cubiertas de cerámica de las naves espaciales, el estudio de la tierra desde el espacio y las estaciones espaciales.

En 1869 el norteamericano Edward Everett Hale (1822-1909) publicó en el periódico Atlantic Monthly una serie de ciencia-ficción llamada Luna de Ladrillo. Escrita sólo cinco años después de la novela de Julio Verne, DE LA TIERRA A LA LUNA, la serie de Hale se mofa de los cañonazos de Verne en un párrafo, al decir que prefería usar métodos menos violentos para lanzar el satélite. En definitiva, éste será lanzado por una catapulta gigantesca que acumula la energía mecánica de varios molinos hidráulicos.

La solución de Hale al problema de la longitud fue simple: lanzar una luna artificial en órbita polar, de tal forma que los navegantes pudieran medir el ángulo entre el navío y la trayectoria del satélite usando un simple sextante. Un barco en alta mar podría saber su longitud simplemente observando la altura a que se desplaza el satélite en su viaje entre los polos.

Para que el satélite fuera útil debía ser visible desde tierra a simple vista, o con lentes de poco aumento. Por eso se hace de un tamaño considerable: 61 metros de diámetro. Y ya que la esfera era acelerada por una catapulta de una sola vez a la velocidad de escape de 40.000 kilómetros por hora, el roce con el aire la quemaría si estuviera echa de cualquier material, excepto cerámica. Por eso Hale elige usar ladrillos en su luna artificial. Ahora bien, semejante estructura sería muy pesada, pero a la vez debía ser resistente al lanzamiento, de ahí que se la diseña hueca, con una estructura de esferas concéntricas en su interior que le dan rigidez.

Después de años de esfuerzos, venciendo tremendas dificultades de capital y de ingeniería, el grupo de constructores se encuentra listo para enviar la luna al espacio. Sin embargo ésta es lanzada por accidente antes de lo planeado, llevando en su interior a una treintena de hombres, mujeres y niños. Asumida perdida, pasa un año antes que sea detectada orbitando la Tierra. Entonces se descubre que sus tripulantes aun están vivos, gracias a que la esfera capturó oxígeno al cruzar la atmósfera y a que llevaban plantas. Desde ese momento, los habitantes del satélite y la tierra se comunican a través de mensajes ópticos. La gente del satélite informa a los terrícolas sobre las características del polo y otras singularidades geográficas tal como lo hacen los satélites actuales. Además, los terrícolas les envían encomiendas, del mismo modo como las naves de transporte lo hacen hoy.

Es curioso que un hombre del siglo XIX tuviera una visión tan certera de la tecnología espacial moderna. ¿Quién dijo que el futuro no estaba escrito?

© Omar Vega
(504 palabras)
Publicado originalmente en Argo Navis el 28 de junio de 2008